domingo, 28 de abril de 2019

¿Fracasa el Nuevo Orden Mundial? / Guillermo Herrera *

Me han pedido que busque información actualizada sobre el proceso de Reinicio Financiero Mundial y sobre el desarrollo del nuevo Sistema Financiero Cuántico QFS, y no he podido negarme porque este periodista tiene un fuerte instinto de servicio a la comunidad, a pesar de que es muy difícil conseguir información actualizada sobre estos temas, porque todo se está desarrollando con el máximo secreto para no alarmar a los mercados financieros, y además circula mucha desinformación sobre el tema e incluso información descaradamente falsa para desviar a descarriados. 

Pero voy a tratar de estar a la altura de las circunstancias en la medida de mis posibilidades.

El llamado “Nuevo Orden Mundial” afirmaba la existencia de un plan diseñado con el fin de imponer un gobierno único, colectivista, burocrático y controlado por sectores elitistas y plutocráticos a nivel mundial. La expresión se ha usado para referirse a un nuevo periodo de la historia caracterizado por cambios dramáticos en las ideologías políticas y en el equilibrio de poderes a nivel mundial.

NUEVO MODELO
Pero a tenor de todo lo que hemos estudiado se puede afirmar que afortunadamente ha fracasado estrepitosamente el viejo modelo illuminati del nuevo orden mundial opresivo de George Bush padre e hijo, gracias a las Fuerzas de la Luz, y lo que viene ahora es un nuevo modelo de sistema financiero más justo y equitativo, que es todo lo contrario de lo que querían imponernos.

La expresión “Nuevo Orden Económico Internacional” fue acuñada en la VI Asamblea Especial de las Naciones Unidas, en el año 1974, y hacía referencia a las peticiones que presentaban los países subdesarrollados a los desarrollados, sobre las reglas de funcionamiento de la economía internacional. Este término implicaba la existencia de una determinada estructura u orden económico injusto que ha perpetuado la posición de pobreza de los países subdesarrollados.

Comienzo con una definición muy breve del nuevo modelo económico.- El sistema QFS cubrirá la nueva red mundial para la transferencia de oro o dinero respaldado por activos, iniciada por China y Rusia, para sustituir al sistema ‘Swift’ controlado por Estados Unidos. El propósito del nuevo sistema financiero es poner fin a la corrupción, usura y manipulación de la camarilla oscura dentro del mundo bancario.

CUATRO PUNTOS
La primera fuente de información es tan poco fiable como Benjamin Fulford, del que sólo he resumido estos cuatro puntos básicos:
  • Todas las armas nucleares registradas en el arsenal están deshabilitadas
  • Se está desmontando la OTAN, porque ya no existe una “amenaza rusa”
  • El Brexit se utiliza para eliminar a Londres como capital financiera del mundo
  • Existe la posibilidad de que el reinicio financiero comience en el Foro de Davos
Entre las muchas páginas web que hablan de estos temas en inglés, y que no puedo reseñar para no violar la nueva ley europea de Internet, yo me quedo con los informes actualizados titulados “Llamada Final al Despertar” o “The Final Wake Up Call” porque tiene los mejores artículos.

VUELTA DE LA TORTILLA
De los muchos publicados, el que más me ha llamado la atención es el de Rinus Verhagen titulado “El Gran Plan ha dado un giro totalmente diferente”. A su juicio, la élite tenía un plan que resultó completamente diferente a lo que ellos habían trabajado. Es decir, que se les estropeó el invento.

A través de la intervención de fuerzas positivas de la Alianza de la Tierra contra la camarilla oscura, su infame plan se ha invertido totalmente para acabar con su poder y con su sistema de deuda esclava, o dicho en otras palabras, les ha salido el tiro por la culata.

El golpe silencioso cometido el 23 de diciembre de 1913 por banqueros privados, al fundar la Agencia de la Reserva Federal o FED, fue un contrato de 99 años que expiró en 2012, por lo que ya no podían imprimir dinero de ninguna parte.

Toda esta estructura de poder se mantiene viva por el monopolio de la creación de dinero y el comercio de certificados de nacimiento, en que todos los gobiernos y bancos de todo el mundo están involucrados en esta gran estafa.

PRECEDENTES HISTÓRICOS
El presidente John F. Kennedy quería reintroducir la creación de dinero bajo su propia legislación y fue asesinado por ese propósito. Como sabemos, no se detuvo con este asesinato, sino que ha seguido a la familia Kennedy durante generaciones como una maldición bíblica.

John F. Kennedy y el presidente de Indonesia, Sukarno, acordaron introducir el nuevo sistema de dinero, independiente de Rothschild y de los banqueros JP Morgan, por lo que se introduciría el dinero con oro que respaldaba el valor de sus acciones de oro conjuntas.

El Presidente Sukarno fue destiltuido por los propietarios de la FED y reemplazado por Suharto el 2 de octubre de 1965 mediante un golpe de estado de la CIA. En la primavera de 1966, Sukarno tuvo que entregar el poder al General Suharto, y en 1967 perdió formalmente todo el poder.

Debido a que Indonesia era una antigua colonia de los Países Bajos, cuando las tropas holandesas se retiraron de Indonesia, varios barcos de guerra de los Países Bajos se hundieron, con un cargamento de oro robado. En 2015, la familia real holandesa visitó Indonesia durante una gira por varios países asiáticos, con la intención de recuperar los barcos holandeses hundidos y reclamar el contenido de oro, pero no encontraron los barcos, porque se habían recuperado y el oro volvió a su propietario legítimo.

Todo el oro del grupo de islas de Indonesia había tenido que funcionar como garantía para dar una nueva cobertura al oro del sistema monetario actual, después de que el contrato de la FED expiró el 22 de diciembre de 2012.

El nieto de Sukarno, llamado Sino, logró este oro hasta que se nombró a otro gerente, Neil Keenan, un hombre de negocios que casi había sido destruido por la camarilla oscura, pero que ahora ha fortalecido la esperanza de un sistema monetario justo, incluido el oro de Indonesia.

GOLPE DE ESTADO
Posteriormente, la élite de la camarilla oscura, junto con un comité de trescientos industriales, elaboró un plan para sustituir el sistema monetario actual con otro sistema respaldado por oro, pero estos planes fueron secuestrados positivamente por la Alianza de la Tierra.

En 2016, Donald Trump se convirtió en Presidente de los Estados Unidos, después de que el Ejército se enfrentara con la elección de dar un golpe de Estado o de pedirle al patriota independiente Donald J. Trump que se uniera a la Presidencia. Al final se optó por la segunda alternativa.

El arresto de más de setenta mil miembros de la camarilla oscura es un requisito previo para la transición. Es por eso que los tribunales militares que comenzaron en Guantánamo, a partir del 2 de enero de 2019, son una de las condiciones que deben cumplirse. Queda claro que casi todos los gobiernos occidentales caerán en esta transición.

GARANTÍA DE PUENTE
En esta fase de transición a un nuevo sistema monetario, la Reserva Federal ha recibido una garantía de puente con el fin de garantizar una transición sin problemas. Para los Países Bajos esto se divide en seis bancos, con un monto total de más de seis veces la deuda nacional de Estados Unidos. 

Éste fue el plan original para proporcionarle al nuevo orden mundial dinero suficiente, por lo que la población podría seguir siendo utilizada como mano de obra esclava. Sin embargo este oro se distribuirá próximamente en 209 países de todo el mundo gracias al triunfo de facción positiva.

A través de una Unión Europea corrupta, no electa, el nuevo orden mundial todavía está tratando de seguir adelante con su fraude climático. Por lo tanto, es lógico que la camarilla oscura sea apartada completamente de su posición dominante, para poder iniciar la revalorización de las monedas y el anuncio del acuerdo mundial de Gesara.

AFRICA
Pero el oro de Indonesia, es sólo el fondo más pequeño. Los recursos minerales de África son un múltiplo de esto, por lo que ahora también quedará claro por qué la UE quiere comprometerse con África.

Es por ello que la Alianza de los Estados Unidos, Rusia, África, China y los países del BRICS, por lo tanto, han construido una nueva infraestructura financiera con el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras.

Alberga todo el valor del mundo entero, la riqueza robada de la población mundial, y todos los recursos del mundo en oro, diamantes, minerales y certificados de nacimiento de toda la población mundial. Esto representaría una cantidad de un uno con 58 ceros que será administrada Spor el Sistema Financiero cuántico QFS en lugar de por los banqueros corruptos de la Reserva Federal. 

NUEVA VIDA
Gesara es el instrumento para comenzar una nueva vida, porque expirará el actual estado de derecho represivo e ilegal, y no habrá más paciencia con el cártel político.
  • El control y el poder regresan a la población.
  • Se detendrá el envenenamiento deliberado de la población mundial, por lo que los ‘Chemtrails’ o estelas químicas serán pronto cosa del pasado.
  • Se desclasificarán los inventos suprimidos, para prosperar como humanidad en felicidad y paz.
  • Se prohibirán los alimentos transgénicos, viviremos en armonía con la naturaleza; el aire y el agua volverán a estar limpios.
  • Desaparecerá la manipulación del clima y la emisión de ondas del HAARP, de modo que el hogar de agua de la tierra volverá a tener su curso natural. No se abortarán más las lluvias de modo artificial.
  • Los desiertos se convertirán en oasis con un clima agradable para vivir, todos los migrantes tienen su propio paraíso en la tierra y pueden regresar a su propio país para hacer realidad su sueño, con la ayuda de toda la comunidad mundial.
  • Todo esto con respeto mutuo, por lo que veremos que la religión fue una herramienta para dividirnos y enfrentarnos mutuamente.
  • Cada cultura experimentará su propia forma de transición, en la que se garantizará la paz, y se romperá el adoctrinamiento anterior, con todas las revelaciones que se avecinan.
  • Todos hemos sufrido mucho bajo el antiguo sistema, pero el deseo de paz nos guiará hacia el futuro en paz y felicidad. Sólo podemos sanarnos a través del perdón y de la solidaridad.
  • Aún no ha terminado la batalla, pero se encuentra en la dirección correcta para iniciar la revalorización de las monedas y el acuerdo mundial de Gesara.



     (*) Periodista

jueves, 25 de abril de 2019

Un niño alicantino con leucemia se cura con nueva terapia genética

BARCELONA.- Un niño de 6 años de Alicante, Álvaro, que padecía una leucemia linfoblástica aguda de tipo B y que no respondía al tratamiento convencional se ha curado y ha podido volver a su vida normal gracias a una nueva terapia genética, denominada CAR-T 19, que ha sufragado el Sistema Nacional de Salud.

Este niño ha sido tratado en el Hospital Sant Joan de Déu (HSJD), de Esplugues de Llobregat (Barcelona), uno de los tres únicos centros pediátricos acreditados en España para ofrecer el tratamiento CAR-T, junto con el Hospital de la Vall d'Hebron, también en Barcelona, y el Hospital Niño Jesús, de Madrid.
Álvaro ya ha podido volver a su casa y este mismo jueves los médicos de Sant Joan de Déu le han dado permiso para hacer "una vida normal plena y disfrutar de la vida", ha explicado este jueves con mucha emoción su madre, Marina.
La madre de Álvaro, junto con los doctores Miquel Pons, director médico del Hospital barcelonés, y Susana Rives, la hematóloga que ha seguido el caso, han dado a conocer en rueda de prensa los detalles de la aplicación del tratamiento CAR-T 19 en el pequeño.
Álvaro fue diagnosticado de leucemia linfoblástica aguda cuando era muy pequeño y, después de recibir el tratamiento habitual y ser sometido a un trasplante de médula en Alicante, recayó de su enfermedad y fue derivado a Sant Joan de Déu, donde se le aplicó el CAR-T 19 en otoño del año pasado.
Tras sufrir algunas complicaciones, de las que tuvo que ser tratado en la UCI, Álvaro ya ha podido volver a su casa, a compartir su día a día con su hermano pequeño y el resto de su familia.
El CAR-T 19 es una terapia que ayuda al sistema inmunitario del paciente para que pueda reconocer, atacar y destruir las células cancerosas de una manera dirigida.
Consiste en extraer sangre del paciente mediante aféresis, una técnica que permite separar los componentes de la sangre, para obtener linfocitos T, un tipo de células del sistema inmunitario.
Los linfocitos T extraídos al paciente son modificados en el laboratorio mediante técnicas de ingeniería genética para que expresen en su superficie el receptor CAR-T, que es capaz de reconocer el antígeno tumoral CD19, y destruir las células cancerígenas.
Una vez modificados genéticamente, en un proceso que puede durar de dos a cuatro semanas, los linfocitos son transferidos de nuevo al paciente, que puede hacer vida normal al cabo de unos tres meses.
El caso de Álvaro presentado hoy es el primero que financia el Sistema Nacional de Salud para un paciente pediátrico y ha costado unos 320.000 euros, ha indicado el doctor Pons, que ha añadido que el HSJC ya tenía experiencia en aplicar la citada terapia desde el año 2016.
De hecho, Sant Joan de Déu fue el único hospital español que participó en el ensayo clínico que la multinacional Novartis hizo a nivel mundial con el CAR-T 19, con 16 pacientes pediátricos.
De estos 16 enfermos, la respuesta al tratamiento fue positiva en un 80 % de los casos, y el 62 % de ellos continúa sin rastro de la enfermedad a los dos años del estudio, ha precisado la doctora Rives.
No obstante, en algunos casos, un 30 % aproximadamente, se producen complicaciones por toxicidad en algunos órganos y también de tipo neurológico, que han llevado a parte de estos pacientes a la Unidad de Cuidados Intensivos, ha indicado.
Por otra parte, este centro, junto con el Hospital Clínic de Barcelona, ha creado una plataforma conjunta para la realización de un ensayo del denominado CAR-T Ari, con diez pacientes que padecen otros tipos de cáncer.
Sant Joan de Déu tiene, además, otros dos ensayos abiertos con esta técnica CAR-T, uno para conseguir un CAR-T universal, con el que se pudiese transfundir las células no propias del paciente y ya listas, y un CAR-T de primera línea de ataque al cáncer.

Cinco países abandonan el dólar / Guillermo Herrera *

Cinco países, China, India, Turquía, Irán y Rusia, están abandonando el dólar parcialmente, poco a poco, como divisa de comercio internacional, y como herramienta financiera universal, debido a que la política de sanciones de Estados Unidos socavó la confianza en el dólar en el mercado mundial.

En las operaciones internacionales y en muchos mercados, el dólar sigue siendo la moneda líder, debido a que los precios del petróleo, el trigo, el cobre y otros bienes se establecen en moneda estadounidense.

Además, los países con economías en desarrollo no pueden renunciar a los préstamos en dólares, ni a las reservas de divisas, porque a menudo tienen que pagar las importaciones con esta moneda, ya que las suyas no son aceptadas.

Pero los países pobres no quieren exponerse al riesgo constante asociado con las fluctuaciones de esta moneda. Además, la política de sanciones internacionales de Estados Unidos obliga a muchos a reconsiderar el sistema y a buscar otras soluciones.

NUEVAS SANCIONES
Por ejemplo, Washington prohíbe comerciar con Irán en dólares; por eso Teherán cambió al euro y realiza transacciones con Rusia, China y otros países en monedas nacionales. Pekín y Moscú también están desdolarizando el comercio bilateral.

Washington priva al dólar de su posición dominante en el mercado mundial porque lo usa como un arma financiera de destrucción masiva. Y lo hace no sólo en las guerras comerciales o monetarias, sino también para provocar hiperinflación, el retiro masivo de dinero de los bancos y la inestabilidad interna en aquellos países donde quiere cambiar el “statu quo” porque Washington puede derrocar a cualquier gobierno incluso sin pegar un tiro.

Si India, Italia, Grecia, Japón, Corea del Sur, Turquía, China y Taiwán continúan comprando petróleo a Irán, EE.UU. activará nuevas sanciones contra ellos. Los precios del petróleo subieron el lunes a su nivel más alto en casi seis meses, pero bajaron ayer miércoles, después que la Casa Blanca anunciara el fin de las exenciones que permitían a ocho países comprar crudo iraní a pesar de las sanciones de Washington contra Teherán. En Londres, el barril de Brent subió el lunes un 2,88 %, para llegar a más de 74 dólares.

CINCO CASOS
En el caso de China, la actual guerra comercial, que se desencadenó entre EE.UU. y China, y las sanciones, que fueron impuestas a los principales socios comerciales de Pekín, empujaron al país asiático a dar pasos para reducir su dependencia del dólar. Las autoridades chinas exigen a EE.UU. que abandone las sanciones petroleras contra Irán, ya que tales medidas desestabilizan el mercado mundial.

En el caso de India, la sexta economía más grande del mundo, a raíz de las sanciones que fueron impuestas a Moscú, Nueva Delhi decidió pagar en rublos por los sistemas de defensa aérea rusos S-400. El país también pasó a emplear la rupia para comprar el crudo iraní después de que Washington restableciera las sanciones que previamente habían sido impuestas a Teherán. También llegó a un acuerdo con los Emiratos Árabes Unidos para impulsar el comercio y las inversiones en sus propias monedas.

En el caso de Turquía, las relaciones entre Ankara y Washington se han deteriorado desde la fallida intentona golpista que tuvo lugar en 2016. La economía turca empezó a hundirse después de que Washington introdujera sanciones para responder al arresto del pastor estadounidense Andrew Brunson en Turquía.

Además la decisión de este miembro de la OTAN de comprar los sistemas rusos S-400 echaron más leña al fuego. En 2018 el presidente Erdogan anunció sus planes de acabar con el monopolio del dólar estadounidense en el comercio con sus socios.

En el caso de Irán, poco después de su victoria, el Presidente Trump retiró a EE.UU. del acuerdo nuclear que fue firmado con Irán en el 2015. Desde entonces el país persa volvió a ser el blanco de severas sanciones de Washington, que también amenazó con castigar a cualquier país que viole estas medidas.

Las sanciones obligaron a Teherán a buscar nuevas alternativas al dólar para cobrar sus exportaciones de petróleo. Por ello cerró un acuerdo con la India basado en rupias, y negoció la firma de un acuerdo de trueque y uso del dinar irakí.

Por su parte Rusia ya ha dado varios pasos para desdolarizar su economía debido al creciente peso de las sanciones que EE.UU. sigue introduciendo desde 2014. En particular, Rusia desarrolló un sistema nacional de pago, que es una alternativa al SWIFT, Visa y MasterCard, después de que EEUU amenazara con aplicar sanciones más duras que afectarían al sector financiero ruso.

EUROPA
También Bruselas quiere contrarrestar el monopolio del dólar, en el campo del comercio de materias primas y recursos energéticos. Los europeos quieren consolidar el euro como moneda mundial y pagar las importaciones solo con su divisa, con el fin de fortalecer la independencia económica de la eurozona.

Una parte de las transacciones para la compra del petróleo todavía se realiza en dólares. La Comisión Europea quiere cambiarlo, y responder de esta manera a las sanciones estadounidenses contra Irán. Nunca tuvo sentido que Europa pagara sus importaciones en dólares, lo que siempre fue una concesión a Estados Unidos. Ahora que el Presidente Trump, ha roto el acuerdo nuclear con Irán, la concesión ha perdido su vigencia.

LIBIA
Mientras tanto las fuerzas del mariscal Haftar anuncian en Libia la segunda fase de la batalla por Trípoli con el uso de fuerzas de Infantería, lo que contribuye a seguir desestabilizando al alza el precio del petróleo.

La Casa Blanca afirmó el pasado viernes que el presidente Trump, mantuvo una llamada telefónica con el mariscal Haftar en la que discutieron una visión compartida de la transición de Libia hacia un sistema político estable y democrático, lo que demuestra su apoyo a esta facción, junto con Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.

Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud hace un llamado al cese temporal de las hostilidades, afirmando que la crisis en el país africano se ha cobrado la vida de al menos 264 personas y ha dejado al menos 1.266 heridos desde que comenzó la ofensiva semanas atrás. Como siempre, los platos rotos los paga la población civil inocente.



 (*) Periodista

miércoles, 17 de abril de 2019

David Jiménez: “El gran fracaso de la prensa fue convertirse en parte del sistema que debía vigilar”


MADRID.- En su primer encuentro con un David Jiménez recién nombrado director de El Mundo, el entonces ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, le hizo una pregunta y le lanzó un aviso. Aquella fue “¿podemos contar con vosotros?”, mientras este alertaba de que España se enfrentaba a enemigos peligrosos. El político cerró el diálogo con una sentencia: “No son tiempos para la neutralidad”. 

Era 2015 y faltaban pocos meses para las elecciones generales del 20 de diciembre. El Partido Popular quería amarrar la victoria y revalidar a su candidato, Mariano Rajoy, como inquilino de La Moncloa, pero los continuos escándalos por casos de corrupción y los sondeos favorables a Podemos eran obstáculos serios. Había que combatir la indecisión del electorado mandando un mensaje claro. “La Razón y ABC no nos preocupan. 
Ya sabemos que están con nosotros y dirán que todo lo hacemos estupendamente. Pero vosotros podéis decidir las elecciones, ahí están los indecisos, en El Mundo”, aseguró el ministro al director del diario. La alusión a la no neutralidad de estos tiempos es algo que Jiménez volvió a escuchar en boca de otros ministros en varias ocasiones.
El párrafo anterior es uno de los pasajes más reveladores que se pueden leer en El director, el libro en el que Jiménez airea cuestiones escabrosas relativas al triángulo de amor bizarro entre prensa, poder y capital que marcaron su año al frente de El Mundo
La publicación no podría haber encontrado mejor momento, ya que la declaración de Pablo Iglesias en la Audiencia Nacional el 29 de marzo como perjudicado en el caso Tándem, la causa contra el comisario José Manuel Villarejo, por el robo del teléfono móvil de una persona de su equipo ha insuflado nuevos bríos al conocimiento de la existencia de una trama que, desde el ministerio encabezado por Fernández Díaz, proveía de información falsa sobre los partidos de la oposición, particularmente Podemos, que era filtrada por policías a medios que no hacían ascos a su publicación y le concedían trato preferencial en sus portadas. Jiménez reconoce que escuchó por primera vez el nombre de Villarejo al poco de asumir la dirección del periódico y que dos de los reporteros le contaron que, desde hacía al menos dos décadas, era “una de las principales fuentes de El Mundo y facilitador de la mayor parte de nuestras exclusivas”. 
El director, publicado por Libros del K.O., tiene pinta de convertirse en el fenómeno editorial de la temporada. El adelanto lanzado por El Confidencial y el enganchón entre la periodista Ana Pastor y Pablo Iglesias en el programa El Objetivo a cuenta de unas presuntas amenazas del partido morado a la prensa que supuestamente aparecen en sus páginas —ni rastro de ellas, una vez leído— han generado ese salivar ante la aparición de un título prometedor que hará ruido y que podría acarrear a la editorial una odisea como la que sufrió el año pasado con el secuestro judicial de Fariña, el libro de Nacho Carretero sobre el narcotráfico en Galicia. 
Porque lo que cuenta es tremendo y afecta a terminales muy sensibles. Nada novedoso, a qué negarlo, para quien haya trabajado algún tiempo en la redacción de cualquiera de las principales cabeceras de prensa pero sí muy impactante para el resto, que en sus páginas puede confirmar intuiciones nunca hasta ahora presentadas en público como certezas por alguien que ha ostentado la mayor responsabilidad en una de las grandes fábricas de realidad —de sus marcos, de lo que se puede o no hablar y desde donde— en este país.
Lo que relata Jiménez resulta obsceno, por impúdico y por ser lo que permanece alejado del proscenio, oculto a la vista del espectador: la injerencia descarada y sin filtro de grandes empresarios y políticos en el trabajo cotidiano de un director de periódico. 
Las líneas editoriales y la información publicada como resultado de un intercambio de favores en las alturas y también de un juego de la silla en el que —ay— siempre gana el más poderoso. Quien paga manda, y quien manda quiere mandar más. 
 Por descontado, la denuncia de lo que Jiménez coloca ahora en el escaparate lleva muchos años constituyendo la razón de ser para proyectos comunicativos como El Salto, diametralmente opuestos a esos modos de hacer y por ello condenados a la invisibilidad, la irrelevancia y la subsistencia sin más red que las personas suscritas. Pero esa es otra historia. O la misma, en verdad, aunque contada desde un lugar bien diferente.
A finales de abril de 2015, tras más de quince años como corresponsal en Asia y otro posterior becado por la Universidad de Harvard, Jiménez aterrizó en la dirección de un periódico herido por varios expedientes de regulación de empleo, con las ventas cayendo en picado y sin la influencia política de la que había presumido bajo la mano de su fundador, Pedro J. Ramírez, fulminado en enero de 2014 por Antonio Fernández-Galiano, presidente de Unidad Editorial, grupo empresarial propietario de El Mundo cuya matriz es el conglomerado italiano RCS MediaGroup. Un cese que Ramírez achacó a las presiones del Gobierno de Rajoy por la publicación en el diario de las informaciones relativas a los papeles de Bárcenas.
En el hotel Marriott East Side de Nueva York, Fernández-Galiano propuso a Jiménez ser el nuevo director, sustituyendo a Casimiro García Abadillo, quien había sucedido a Ramírez apenas un año antes. Una oferta acompañada de la promesa del apoyo, los medios y el tiempo que la empresa le brindaría para remozar El Mundo
Aceptó, se convirtió en el “más improbable de los directores de periódicos” y pronto barruntó que lo que le aguardaba desde La Segunda, como llama en el libro a la planta directiva de Unidad Editorial, eran recortes presupuestarios, chantajes y abrazos más falsos que los informes elaborados por la policía política.
Jiménez reconoce que no era la persona más idónea para el cargo —“nunca había gestionado un equipo y no tenía el número de teléfono de ningún político o empresario del país”— y no disimula su desdén por los despachos, incluido el de dirección de El Mundo, que describe como “uno de los mayores centros de influencia del país, cortejado por reyes y jueces, ministros y celebridades, escritores y cantantes, caciques y conseguidores”. 
Pero en pocos meses se vio compartiendo mesa y mantel en comidas privadas, de tú a tú, con Mariano Rajoy, Florentino Pérez y Felipe VI. Una de las primeras personas en felicitarle por el nombramiento, apenas instalado en el despacho, fue Esther Koplowitz, presidenta de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC). La felicitación iba acompañada de una solicitud de reunión. 
Lo más valioso de El director es que explicita la existencia de una serie de pactos tácitos, no escritos, entre los grupos de comunicación y las grandes empresas por los que ambas partes ganan y el lector pierde. Una suerte de fondo de reptiles de carácter privado. 
A cambio de una vía de financiación extra que pudiera ser el flotador al que agarrarse para cuadrar el balance de cuentas anual, las grandes corporaciones se garantizan el silencio de los medios sobre sus malas prácticas, sus desmanes o aquellas cuestiones que pueden empañar la imagen de sus cargos directivos.
Es un sistema que Jiménez denomina Los Acuerdos por el que Telefónica, el Banco Santander o El Corte Inglés, por ejemplo, devengan cuantiosos intereses en forma de coberturas amables como contrapartida por inyectar liquidez a las empresas informativas. 
Va más allá de los contratos publicitarios puesto que asegura que, en ocasiones, estas cadenas de favores se establecen con empresas que no compran anuncios en los medios. Jiménez ofrece como muestra una reunión con Francisco González, entonces presidente del BBVA, en la que el alto emisario de Unidad Editorial al que acompañaba lloró sobre el hombro del banquero por la dificultad que estaba afrontando el grupo para cerrar el presupuesto. 
González dijo que lo arreglaría, sin más. Jiménez asegura que el banco, al igual que otras compañías que cotizan en el Ibex 35, dispone de una partida dedicada a “comprar favores periodísticos, ayudar a crear diarios de periodistas afines y premiar a los líderes mediáticos que ayudan a mejorar la imagen de su presidente”.
El episodio de mayor presión que enfrentó Jiménez sucedió por la publicación de una información relativa a la participación de César Alierta, en ese tiempo aún presidente de Telefónica, en un hotel en Berlín que la justicia sospechaba había sido utilizado por Rodrigo Rato para el blanqueo y evasión de capitales. 
Desde La Segunda se hizo todo lo posible para que la noticia no se publicara —desde recurrir al chantaje al director (“hay decisiones que cuestan puestos de trabajo”, le dijeron mirando a la redacción) a llamar a la imprenta a sus espaldas para ordenar que pararan máquinas—, sin conseguirlo.
Jiménez también entona un sonoro mea culpa por lo que El Mundo hizo con Victoria Rosell, jueza que se presentaba en la lista de Podemos a las elecciones generales de diciembre de 2015 que sonaba como titular de la cartera de Justicia si el partido accedía al poder. 
Antes de los comicios, el periódico dedicó varias portadas a las supuestas irregularidades cometidas por Rosell denunciadas por el ministro de Industria José Manuel Soria, quien unos meses después dimitiría tras no dar explicaciones convincentes sobre su participación en empresas familiares que aparecían en los papeles de Panamá
Las publicaciones de El Mundo se basaban en las actuaciones del juez Salvador Alba e ignoraban las llamadas de la jueza en las que explicaba que era víctima de un complot para arruinar su carrera política. Al final del proceso, la querella contra Rosell quedó archivada y Alba fue procesado por cinco delitos, entre ellos el de prevaricación judicial.
La trayectoria de Jiménez como director de El Mundo concluyó con una demanda contra la empresa por despido improcedente, acogiéndose además a la cláusula de conciencia para los profesionales de la información garantizada constitucionalmente y desarrollada en la Ley Orgánica 2/1997, de 19 de junio. 
Antes de la celebración del juicio, Unidad Editorial y el periodista pactaron un acuerdo de indemnización que incluía una cláusula de confidencialidad que obliga a Jiménez a guardar silencio pero que también recoge su “libertad de expresión constitucionalmente reconocida”. Parece claro que el libro es fruto de esas cinco palabras.
En la redacción de El Mundo no ha sentado bien la publicación de El director. Tanto entre Los Nobles —así se refiere al grupo de periodistas veteranos con mando en plaza— como en redactores rasos hay resquemor. Se entiende que, en el ajuste de cuentas que realiza, Jiménez no ha escatimado munición contra quienes cumplían sus órdenes y también que moldea un relato que le presenta como un mártir enfrentado a una causa perdida de antemano, aunque no se ajuste a lo sucedido. 
“Hay un claro intento de venganza contra Fernández-Galiano y el director actual, pero por el camino se venga de muchos redactores”, considera un cargo intermedio de la redacción, quien también opina que Jiménez vende como algo extraordinario lo que es común a cualquier director de periódico o publicación: las presiones aparejadas a un cargo con esa responsabilidad y sueldo.
Coinciden las fuentes consultadas por El Salto en calificar como extravagante y caótico el año que Jiménez dirigió El Mundo y destacan su desconocimiento de rutinas básicas de una redacción como el horario de las reuniones. ¿Por qué se le eligió como director, entonces? En la Avenida de San Luis existe el convencimiento de que se le nombró porque, por un lado, la empresa creía que podría modernizar el periódico y, por otro, porque Fernández-Galiano le consideraba fácilmente manipulable: una persona sin contactos en los círculos de poder, que le iba a dejar hacer y deshacer a nivel político.
En opinión de un redactor bregado en varias secciones del periódico, el diagnóstico que Jiménez hace en el libro es completamente acertado —los medios grandes son meriendas de poder en las que la información importa poco si no mueve palancas de poder, olvidándose del lector— pero considera que no es la persona adecuada ni siquiera para hacer ese diagnóstico: “Sabía qué era lo que había que arreglar pero no sabía por qué las cosas eran así, porque no lo había conocido. Es como si pones a un frutero a dirigir el periódico. Sabe qué es lo que va a querer leer pero no sabe por qué las cosas son así. De pronto, abre la puerta de la máquina y ve que la máquina funciona así y flipa. Y eso lo transmite el libro”.
Otra voz de la redacción lo resume de manera muy descriptiva: “Fue como poner al frente de Marca a alguien a quien no le gusta el deporte. No era para él”.
Sí se reconoce, sin embargo, la voluntad de Jiménez de impulsar la edición digital del diario y también una visión diferente a la de sus predecesores en el cargo en cuanto al enfoque de los contenidos, como explica otra fuente a El Salto: “La época de Casimiro fue razonable, continuó con lo que hacía Pedro Jota pero menos atado al rollo del poder. 
David aportó la mirada de alguien a quien no le interesa la política, le daba a los temas con interés humano un vuelo que no se les había dado anteriormente. Y eso es importante porque es lo que te moviliza lectores”.
En una semana frenética por la llegada de El director a librerías y por los sarpullidos que está provocando, Jiménez encuentra hueco para atender a El Salto.

¿Crees que hay alguna posibilidad de revertir ese ecosistema formado por grandes directivos de empresas de comunicación y políticos en el que los medios son palancas del poder que describes en el libro?
La relación entre los medios y el poder está contaminada y no será fácil revertirla. Cuando dejas que algo se pudra durante tanto tiempo, en parte gracias a la ley del silencio que los periodistas hemos impuesto sobre nosotros mismos, no basta con la denuncia. Creo que hay buenos periodistas en este país y eso no se nos debe olvidar. Pero los problemas sistémicos del oficio los tendrá que arreglar la siguiente generación de periodistas. Por eso el libro está dedicado a “los futuros periodistas”: mi esperanza es que renueven la profesión y lideren su regeneración. Pero lo van a tener muy difícil porque han sido condenados a la precariedad, con sueldos míseros y condiciones de trabajo inaceptables. Es muy difícil cambiar las cosas desde esa posición de debilidad.

¿Hasta qué punto dirías que es una consecuencia inevitable derivada de que la propiedad de los medios sea de empresas privadas?
Estoy a favor de que existan medios de propiedad privada. La cuestión es en qué manos y con qué independencia. No tiene la misma responsabilidad alguien que produce información que un empresario dedicado a fabricar lavadoras. Si tu lavadora está averiada, la ropa no sale limpia, pero si es el periodismo el que está averiado, entonces hay un impacto negativo en la sociedad.
La salud democrática se resiente, porque uno de los vigilantes del sistema no hace su trabajo. El gran fracaso de la prensa fue convertirse en parte del sistema que debía vigilar. 

¿Pueden ser una solución las cooperativas de propiedad colectiva o la nacionalización de medios?
La nacionalización de medios privados es una medida propia de dictaduras. Deben existir medios públicos independientes del poder político y privados con los principios para cumplir su función. No conozco ningún país donde medios nacionalizados sean independientes. Quizá sí del poder económico, pero pasan a depender del político. 

El diagnóstico que haces es el hecho previamente por medios que han funcionado desde la independencia más absoluta (Liberación de Andrés Sorel, por ejemplo), no solo en su entendimiento teórico sino en su praxis como proyectos de comunicación. ¿Es posible crear y mantener un medio de comunicación que no obedezca a la lógica empresarial?
La independencia de un medio solo es posible si depende de sus lectores. Vuelvo a la lavadora. Es legítimo que uno quiera ganar dinero haciendo periodismo, pero al ser un servicio público, educativo e informativo, ese beneficio no puede estar por encima de la ética que convierte el periodismo en un servicio para la gente. Si quieres ganar dinero, sin tener que hacerte esas preguntas morales ni enfrentarse a la posibilidad de tener que ganar menos a costa de contar la verdad, entonces dedícate a otra cosa.

Quizá lo más importante del libro es que haces explícita la existencia de lo que denominas Los Acuerdos. ¿A qué obligan Los Acuerdos?
Son los pactos con los que el Ibex riega de dinero a los medios tradicionales, ofreciendo en publicidad y patrocinios más dinero del que les corresponde por audiencia. Pero esas empresas no son ONG, a cambio de esos favores esperan un trato amable y protección para sus directivos.

Y en sentido contrario, ¿a qué condenan a los medios que no quieren pasar por ahí?
Si no participas, tus posibilidades de subsistir son escasas. Sin apenas modelos de suscripción, la prensa depende de una publicidad institucional y privada que se utiliza para premiar a los amigos y ahogar a los incómodos. Digamos que el terreno de juego está viciado en favor de quienes aceptan ese trato no escrito por el que determinadas empresas, instituciones o Gobiernos, a nivel local, regional o estatal, utilizan sus recursos para condicionar los contenidos. El poder olió la debilidad de los medios tras la crisis y lo aprovechó. 

¿Un año de director es tiempo suficiente para conocer en profundidad ese entramado y contarlo en un libro?
Trabajé 20 años para El Mundo, aunque solo uno como director. A veces se olvida. Pero sí: un año en esa posición es suficiente para entender cómo funciona el sistema, cuáles son sus vicios y cómo de difícil es romper las ataduras con el poder económico y político. Y te sobran seis meses. 

Hay quien puede pensar que algunas de las cosas que cuentas en el libro las conoce cualquiera que haya trabajado tres meses en un periódico grande. ¿Crees que lo que cuentas es extraordinario o lo que lo hace extraordinario es que lo cuente una persona que dirigió El Mundo?
Un amigo periodista me decía el otro día que la crítica más insostenible es la de quienes dicen: “Mira este qué pardillo, sorprendido de que haya presiones”. Prueba hasta qué punto hemos normalizado lo que no es normal. Todos los gobiernos presionan y tratan de influir. Las empresas quieren buenas coberturas.
Pero aquí hablamos de periodistas despedidos por órdenes que llegan desde despachos, el dinero de todos utilizado para castigar a los independientes, medios digitales que chantajean a empresas para que paguen dinero a cambio de no hablar mal de ellas, informadores al servicio de las Cloacas del Estado... Nada de eso es normal y no ocurre en la mayoría de las democracias. 

¿Por qué crees que te eligieron como director si, como reconoces, tu perfil profesional no era el más adecuado para ese cargo?
Yo sí creo que tenía el perfil adecuado, si el cargo de director de periódico fuera por méritos periodísticos. Había sido corresponsal muchos años, reportero de guerra y jefe de nuestra delegación en Asia. Había trabajado un año en transformación digital en Harvard. Había publicado varios libros, alguno con éxito internacional. En otro ambiente periodístico, donde se midieran los méritos profesionales, no parecía un mal CV.
El problema es que de los directores de la prensa tradicional se espera que sean algo más: “ministroperiodistas”, lo llamo en El director. Es casi un cargo político e institucional. ¿Por qué yo? Supongo que pensaron que sería manejable, porque venía sin contactos en España —no tenía el teléfono de un solo político o empresario del país— y porque pensaron que los privilegios del cargo serían lo suficientemente atractivos como para que aceptara compromisos morales. Se equivocaron. 

Hay una cuestión importante relativa a la clase social que es cuando desvelas una conversación en la que le dices a El Cardenal [así llama a un alto directivo de Unidad Editorial] que quien lee El Mundo no es la élite que dirige la empresa y que, por tanto, no se debe hacer un periódico para satisfacer a esa élite. ¿Cómo se puede enfrentar esa disonancia y hacer un medio de comunicación que sirva a los intereses del público, de la mayoría social que no pertenece a los privilegiados que poseen los medios de producción, y al tiempo satisfacer las exigencias de esos accionistas e inversores?
Uno de los problemas de la prensa tradicional en España es que se ha escrito para otros periodistas, políticos y empresarios de un círculo que no es representativo de la sociedad. En el pasaje que mencionas trato de hacer entender eso a un directivo que critica el contenido, como si el diario le tuviera que gustar solo a él. Cuando uno lee The New York Times, no siente que esté defendiendo los privilegios de una minoría o la élite, a pesar de ser una empresa que aspira a ser rentable y ganar dinero. No creo que sean incompatibles.
A mí me gustan mucho los medios non profit estadounidenses, como ProPublica, que no tienen como objetivo ganar dinero, se financian con donaciones e invierten todo su dinero en periodismo. Creo que habría que replicarlos en España. Pero esos proyectos pueden convivir con medios públicos independientes y privados que tengan como principio el rigor y la búsqueda de la verdad. 

Tras leer el libro, queda flotando un reproche obvio que se te puede hacer: ¿por qué no cambiaste algunas de las cosas que ahora haces públicas?
Cuando llegué me prometieron tiempo, medios y apoyo de la empresa. Recibí un despido improcedente en un año, recortes durante los meses que estuve en el cargo y presiones que atentaban contra la independencia del diario. Por supuesto, cometí errores y en el libro quedan reflejados.
Me habría gustado poner en marcha el proyecto que presenté a la empresa, pero no lo permitieron. Nunca sabremos qué habría pasado si hubieran dado una oportunidad a lo que quería hacer. Sigo pensando que en El Mundo hay grandes periodistas y pésimos directivos. El día que los segundos desaparezcan de la escena, ese talento servirá para cambiar muchas cosas. Pienso que a mí no me dejaron, pero igualmente legítimo es creer que no pude o no supe hacerlo. 

En el libro asumes tu error en las publicaciones de El Mundo referentes a Victoria Rosell, que quemaron la posibilidad de su entrada en política. ¿No debería haber también la asunción de responsabilidad por parte del medio?
Durante mi etapa, El Mundo publicó una serie de decisiones judiciales del juez Salvador Alba que acusaban a Rosell de graves irregularidades. Ese juez está hoy procesado y todo indica que participó en una conspiración contra la magistrada. Yo opté por creer al juez y considero que no hice las preguntas suficientes, ni atendí como debía a los argumentos de Rosell cuando me advirtió de que se trataba de una conspiración. Es una autocrítica personal, yo era el director y responsable del contenido del diario. Mía es la responsabilidad de lo que se publicó, no de quienes hoy están al frente del periódico.
No fue el único error y cometí otros que afectaron a personas de otros partidos. La corrupción del PP ocupó más de 60 portadas y ellos pensaban que era una campaña contra el Gobierno. El periódico publicaba en mi etapa medio millar de noticias diarias entre web y papel. Hicimos un buen trabajo en muchas ocasiones y seguro que pudimos hacerlo mejor en otras. 

¿Por qué los medios grandes quedan impunes cuando se demuestran errores de ese calibre? Si El Salto, por ejemplo, publicase algo de esa naturaleza, la demanda que nos caería obligaría a cerrar, seguramente. No te digo ya cosas como toda la línea que llevó El Mundo en relación al 11M.
No es verdad que los medios grandes queden impunes. Los diarios nacionales reciben constantes demandas. La mayoría son archivadas porque no se sostienen. Y las que sí terminan en condenas. No hay ningún gran diario que no haya recibido sentencias desfavorables por informaciones erróneas.
Para mí, lo realmente importante es diferenciar entre el error y la manipulación. No es lo mismo equivocarte en la búsqueda de la verdad que buscar deliberadamente la mentira. Lo segundo, desgraciadamente, se impone en un sector de la prensa. 

En los últimos 30 años, en democracia, hay dos casos paradigmáticos de persecución de medios por parte del poder en España, los de Egin y Egunkaria, con cierres judiciales bajo acusaciones gravísimas que, años después, quedaron en nada tras el proceso judicial. Sobre el cierre de Egin, el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, llegó a alardear de su “atrevimiento”, atribuyéndose una decisión que aparentemente había sido judicial. ¿Cómo se puede reparar el daño a la libertad de información que causan esos atrevimientos?
No conozco los detalles de esos dos casos, porque se produjeron cuando estaba de corresponsal en el Extremo Oriente. Yo jamás defendería el cierre de un medio de comunicación por parte de un Gobierno, incluso estando en total desacuerdo con sus líneas editoriales. En todo caso, si una información atenta contra leyes o derechos, debe ser la justicia la que decida sobre sus autores y su medio, de acuerdo con la ley. 

¿Temes la reacción de la empresa?
Hay dos reacciones previsibles. Una, que me demanden si consideran que tienen algún motivo. Es su derecho. Creo que la editorial les mandaría una nota de agradecimiento y el libro encontraría más lectores todavía. Por mi parte, pondría toda mi determinación en defender mi libertad de expresión, con la seguridad de que ganaría.
La otra opción es una campaña de destrucción de mi reputación. No escribes un libro como este y recibes ramos de flores. Ha enfadado a gente poderosa y poco acostumbrada a encajar. Pero creo que todo será fútil: el libro ya no está en sus manos o en las mías. Cada lector decidirá por sí mismo si lo que se dice en El director es cierto o no. Puedes engañar a un lector en una página, quizá en un capítulo, pero no en 300 páginas. Que decidan ellos sobre la autenticidad de mi relato. 



martes, 16 de abril de 2019

Entrevista completa a David Jiménez en www.eldiario.es

Comprar un periodista no es posible, pero del alquiler podemos hablar


MADRID.- Los periodistas ni siquiera podíamos acogernos a la excusa de la necesidad: todo había empezado cuando la prensa vivía en la abundancia y los regalos de empresa colapsaban cada Navidad los servicios de mensajería de las redacciones. 

 Jamones, cajas de vino, puros Montecristo, tarjetas regalo de El Corte Inglés y cestas con caviar incluido se acumulaban junto a las mesas de los redactores jefe y en los despachos del 'staff'. Entre las anécdotas legendarias del oficio, uno de los grandes veteranos contaba el día que una conocida marca de electrodomésticos obsequió con un televisor a cada uno de los asistentes a una rueda de prensa. Al final del reparto sobraba uno, así que un compañero preguntó si podía llevárselo también.

Y se marchó con dos televisores.

Las comidas gratis en los mejores restaurantes, los coches prestados indefinidamente y los créditos a intereses inimaginables para el resto de los mortales estaban a la orden del día. Un exconsejero del Banco Popular me contó que la política de la empresa era «tener contentos a los periodistas de Economía» con hipotecas por debajo del mercado, para asegurarse una cobertura amable. El banco terminó yéndose a pique tras haber mantenido durante décadas la imagen de ser el mejor gestionado del país.

Era un sistema en el que los jefes se llevaban la mejor parte del botín, pero donde siempre había algo para la infantería.

—¡Viaje por la jeta a Tanzania! —gritaba alguien en mitad de la redacción—. ¿Quién lo quiere?

—¡Comida en el Ritz!

—¡Rueda de prensa de una marca de relojes: igual cae uno!

Llegó un momento en que el diario tuvo que recordar a los redactores que aquellos viajes contaban como vacaciones y no como coberturas, por mucho que al volver se escribiera una crónica al dictado de la oficina de turismo.

Aunque la crisis había terminado con la barra libre, la fiesta continuaba para la aristocracia del oficio. Los periodistas estábamos tan convencidos de nuestra excepcionalidad, de formar parte de una casta privilegiada que merecía un trato preferencial, que una de las reporteras más célebres del país, que en su día había trabajado en 'El Mundo', llamó en una ocasión a la Comunidad de Madrid para pedir que enviaran a los bomberos a su casa porque se había dejado las llaves dentro. Cuando le sugirieron que avisara al cerrajero, se sorprendió como solo podía hacerlo alguien que perteneciera a un gremio que había perdido todo contacto con la realidad:

—Eso me costaría una pasta.

Todo aquel mundo de ventajas había empezado antes de mi marcha como corresponsal a Asia, pero durante mi ausencia se había desmadrado. Los sobresueldos para informadores estaban ahora a la orden del día, pagados por agencias de comunicación, clubes de fútbol, partidos políticos y grandes empresas como Telefónica, que durante la presidencia de César Alierta llegó a tener subvencionados a 80 de los más conocidos informadores del país. (…) Comprarse un periodista no era posible en España, pero como dice el dicho afgano sobre la corrupción: del alquiler se podía hablar. (…)

En mitad de la precariedad, y con miles de despidos en las redacciones, una tertulia podía bastar para ganarse a un periodista. Moncloa forzaba el despido de periodistas incómodos, utilizaba la publicidad institucional para castigar a los desobedientes y controlaba las tertulias políticas en radios y televisión, que se habían convertido en el principal centro de debate del país y tenían grandes audiencias.

El control del Gobierno de Mariano Rajoy había llegado a tal punto que sus dos principales facciones, lideradas por la vicepresidenta Santamaría y la secretaria del partido, María Dolores Cospedal, batallaban por colocar en las tertulias al mayor número de afines para atacarse mutuamente, prueba de que en política el fuego más letal es siempre amigo. 

Era una guerra donde se humillaba al tertuliano enviándole mensajes con las consignas a repetir, se exigían lealtades ciegas y se destruían o promocionaban carreras a capricho, incluidas las de algunos de Los Inspirados, la nueva generación de columnistas que se abría paso imitando a sus mayores.

Una de las encargadas de mantener el reparto mediático entre las familias del poder era la secretaria de Estado de comunicación Martínez Castro, conocida como el bulldog de Moncloa por las broncas que echaba a directores de medios y periodistas. Sus mensajes eran legendarios en el oficio y no tardé en recibir el primero de ellos quejándose por una viñeta en la que nuestros humoristas gráficos, Gallego & Rey, bromeaban sobre la vinculación del presidente Rajoy con la corrupción del partido.

—Que sentido de actualidad —decía la secretaria de Estado de Comunicación en un texto al que le faltaban tildes—, que alusión a algo noticioso, que golpe de humor tiene esta viñeta? Yo solo veo ganas de denigrar al presidente, sin la menor justificación ni en su conducta ni en la actualidad.

Cuando comenté el mensaje con el 'staff' me dijeron que les parecía suave. Lo normal era que Castro incluyera insultos, pero no debía tener aún suficiente confianza conmigo y me trataba con "cariño". Hacía 18 años que no ejercía el periodismo en mi país, pero habían bastado unos días para entender que algo fundamental había cambiado en mi ausencia. El poder había dejado de temer a la prensa y ahora era la prensa la que temía al poder. (…)

Algunos capos del periodismo capeaban la crisis aparcando las sutilezas para abrazar directamente lo que en las redacciones se conocía como el periodismo de trabuco. El sistema sostenía a nuevos diarios digitales que operaban haciendo a empresas e instituciones públicas ofertas que no podían rechazar: o ingresaban una determinada cantidad de dinero en publicidad o serían golpeados con informaciones comprometedoras, a menudo inventadas.

La primera vez que supe de la existencia del periodismo de trabuco fue a través de dos directivos de un gran banco, que se me quejaron amargamente de tener que pagar mordidas publicitarias. Cuando sugerí que denunciaran la situación, o incluso que me aportaran las pruebas para que lo publicáramos en 'El Mundo', me miraron sorprendidos:

—Todo el mundo paga —dijo uno de ellos.

—¿Todo el mundo?

—Piensa que para una gran empresa no es dinero, unos pocos miles de euros. Pero las consecuencias de no hacerlo pueden ser graves si propagan un rumor que dañe la imagen de la empresa o de su presidente. (…).

Los Acuerdos, como se conocían los pactos negociados por la prensa tradicional con las grandes empresas al margen de las cifras de audiencia o el impacto publicitario, nos habían salvado de la ruina durante la Gran Recesión. Era un sistema de favores por el que, a cambio de recibir más dinero del que les correspondía, los diarios ofrecían coberturas amables, lavados de imagen de presidentes de grandes empresas y olvidos a la hora de recoger noticias negativas.

El grado de sumisión dependía, en el caso de la prensa escrita, de la beligerancia de la empresa y de la capacidad de resistencia del director de turno. Ahora que me encontraba en el otro lado de la barrera, me preguntaba si mantendría mi decoro periodístico con la misma determinación que cuando era un simple reportero sin responsabilidad en la marcha del periódico. El diario vivía la situación financiera más delicada de su historia y no podía permitirse perder las campañas de sus principales anunciantes.

Al principio opté por mantener una distancia con los grandes capos del dinero que me ahorrara dilemas morales. No se trataba de eludir el contacto, sino de evitar que esas relaciones tuvieran una cercanía que comprometiera nuestra cobertura del Ibex. La línea no era nítida, pero parecía evidente que ir a las bodas de las hijas de sus directivos, tomar el sol en la cubierta de sus yates o dejar que te pagaran viajes de lujo suponía cruzarla.

Con el tiempo acepté encuentros con varios presidentes de grandes multinacionales, tras asumir que no podía escapar del papel institucional que se esperaba de mí. No tardé en darme cuenta de que no servía. Una de mis primeras citas con el poder económico fue un desayuno con el presidente de una multinacional energética, que hizo una encendida defensa de la independencia del periodismo, asegurando que 'El Mundo' era un periódico necesario que políticos y empresarios querían acallar. Pero no él, según me dijo.

—Vaya —pensé—. He aquí un tipo con el que quizá podría llevarme bien.

La reunión tocaba a su fin y mi anfitrión concretó sus halagos en mí, asegurando que mi proyecto era importante y que quería ayudarme.

—¿Hay algo que pueda hacer por ti?

Me quedé en silencio, sin saber si debía pedir que redujera la factura de la luz de San Luis, un millón de euros adicionales en publicidad o información confidencial sobre los expolíticos —incluidos los expresidentes Felipe González y José María Aznar— que habían cobrado de los consejos de administración de empresas energéticas sobre las que habían legislado.

—Hmmm… Nada, gracias —dije tras un largo silencio.

Mi anfitrión insistió:

—Sé que lo estáis pasando mal y creo que debemos apoyar a un director joven y moderno como tú, sobre todo ahora que arranca tu proyecto. ¿Seguro que no hay nada que pueda hacer por ti? ¿Algo fuera de Los Acuerdos?

Volví a declinar la oferta y durante el viaje de regreso me pregunté si no había hecho el gilipollas. Podía haber sacado algo y, si más adelante me pedía un favor, recordar su encendida defensa del periodismo independiente.

Empecé a padecer el incordio de las llamadas de la élite económica del país, porque una vez te conocían podías estar seguro de que llamarían. Sus peticiones me parecieron bastante inocentes al principio. Borja Prado, el presidente de Endesa, de quien me habían advertido que era clave en mi supervivencia porque era «el hombre de los italianos en España», llamaba para pedir ser incluido en 'Vox Populi', la sección de las páginas de Opinión en la que sacábamos una foto tamaño carnet de personajes del día, con una flecha para arriba o abajo y un comentario elogioso o crítico sobre algo que hubieran hecho.

Me costaba entender que alguien que ganaba una fortuna y dirigía una multinacional con miles de empleados le diera importancia a aquel pedacito de periódico, pero ni era mi trabajo resolver los misterios insondables del ego humano ni me causaba mayores problemas satisfacerlo: dos centímetros del diario difícilmente me comprometían a nada. 

Pablo Isla, presidente del imperio Inditex y Zara, pidió en una ocasión si podíamos llevar más discretamente una noticia sobre su hijo Santi, que tenía una banda de rock y el humor de haber llamado a su anterior grupo Sin Blanca. «Por preservar la intimidad de la familia». 

Me pareció bien, porque la información había estado toda la mañana en la portada de la web y no era relevante. Otros presidentes se limitaban a enviar un mensaje los días que tenían Junta de Accionistas, pidiendo que por favor recogiéremos la noticia de sus resultados. Sabía que tarde o temprano tendría que lidiar con peticiones más comprometedoras y batallas más importantes.

La mayor de ellas no tardó en llegar.
El más poderoso entre los presidentes del Ibex era César Alierta. Había construido un formidable entramado de poder e influencia utilizando Telefónica, una de las grandes empresas del país, como su cortijo personal. Se podía caminar por los pasillos de las plantas nobles de su sede y ver en las puertas de los despachos los carteles con los nombres de sus colocados: exministros tanto del PP como del PSOE (Trinidad Jiménez o Eduardo Zaplana), familiares de dirigentes políticos (Iván Rosa Vallejo, marido de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría), cercanos a la realeza como el ex jefe de la Casa Real Fernando Almansa e incluso la realeza directamente. El cuñado del Rey, Iñaki Urdangarin, fue enviado por Alierta a Washington con un generoso sueldo en cuanto empezó a tener problemas con la justicia.

Tener una larga lista de empleados vip no solo engrasaba los contactos del presidente de la corporación con el poder, sino que enviaba a futuros candidatos la señal de que también a ellos podía esperarles un despacho con sueldo de seis cifras — siete, incluso— si se portaban bien. Alierta había organizado, además, una asociación de grandes empresarios que, bajo el inofensivo nombre de Consejo Empresarial de la Competitividad, había sido concebida en 2011 como un poder fáctico en la sombra. 

Entre sus impulsores estaban, aparte del presidente de Telefónica, el entonces presidente del Banco Santander, Emilio Botín; el hombre fuerte de La Caixa, Isidro Fainé; el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, o el del BBVA, Francisco González.
El Ibex era un enemigo que no querías tener. Yo estaba a punto de sumarlo a una lista que empezaba a ser demasiado larga...


* Extracto del libro 'El director' (Libros del KO) realizado por El Confidencial

Llegó la hora de hablar de las miserias del periodismo / Francisco Romero *


No es habitual que un periodista reconozca sus errores. Y mucho menos que describa y ponga sobre la mesa las miserias de una profesión que, es la mejor del mundo —Gabo
dixit—, pero que a su vez puede ser de las más ingratas. No hace falta dirigir un gran periódico para darse cuenta de eso.

Basta con unos pocos días en la redacción de cualquier medio de comunicación, después de salir de la carrera, para que se caiga la venda de la idealización que rodea al periodismo que se estudia. Pero David Jiménez se resistió a tirar la venda —o la toalla— y quiso portar la bandera del periodismo independiente y valiente del que se habla en las facultades durante su breve etapa como director de El Mundo. Seguramente por eso fue tan breve.

O al menos eso cuenta en El director (Libros del KO, 2019), donde promete desvelar los “secretos e intrigas” del periodismo y que sorprenderá a quien no haya trabajado nunca como tal, pero muy poco a los que sí. Evidentemente no es esa su intención, sino la de denunciar la relación entre lo que llama el triunvirato del poder, las fuerzas políticas, económicas y mediáticas, que se cubren unas a otras para preservar un sistema que les favorece. 

Una vez fuera del circo mediático español se atreve a desvelar las presiones que recibió —de dentro y fuera del periódico—, cómo vivió el ERE que El Mundo ejecutó en su plantilla en 2016 —y en otras publicaciones del grupo— y hasta desvela una fuente “histórica” del periódico: el comisario Villarejo —¡sorpresa!—.

La lectura del libro de Jiménez engancha desde la primera página, al menos a quien tiene relación con el periodismo, y quizás se pierde en la descripción de detalles morbosos de la redacción con “chismorreos” —como lo han descrito algunos de sus excompañeros—, eso sí, sin dar nombres, y utilizando seudónimos, pero basta con investigar un poco para adivinar a quiénes se refieren. La Digna, El Dos, Starsky y Hutch, El Reportero, El Callado, El Viti, El Artista, Malaúva o Rasputín son algunos de los personajes involuntarios de El director, donde se reconocen muchos de los males del periodismo actual en una redacción que es la de El Mundo, pero que podría ser cualquier otra de este país, y la experiencia no distaría mucho de la narrada por Jiménez. 

“A los periodistas nos gustaba contar una buena historia, pero no la nuestra”, dice, pero él lo ha hecho, aún a riesgo de ser declarado enemigo público número 1 de muchos a los que no les vienen nada bien las revelaciones que hace. 

Por eso es necesario El director, porque aunque abunde en la narración de cotilleos, pone al periodismo frente al espejo en un momento crucial para el oficio, cuando ha perdido gran parte de su credibilidad por el camino, mientras se han enriquecido gerifaltes en épocas de bonanza, recibiendo favores como entradas para un concierto privado de Sting, pero también la “tropa de a pie”, que se llevaba televisores por asistir a ruedas de prensa. Se han dado casos.

Pero esos tiempos hace mucho que pasaron. La caída de las ventas —en el caso de los periódicos en papel, como El Mundo, en mínimos históricos— y la imposibilidad de encontrar ingresos que no vengan de las grandes empresas del IBEX o de la publicidad institucional que concede a discreción el Gobierno de turno, hace más frágiles a los periódicos frente a las presiones: un acuerdo que no se firma puede significar un mes con dificultad para poder pagar las nóminas de los empleados. 

Moverse en esa fina línea entre independencia y sostenibilidad ha sido un calvario para David Jiménez, nada acostumbrado a lidiar con estas situaciones, después de estar casi dos décadas como corresponsal en Asia. 

Pero dirigir un equipo humano de 300 personas y querer hacer periodismo independiente en un diario con una situación económica delicada, es otra cosa. Y más con un superior, El Cardenal, que poco o nada entiende de periodismo —ni lo pretende— y que solo quiere preservar el puesto a costa de agradar a las élites políticas, económicas y monárquicas de las que es amigo.

“La redacción de un periódico puede ser el Serengeti en temporada de escasez de alimentos. En otros oficios existe rivalidad: en este oficio es depredación y supervivencia”, escribe Jiménez, que hace un retrato acertado de esa España que no acepta —porque no le conviene— que los tiempos cambian y que sigue estancada en el pasado. 

En la misma redacción encuentra muchos ejemplos, como el jefecillo que le espetó en una ocasión “qué ganas tengo de que pase la puta moda de internet”, mostrando una ceguera impropia de quien ostenta cierto poder en uno de los periódicos más influyentes del país.

 O al menos lo era antes de que se quedara atrás cuando la revolución digital le pasó por el lado sin que hiciera nada por seguirle el ritmo, fiándolo todo al papel. Como tantos otros periódicos.

El propio Jiménez, después de muchos años sin pisar una redacción, reconoce su incapacidad para dirigir el periódico —cuenta que cuando lo despidieron es cuando estaba más preparado— al hablar de él mismo como un “impostor” o como “el reportero que se hacía pasar por el director”. 

En su mochila se llevó 366 portadas y el dudoso honor de dirigir el diario el primer día que no salió a la calle en sus primeros 27 años de historia, por la huelga de una plantilla que veía sobrevolar sobre sus cabezas el enésimo ERE, éste especialmente agresivo.

La corresponsalía es, para Jiménez, “el mejor refugio de un periodista” frente al “cementerio de reporteros que podía ser una redacción”. La de El Mundo se está convirtiendo los últimos años también en un cementerio de directores —cayeron cuatro en apenas cuatro años—. 

El primero y más longevo, Pedro J. Ramírez, es descrito como un director con “doble personalidad”, que “mezclaba el coraje de Ben Bradley en su empeño de seguir con el Watergate hasta el final y la flaqueza ética de Walter Burns, el director de Primera Plana dispuesto a todo por la noticia”. 

La cobertura del 11-M es el mejor ejemplo: “Jota creyó la versión del Gobierno, y cuando la realidad nos mostró que no era así, en lugar de rectificar nos embarcamos en una huida hacia delante que nos llevó a publicar durante años supuestas investigaciones para reafirmar nuestra teoría de una gran conspiración”, relata Jiménez. Para que haya quién se pregunte por qué la credibilidad del periodismo español está bajo mínimos. Cada uno que reflexione sobre su parte de responsabilidad.

La naturalidad con la que un político presiona a un medio de comunicación entristece a una democracia que tiene 40 años, pero que aún no parece madura. Como la vez que el exministro Jorge Fernández Díaz le espetó que “no son tiempos para la neutralidad” cuando, en vísperas de elecciones, El Mundo disponía de información que podía dañar al Gobierno de Rajoy. 

El fontanero jefe de las Cloacas del Estado, como lo define Jiménez, dirigió desde Interior una operación para derrotar a rivales políticos. Hasta se reunió con Rodrigo Rato, cuando ya estaba imputado por el caso Bankia, en su despacho del ministerio, y se mosqueó con El Mundo por desvelarlo… ¡y por hacerlo comparecer en sede parlamentaria durante sus vacaciones! ¿A quién se le ocurre hacer periodismo en verano? 

Fernández Díaz le devolvió el golpe prometiéndole una exclusiva que finalmente filtró a ABC, queriendo dar así una lección al novato director y mostrando la forma de actuar del poder, que perpetra venganzas y puñaladas día sí y día también.

Tampoco sentó nada bien a César Alierta, presidente de Telefónica, que El Mundo destapara que era socio, junto a Rodrigo Rato, en el hotel de Berlín que el exministro utilizó para blanquear dinero. 

 Antonio Fernández Galiano —he aquí El Cardenal—, presidente de Unidad Editorial, hasta mandó parar la rotativa para intentar evitar que la noticia saliera en portada… El dinero, una vez más, por delante de todo. La noticia salió y la etapa de Jiménez como director inició su cuenta atrás hacia el final esperado. 

A su homólogo en Marca, Óscar Campillo, le pasó lo mismo por petición de Florentino Pérez, que cortó las relaciones comerciales con el periódico hasta que no fuera reemplazado. Deseo concedido. De éste último caso saca una conclusión: “La suerte de un director de periódico depende en España de todo menos de lo bien o mal que haga su trabajo”.

“Mientras los herederos de la Transición convertían el país en una inmensa agencia de colocación de afines y los partidos que debían defender el Estado de Derecho se aprovechaban de él, los medios elegimos el bando equivocado”, critica el exdirector de El Mundo

Hasta llega a contar que Bárcenas le relató cómo un importante locutor de radio recibió “30 millones de pesetas en un maletín” poco antes de las elecciones generales de 1996 o cómo desde el Gobierno quitaban y ponían tertulianos afines en las televisiones, con cuidadas instrucciones sobre los temas que podían tratar y cuales no.

El final del libro, donde Jiménez cuenta por qué demandó a El Mundo y fue el primer director de periódico que se acogió a la cláusula de conciencia de la Constitución deja la sensación de que todavía guarda algo de rencor —por frases como “si hacer a un reportero director de periódico fue un error, despedirle sin motivo lo fue aún más”—, a unos directivos que no tardaron en pedir su cabeza y que no le dejaron hacer el periodismo en el que cree. 

Pero eso no le quita interés y valor a un relato que debe servir para abrir un debate en el sector sobre las cuestionables relaciones que mantiene con según qué poderes y sus vicios adquiridos.


 (*) Periodista


sábado, 6 de abril de 2019

“Marcha por el Ebro”, de Reinosa a Tortosa contra el Pacto del Trasvase de la derecha

ZARAGOZA.- El líder del PP, Pablo Casado, anunció a los regantes del Tajo-Segura en Murcia que el PP presentará una propuesta de Pacto del Agua para consagrar los trasvases y “que nunca más haya una intromisión autonómica” en la política hídrica, según https://arainfo.org.

Por otra parte, Ciudadanos cerró un acuerdo de Gobierno para Andalucía en el que hablan de construcción de “infraestructuras hidráulicas” para “minorar el déficit hídrico”. Para Ecologistas en Acción, la lógica continúa siendo construir trasvases teniendo en cuenta la demanda de agua de, por ejemplo, los regadíos, en vez de adaptarla a la escasa oferta.
“Aprovechando periodos de sequía, el Estado disculpa a los compradores pagar la tarifa del trasvase al Estado, con lo que el agua trasvasada les sale más barata” y añaden desde la organización, “eso incluye la posibilidad de compraventas entre usuarios de distintas cuencas conectadas con trasvases”.
Un negocio “redondo para el cartel privado” que incentivará el consumo de agua pese a que el Gobierno admitió en noviembre que el Estado español dispondrá en los próximos años de entre un “ 20% y un 30%” menos de agua.
Frenar los planes de un nuevo Trasvase del Ebro, acabar con la compra-venta de derechos de agua mediante “contratos de cesión”, derogar los grandes proyectos de construcción de embalses para almacenar el agua para el mercado, defender los ríos de numerosas agresiones y girar hacia lo público la gestión de todo el ciclo del agua son condiciones “imprescindibles”, según Ecologistas, para abordar un acelerado proceso de cambio climático que amenaza en derivar en procesos de desertización y en graves conflictos entre territorios.
Por ello, la Red del Agua Pública de Aragón, Ecologistas en Acción y Coordinadora de Afectados por Grandes Embalses y Trasvases han programado una iniciativa que resitúe este debate fundamental en la agenda política a través de una “Marcha del Ebro”.
Esta marcha recorrerá, entre el 10 y 21 de abril del 2019, distintos escenarios de la cuenca y de los conflictos hidrológicos que subsisten en ella. Un grupo de ciclistas serán portadores del mensaje de sostenibilidad, cohesión territorial y defensa de lo público.
Localidades como Reinosa, Garoña-Miranda de Ebro, Haro, Ezcaray, Logroño, Calahorra, Lerin, Tudela, Pedrola, Zaragoza, Chaca, Biscarrués-Murillo de Gállego, Artieda, Tarazona, Morata, Tosos, Santoleya-Aguaviva, Fabara, Flix, Ascó, Benifallet, Xerta y Tortosa serán escenario de actos y debates sobre el nuevo peligro que amenaza la Cuenca del Ebro y sus afluentes.

Uruguay ve avances desiguales en el mundo sobre el uso de agroquímicos

MONTEVIDEO.- Uruguay considera que hay avances dispares en el mundo sobre el uso de productos químicos en el sector agropecuario respecto al objetivo de llegar a que se elaboren y utilicen de manera adecuada para el 2020 "sin crear riesgos para la salud y el ambiente".

Si bien reconoció grandes avances, Judith Torres, integrante de la Asesoría de Asuntos Ambientales Internacionales de la Dirección Nacional de Medioambiente de Uruguay (Dinama), dijo que aún hay "mucho por hacer".
Torres hizo estas declaraciones al cierre de la Tercera Reunión del Grupo de Trabajo de Composición Abierta del Enfoque Estratégico para la Gestión de Productos Químicos a Nivel Internacional (OEWG3-SAICM), en Montevideo.
"Hay muchos avances pero son desparejos en todas las regiones de Naciones Unidas que están en este enfoque estratégico que es jurídicamente no vinculante, no es como otras convenciones a las que estamos obligados", sostuvo.
Explicó que este es un grupo de trabajo subsidiario que prepara los temas para la Conferencia Internacional de Químicos, que se celebrará en Alemania en 2020.
"Las recomendaciones tienen en cuenta no solo la visión, los objetivos estratégicos y qué posibles arreglos institucionales van a tener sino además también los medios de implementación para poder cumplir con esta agenda que también a su vez nos obliga a cumplir los objetivos del 2030", agregó.
Esta tercera reunión del grupo de trabajo contó con la participación de representantes de 170 países como también de organizaciones de la sociedad civil y organizaciones intergubernamentales.
Torres afirmó que Uruguay "está conforme" con cómo se dio la negociación del grupo y considera que este es un proceso que va creciendo, al resaltar que el país tiene "mucho camino recorrido" en el tema de productos químicos aunque no niega que todavía tenga desafíos.
"Tenemos una ley ambiental en la que las sustancias y los productos químicos son parte del articulado (...) también a nivel Mercosur hay un plan de acción sobre productos químicos y residuos que atiende cuestiones de este plan global que está bajo este marco estratégico", concluyó.

Podemos promete eliminar la exención del IBI para la Iglesia

MADRID.- Podemos promete eliminar la exención del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) para la Iglesia Católica, excepto para los lugares de culto y los centros de Cáritas; y recuperar los bienes inmatriculados. Así lo recoge en su programa electoral con el que concurre a las elecciones generales el próximo 28 de abril.

En materia religiosa, Podemos se compromete a “eliminar la exención del IBI de la cual goza la Iglesia”, una exención que la formación morada considera “un privilegio imposible de explicar”. Esto se debe, según precisa, a que en España “nunca se ha acometido una verdadera separación entre la Iglesia católica y el Estado”.
“Mientras que una persona normal tiene que llegar a situaciones de gran necesidad para que se le permita no pagar el IBI, la Iglesia española no solo recibe fondos de nuestra declaración de la renta que luego gasta en televisiones sectarias que nadie ve, sino que, además, se le permite no pagar impuestos por sus propiedades“, denuncia en el programa.
Si bien, Podemos puntualiza que esta medida tendrá la “excepción” de “los inmuebles afectos al culto, los bienes cuya finalidad principal sea su utilización por parte de Cáritas para la acción social u otro tipo de bienes que gozan de dicha exención por motivos generales”.
Por otro lado, el partido liderado por Pablo Iglesias promete en su programa “recuperar los bienes inmatriculados indebidamente por la Iglesia”. Estas operaciones, según señala Podemos, “se han basado, hasta 2015, en el privilegio de inscribir en el Registro de la Propiedad bienes a partir de simples declaraciones de sus propios miembros”.
Se trata, según indica la formación morada de bienes que “son de toda la ciudadanía” y pone el ejemplo de la mezquita de Córdoba o de ermitas de “muchos” pueblos que “mantienen los vecinos y vecinas”. 
También apunta enumera algunos “edificios civiles, como quioscos y plazas”. 
“La salud democrática de nuestro país exige que esto se revise a fondo“, subraya.