ALICANTE.- Alfonso Cid está de retirada. Física e institucional. El que es
considerado por muchos como el «peor comisario» que ha pasado por la
Policía de Alicante debido a las controversias que ha provocado en la plantilla se jubila el próximo mes de febrero pero lejos de prodigarse ha optado por pasar desapercibido. El comisario apenas se deja ver, a juicio de El Mundo.
Cid empezó a esconderse en el verano, justo después de la crisis sin precedentes que abrió con la Policía Local al acusar al Cuerpo municipal de «extralimitarse» en sus funciones ante un caso de violación.
Los
ataques que vertió en un informe provocaron una enérgica respuesta de
los agentes municipales y un serio aviso en el que entraba la amenaza de
una ruptura total, con todo lo que eso conllevaba. Las cosas fueron
solucionándose pero lo cierto es que desde entonces, su presencia en
actos institucionales es contada y su representación como máxima
autoridad policial en la ciudad, residual.
El comisario ya no
acude a las reuniones periódicas para tratar asuntos de seguridad con la
misma intensidad que antes, y en su lugar envía a su segundo de abordo,
tal como revelan las fuentes consultadas por este periódico. Este
retrato, en principio, no cuadra con Cid.
Si bien es cierto que
en la Comisaría los agentes apenas le ven -no se prodiga por los
pasillos ni en el día a día de la plantilla, sino que prefiere la
tranquilidad de su despacho- también lo es que en actos institucionales
era un habitual.
Su presencia era fija en cualquier acto.
Todo lo contrario a lo que sucede ahora. En dos meses, Alfonso Cid dirá
adiós al Cuerpo y dejará de dirigir la Comisaría de Alicante. Su paso
ha sido muy convulso.
Tras ponerse en contra a la práctica
totalidad de la plantilla, conseguir la difícil tarea de unir a los
sindicatos para que pidieran su cese y provocar que algunos políticos lo
hayan vetado públicamente por su gestión, el jefe de la Policía
Nacional de Alicante camina hacia su retiro con sigilo.
Sin grandes
fastos, haciendo suya la máxima de pasar de puntillas por sus últimos
meses en el cargo. Su actitud choca con el ruido mediático que ha
provocado su particular manera de entender la Policía.
A
día de hoy es un hombre señalado tanto fuera como dentro de la Policía.
El comisario, en realidad, ha sido así siempre. Cuando estaba en
Benidorm tuvo un encontronazo tan brutal con la plantilla que la
Dirección General tuvo que sacarlo de allí.
Recaló en Guadalajara, cuyo
paso tampoco fue todo lo plácido que él hubiera querido. Sin embargo, se
vivió de puertas para adentro. En 2016 aterrizó en Alicante y desde
entonces los problemas no han cesado.
Tres años
han sido suficientes para que Alfonso Cid se haya convertido en el
comisario más conflictivo de cuantos han pasado por la ciudad. Suya es
la responsabilidad de haber puesto a la Comisaría en una situación
límite cuyo día a día mantiene a los agentes en un descontento
permanente y palpable.
Policías castigados, ignorados y otros relegados a
los servicios más tediosos simplemente por no compartir su manera de
dirigir el Cuerpo, tal como denuncian desde la Policía, es la
composición actual.
Las tempestades que ha sembrado desde su llegada han impactado en prácticamente todos los grupos de la Comisaría Provincial por su inflexible unilateralidad. No estar en su cuerda supone para muchos caminar hacia el destierro. Lo saben los agentes de la Policía Judicial.
De hecho, Alfonso Cid descafeinó este segmento del Cuerpo, lo que le
valió no pocas críticas. Recorrió justo el camino contrario al que
estaba marcado y que tenía como fin perseguir la corrupción que nace
desde las instituciones públicas. No quiso consolidar este modelo y en
lugar de reforzar la lucha contra la corrupción, la mermó quitando
agentes. De esta manera, les condenó a transitar por investigaciones
complejas sin apenas recursos. Dejó en 15 una brigada de 30.
La Comisaría
recortó los coches patrulla durante las noches, los
fines de semana y los festivos. Únicamente, insisten los sindicatos, hay
dos para una ciudad como Alicante. De hecho, un informe daba cuenta de
este zarpazo a la seguridad ciudadana: en él se ponía de manifiesto que
la falta de patrullas en las calles se había traducido en más agresiones
sexuales, robos en viviendas y un aumento del tráfico de drogas.
Esta
carencia ha hecho que la Policía Local se haya tenido que hacer cargo de
las primeras diligencias en casos tan graves como, por ejemplo, un
homicidio.

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