jueves, 4 de febrero de 2016

Desde mi más profundo desprecio / Ramón Cotarelo *


Parece que, por fin, se van ustedes. Usted, aferrado a la poltrona como una garrapata, resistiéndose con todas sus fuerzas y dispuesto a que el país se hunda antes que abandonar su puesto en La Moncloa, en el que no ha hecho usted más que daño a la inmensa mayoría de los españoles. Mentiroso, altivo, autoritario y servil con los de arriba, presunto corrupto y amparador de corruptos y ladrones, falso, inculto, vulgar y pretencioso, realmente es usted una vergüenza para cualquier país civilizado. Y la banda de ladrones a la que llama usted partido, cortada a su imagen y semejanza. O al revés, tanto da.

No han dejado ustedes un euro público sin metérselo en el bolsillo; han robado en prácticamente todos los cargos públicos que han ejercido. No hay más que ver Valencia. Han malversado, despilfarrado o simplemente trincado en todas las actividades de la administración pública, en las adjudicaciones, licitaciones, contratas, concesiones y subvenciones. Se han apropiado dineros públicos de todas partes, desde las instituciones más solemnes a los colegios de niños y los programas de solidaridad internacional, desde las dotaciones de infraestructuras hasta las contratas de suministros a los hospitales. No es que carezcan ustedes del mínimo sentido de la ley moral kantiana; es que son ustedes una banda de granujas.

Constituyó usted desde el pincipio un gobierno de analfabetos, imbéciles, psicópatas, corruptos, meapilas, cínicos sin escrúpulos, ultrarreaccionarios, aprovechados e inútiles, todos, claro está, muy atentos a lo que pudieran afanar y cómo podían amargar la vida a la gente despojándola de todo. Han provocado ustedes una involución democrática única, según sus cánones neofranquistas. Han reprimido los derechos y libertades, suprimido la democracia en los espacios públicos. Han esclavizado a los trabajadores, empobrecido a la gente y obligádola a emigrar,  aumentado la cantidad de parados sin prestación, robado a los pensionistas, privado de ayudas a los dependientes y esquilmado el erario

Han corrompido el Estado de abajo arriba, han llenado la administración de funcionarios venales, parientes, enchufados, deudos, allegados o simples pelotas; han destruido la objetividad de los medios de comunicación públicos, empleados sistemáticamente como aparatos de agit/prop, de ese fascismo "amable" y sonriente que los caracteriza y que llaman ustedes "liberalismo"; tienen periodistas-provocadores directamente a sueldo de las grandes empresas como El Corte Inglés (y a saber cuántas más), engañando a toda la ciudadanía, verdaderos esbirros como la colección de sinvergüenzas que según parece han cobrado sobresueldos o han estafado en Valencia, Galicia, Madrid, etc.

Y han destruido ustedes el país por su infinita codicia, mezclada con su incompetencia e irreductible estupidez. Los catalanes se van y hacen bien porque nadie con un ápice de dignidad puede soportar estar gobernado por un hatajo de sinvergüenzas, corruptos y ladrones.

Un desastre que durará muchos, muchos años y el principal responsable es usted, el de los sobresueldos. Váyanse ya rodeados todos del oprobio, el ludibrio y el desprecio de sus conciudadanos. Pasen antes por caja, devuelvan lo afanado y preséntense al juez.
Con estos mimbres, pocos cestos
Al aceptar el encargo de formar gobierno, Sánchez ha desbaratado la táctica del sobresueldos de bloquear la situación hasta que la investidura le cayera como fruta madura. El designado se puso a trabajar de inmediato y las primeras reacciones ya permiten atisbar qué sucederá finalmente con este hipotético gobierno de la izquierda:

Del PP solo cabe esperar un "no" cerrado a Sánchez pues su interés es que haya elecciones nuevas. De los independentistas catalanes otro "no" cerrado en virtud de otra estrategia, consistente en que no haya gobierno en España para que el suyo en Cataluña tenga las manos más libres, estrategia qu veremos en el post siguiente. En IU, encantados con la idea, se sacan la espina de los desprecios de Podemos. Coalición Canaria también se apunta y el PNV ve con buenos ojos un posible acuerdo para apoyar a Sánchez. Hasta los de C's, asustados por unas elecciones nuevas, dan a entender que negociarían una posible abstención.

La reacción más virulenta viene de Podemos y no solo por el rebote de Iglesias, cuyo narcisismo soporta mal que no lo llamen a él y que no sea la "centralidad política", sino porque están atrapados en sus propios problemas, que tratan de presentar como problemas ajenos. Ayer salieron todos en todas las televisiones y radios que controlan afirmando que Sánchez solo tiene tres posibilidades: a) un gobierno de Gran Coalición con el PP; b) un gobierno de progreso con Podemos e IU (y, por supuesto, bajo las condiciones leoninas impuestas por ellos); c) nuevas elecciones. De C's no quieren ni oír hablar.

Enfrentar a tu interlocutor con una dilema (o trilema), si cuela, es una vieja estratagema de toda polémica o combate para llevar al otro a tu territorio. Tan vieja que ya no funciona para lo que se pretende, que es otra cosa.

No es Sánchez ni el PSOE quienes están ante un dilema (o trilema) sino Podemos, entre: a) seguir en la política del sorpasso y tratar de aniquilar al PSOE, como le pide su referente anguitiano y su alma neocomunista, lo cual conduciría a nuevas elecciones; y b) gobierno de coalición en unas condiciones no impuestas por el diktat de Iglesias, sino surgidas de un acuerdo con un PSOE dirigiendo. Hace un par de semanas, la opción a) llevaba las de ganar porque pensaban los morados que unas nuevas elecciones los pondrían, por fin, en la cabeza hegemónica gramsciano-laclauana. Pero, desde que se ha decubierto el pastel de la fragmentación interna de la organización, eso ya no está tan claro y mucho menos si, finalmente , tienen que ir a unas elecciones con el sambenito de haber sido ellos quienes las han provocado. Eso será el fin de la partida.

Porque no es el PSOE el que tiene que elegir. Es Podemos.
Los catalanes, a lo suyo: desconexión
Ayer, mientras Junts pel Sí y la CUP presentaban tres proposiciones de ley en el Parlament para iniciar el camino a la desconexión de España o sea, la independencia, el juez de la Audiencia Nacional mandaba, al parecer, orden a los alguaciles para que investiguen si diversas asociaciones civiles independentistas pudieran estar incursas en los delitos de rebelión y sedición con una intención fácil de imaginar. Empieza el baile.

Para que haya rebelión, el código penal exige que se recurra a la violencia y, para que haya sedición que se recurra a la fuerza. Es decir, los alguaciles pueden volverse por donde vinieron porque ninguna de las entidades ha recurrido jamás a la una ni a la otra. Son asociaciones compuestas por gentes muy pacíficas. Así que, nada de nada. Aunque es un signo de por donde vienen los vientos porque el juez actúa a instancias de la fiscalía y la fiscalía tiene que haber recibido las órdenes pertinentes del gobierno de empezar ya a incordiar. 

A su vez, el Parlament debatirá las tres proposiciones de ley de desconexión: Hacienda, régimen jurídico de la administración y seguridad social catalanas. Es una propuesta de Constitución catalana in nuce. Cuando los tecnócratas franquistas (el catalán López Rodó y sus secuaces del Opus) pusieron en marcha la Ley de Régimen Jurídico de la Administración del Estado y la Ley de Procedimiento administrativo, allá por 1957 y 1958, proclamaron que, en realidad, se trataba de una Constitución para un verdadero Estado de derecho administrativo. López Rodó había aprendido esta pintoresca doctrina del portugués también catedrático de derecho administrativo, Marcelo Caetano, luego presidente de la República.

Obviamente, no es el caso de Cataluña hoy por entero; pero sí en parte ya que los catalanes, de momento, no pueden dotarse de una Constitución. La Ley de Régimen Jurídico cumple esa función transitoria y no se expone a impugnación al no llamarse -ni, en el fondo, ser- Constitución.

Pero lo más inteligente, a mi entender de este primer paso legal en busca de la desconexión es que se presenten como proposiciones y no como proyectos de ley, es decir, emanados del propio parlamento y no del gobierno de la Generalitat. Es una sobreabundancia de precaución: siempre será más difícil para el gobierno español impugnar un acto del Parlament que del gobierno.

Y, políticamente, bien claro está: los catalanes siguen con su hoja de ruta o, como dicen ellos, per feina mientras que los españoles aún no saben si tendrán o no gobierno porque están discutiendo sobre el precio del desayuno en la cafetería del Congreso.

(*) Catedrático emérito de Ciencia Política en la UNED

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