ALICANTE.- El obispo de la Diócesis
Orihuela-Alicante, Jesús Murgui, ha oficiado este jueves la ceremonia de
bendición de Alicante en una misa celebrada a puerta cerrada en el
Monasterio de Santa Faz, presidida por la imagen de la reliquia, en el
día en el que debería haberse celebrado la tradicional romería desde la
Concatedral de San Nicolás hasta el caserío.
La
ceremonia se ha desarrollado desde las 9:30 horas y se ha retransmitido
a través de las televisiones de ámbito local, sin presencia de público,
en cumplimiento de las medidas preventivas frente a la propagación del
coronavirus. En el acto han participado una delegación institucional
compuesta por solo 13 personas. Al término de la ceremonia, a las 12:00
horas del mediodía, se ha producido el volteo general de campanas desde
toda la ciudad, mientras miles de alicantinos han salido a sus balcones
para conmemorar el momento.
El concejal síndico del Ayuntamiento de Alicante, Manuel Villar,
ha afirmado al término de la misa que "la bendición de la Santa Faz a
la ciudad de Alicante desde la plaza del monasterio ha reconfortado a
quienes esperaban que este acto se pudiera celebrar desde el macho del
castillo de Santa Bárbara. No ha podido ser desde el castillo y lo
lamentamos, pero hemos podido entrar a través de los medios de
comunicación en las casas de los alicantinos para reconfortarlos en
estos momentos tan difíciles".
Villar
ha sido el encargado de portar las dos llaves, que posee el
Ayuntamiento, y que junto con las otras dos, custodiadas por las
Monjitas de la Sangre, han permitido abrir la hornacina donde se guarda
la Santa Faz, siguiendo el protocolo establecido. En ese acto, posterior
a la Eucaristía, han estado presentes también el secretario del
Ayuntamiento de Alicante, Gonzalo Canet, el canónigo
custodio, el rector, y el Caballero Custodio. Antes de abandonar el
Monasterio, el concejal síndico ha entregado un donativo en nombre del
Ayuntamiento, como ya viene siendo costumbre, a las monjas de clausura.
El
obispo de Orihuela-Alicante, Jesús Murgui, ha presidido la eucaristía,
que ha sido cantada por las Monjitas de la Sangre, y retransmitida por
televisión. En la homilía, ha resumido la tradición hacia la Santa Faz y
al glosar tres de los elementos que "relatan una historia de amor a la
Santa Faz, la sequía, la lágrima y la Verónica".
Así,
ha tenido palabras de elogio hacia el personal sanitario en conjunto
"por su esforzada y sacrificada tarea en estos meses de pandemia" y ha
expresado su "profundo dolor" por aquellas personas que "han muerto en
soledad y sin ninguna oración que les reconfortara". Por último, ha
finalizado señalando que "son éstos, tiempos recios para creyentes. Que
tenemos que superar con sabiduría y compromiso, recuperando la fe en
Dios y teniendo más amor y bondad que nunca. La Santa Faz será la
transmisora de todos esos valores".
Después
de las bendiciones hacia los cuatro puntos cardinales de la ciudad y
comarca, desde la puerta del templo en la Plaza de Luis Foglietti, la
Reliquia de la Santa Faz ha vuelto a entrar en el templo.
La ha hecho en
silencio como homenaje póstumo a las personas fallecidas a consecuencia
del coronavirus. Poco antes del mediodía, cuando han volteado las
campanas del monasterio, la Santa Faz ha regresado a su hornacina
siguiendo el mismo protocolo que para su extracción.
La pandemia se suma a las súplicas a la Santa Faz
La lucha contra el
coronavirus (Covid-19) se ha sumado hoy a las súplicas que desde el
siglo XV los alicantinos han trasladado a la venerada reliquia de la
Santa Faz, especialmente durante desastres como sequías, plagas o
epidemias. Como cada segundo jueves después del Domingo de Resurrección,
Alicante ha celebrado el día de la Santa Faz, según la tradición
Cristiana uno de los pliegues con que la Verónica secó el rostro de
Jesús en su camino al monte Calvario y cuya reliquia se venera desde
hace 531 años (1489) en el monasterio del mismo nombre, a 8 kilómetros
del centro de la ciudad.
Ha
sido de puertas hacia dentro por la suspensión de todos los actos que
normalmente son multitudinarios, y ha sido a causa de un nuevo “desastre
universal” como es la pandemia del coronavirus, en palabras del obispo,
Jesús Murgui, quien ha lanzado el mensaje de que, “entre todos”, “vamos
a salir de ésta”.
Suspendida
esta romería que es la segunda más concurrida de España tras el Rocío
porque habitualmente la recorren a pie más de 200.000 alicantinos, los
actos se han limitado a una misa a puerta cerrada y a una bendición
pública en la plaza aledaña, sin fieles aunque transmitida por
televisión.
En
la bendición, el párroco de Santa Faz, José Luis Casanova, ha subrayado
que la reliquia ha sido objeto de súplica durante “sequías, plagas y
epidemias” y ha explicado que hoy se pide “una vez más la bendición”
para “poner fin y el cese de una situación dolorosa” por el altísimo
número de víctimas.
El
sacerdote también ha rogado con intensidad a la Santa Faz para que
“ilumine para afrontar juntos los efectos económicos y sociales” de la
pandemia cuando llegue el día después. A la bendición a las puertas del
viejo caserón que ahora ocupan las Agustinas solo se ha ‘colado’ una
fiel, Dolores de 77 años y que fue 37 años conserje del monasterio.
Ha
explicado a los periodistas que se ha presentado porque creía que don
José Luis (el cura) la había citado, y sin darse cuenta ha sorteado un
fuerte dispositivo policial desde su casa, en la cercana calle Verónica.
Ha sido una ceremonia de 15 minutos en la que el obispo ha recordado a
aquellos que han perdido la vida por el virus, a sus allegados y también
“a los que ayudan a los enfermos, a los ancianos y en cualquier
servicio, y a los que hacen labores para la sociedad”.
Antes
se ha celebrado una misa con solo doce personas además del obispo, del
párroco y de las Agustinas, que han cantado: el deán del cabildo (Ramón
Egío), los curas de Sant Joan d’Alacant y Mutxamel, el canónigo
custodio, el síndico (el concejal Manuel Villar), el caballero custodio
(Salvador Laci) y el secretario del ayuntamiento (Gonzalo Canet), además
de dos operarios de TV, un fotógrafo y dos miembros del gabinete de
prensa y protocolo municipal.
En
una jornada atípica por la ausencia de fieles y con la anécdota de que
ha saltado brevemente la alarma a la salida de la reliquia del camarín,
el fuerte dispositivo de seguridad de las policías Nacional y local ha
disuadido a los alicantinos de acercarse al monasterio.
El
obispo ha agradecido a las autoridades civiles que a última hora hayan
permitido la restringida bendición desde la plaza y ha deseado que, por
segunda vez en la historia (solo se suspendió entre 1937 y 1941),
“aunque la reliquia no ha entrado a la ciudad, sí en las casas”, a
través de los medios de comunicación.

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