sábado, 1 de febrero de 2025

La cuarta protesta general contra Mazón queda disminuida por la lluvia y el hastío de los afectados

VALENCIA.- Una cuarta manifestación para exigir la dimisión del 'president' de la Generalitat, Carlos Mazón, ha recorrido el centro de Valencia este sábado, tres meses después de la dana, para «gritar bien alto que las víctimas no se olvidan». Según la Delegación del Gobierno en la Comunitat Valenciana, esta vez sólo han participado cerca de 25.000 personas.

La protesta, pasada por agua debido a la lluvia de esta tarde, ha salido después de las 18.00 horas de la plaza del Ayuntamiento de Valencia y ha recorrido la calle de las Barcas, Poeta Querol, Paz, la plaza de la Reina, Bordadores y Micalet para acabar en la plaza de la Virgen.

La muixeranga de Algemesí, gravemente afectada tras perder su local como consecuencia de la dana del pasado 29 de octubre, ha sido la encargada de abrir la manifestación. 

En la pancarta principal, encabezando la protesta tras la muixeranga, han estado presentes víctimas y familiares de algunas de las víctimas mortales de las inundaciones, así como representantes de asociaciones y una docente del IES Picanya.

Durante la protesta, a la pancarta principal con el lema 'Mazón dimissió' se han unido otras con mensajes como 'Rovira dimissió', 'President Mazón no tens vergonya', 'Rovira: «ahí me han pillao» y con la 'Dana també', 'Conseller negligent + conseller absent= conseller al carrer', 'Mazón mentiroso', 'No se puede hacer peor', 'Vete ya' o 'La Torre ni oblida ni perdona'.

Igualmente, los asistentes han gritado consignas como «Mazón dimisión», «Mazón assassí del poble valencià», «El 'president' a Picassent», y han cantado 'L'estaca', de Lluís Llach.

Una de las cuatro coportavoces de las entidades, Anna Mar Bueno, ha subrayado que los manifestantes «están aquí de nuevo para gritar bien claro que las víctimas no se olvidan: ni las que murieron en la dana ni los dos trabajadores que fallecieron en las tareas de limpieza». 

«Tampoco nos olvidamos de aquellas personas que han quedado, pero han visto toda su vida transformada», ha agregado.

«Estamos aquí para denunciar que la negligencia de las instituciones, concretamente del Consell, ha sido antes, durante y después de la dana», ha subrayado, al tiempo que ha remarcado que «se exigen responsabilidades jurídicas tanto a la Generalitat como a todos los empresarios que enviaron a miles de trabajadores a exponer su vida el día de la dana».

Por su parte, otra de las portavoces, Anna Oliver, ha destacado que esta situación no es solo «inédita» en la Comunitat Valenciana, sino «en cualquier país del entorno». A su juicio, «solo por dignidad y vergüenza» el jefe del Consell «debería dimitir».

Oliver ha reiterado que las entidades han denunciado «todo este tiempo» que Mazón «no estaba preparado para prevenir y proteger, pero tampoco para la reconstrucción». 

«Por todo esto, porque no es digno, no se ha responsabilizado, no se ha disculpado, tres meses después aún no ha contactado con las familias, y ha abandonado al sector cultural, educativo y social de este país, el señor Mazón se tiene que ir a casa», ha recalcado.

Igualmente, otra coportavoz, Alexandra Usó, ha incidido en que el motivo por el que se ha organizado esta cuarta manifestación «es el mismo que el de la primera»: «Un desastre natural se convirtió en una catástrofe humanitaria porque no se avisó a la población, porque las personas que tenían que estar en los lugares que correspondían no estaban, y las que estaban no hicieron lo que tocaba».

«También la organizamos para que la población que ha sufrido la gota fría sepa que no la abandonaremos como lo han hecho el señor Mazón y su Consell», ha remarcado, al tiempo que ha lamentado que «la normalidad está muy lejos de llegar a estos pueblos».

Usó ha denunciado que «hay centros educativos que aún no han podido abrir sus puertas, alumnado desplazado que no hace ni cuatro horas de clases ordinarias». 

En este sentido, ha criticado que el conseller de Educación, Cultura, Universidades y Empleo, José Antonio Rovira, «no se ha paseado por la zona» afectada.

Asimismo, ha recordado que hay gente que «aún no ha podido bajar de su casa porque no funcionan los ascensores». 

«No olvidemos las colas de las personas mayores que, como no pueden agilizar toda la burocracia a través de Internet, están haciendo filas larguísimas a las puertas de los ayuntamientos», ha agregado.

Por último, otra de las coportavoces, Beatriz Cardona, ha indicado que la lluvia de este sábado en Valencia «es un recordatorio de las que hubo hace tres meses y dos días, que ocurrieron por la mañana y no fue hasta las 20.11 horas cuando avisaron de que podría haber inundaciones, cuando ya estaban más de la mitad de las víctimas muertas».

Cardona ha puesto en valor que la manifestación esté encabezada por la muixeranga de Algemesí, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. 

«A pesar de todas las dificultades, ha querido estar con nosotros a pie de calle para recordar que el pueblo valenciano, por mucha agua que nos caiga encima y muy ineptos que sean nuestros gobernadores, persistirá», ha señalado, al tiempo que ha subrayado que la sociedad «ni olvida ni descansará hasta que se haga justicia».

En la pancarta principal han estado familiares de las víctimas como Aitana, que perdió a su abuelo en las inundaciones y ha afirmado, en declaraciones a los medios, que «si hubieran avisado con más antelación» su abuelo se hubiese salvado: «Vivo a dos minutos de su casa, cuando intentamos ir ya no se podía cruzar».

Preguntada por cómo valoraría la atención recibida desde las instituciones públicas, ha lamentado que es «nula». 

«Aún estamos esperando que se pongan en contacto con nosotros», ha denunciado, al tiempo que ha agregado que si Mazón se reuniera con ellos le dirían «muchas cosas, pero ninguna buena».

Por su parte, la presidenta de Dones de Picanya, Xelo Sánchez, ha exigido al 'president' de la Generalitat «respuestas», así como su dimisión para que «deje hacer una recuperación con calma».

 «Hay mucha gente que espera que él, por lo menos, les dedique unas palabras», ha destacado Sánchez, quien ha señalado que «negligencia» del jefe del Consell hace que la ciudadanía «esté muy incómoda y enfadada».

A la protesta también ha asistido Dolores, miembro de SOS Desaparecidos, que perdió a sus dos hijos y a su marido en las inundaciones y ha decidido manifestarse para «pedir justicia por ellos».

Sobre las 19.12 horas, la manifestación, encabezada por la muixeranga de Algemesí, ha llegado a la plaza de la Virgen, donde centenares de personas les han recibido con aplausos.

La representante de la muixeranga de Algemesí, Blanca, y la docente del IES Picanya Montse Morales han sido las encargas de leer el manifiesto en el que han exigido la dimisión de Mazón y han criticado la «falta de alternativa habitacional» para los afectados, que los trabajadores incluidos en los ERTE «no están cobrando el 100 por ciento del sueldo», así como que «todavía no se ha investigado la negligencia de todas las empresas que pusieron en peligro a sus trabajadores».

Igualmente, han denunciado la «desatención» por parte de la Conselleria de Educación a los centros educativos afectados, el «retraso» en las ayudas a la cultura y la «falta de un plan estratégico», entre otras críticas.

Pasadas las 19.30 horas, los asistentes han realizado un minuto de silencio por las víctimas de la dana. Posteriormente, antes de lo previsto debido a la lluvia, han hecho sonar la alarma de Protección Civil que llegó a los teléfonos de la población el día de la catástrofe.

La protesta ha terminado con aplausos por parte de los manifestantes al grito de «Mazón dimissió», «Mazón a la pressó» y «El 'president' a Picassent», y una figura realizada por la muixeranga de Algemesí.  

La perversa doctrina política del "mal menor" / Lisandro Prieto *


 El objetivo de los modernos es la seguridad de sus goces privados; y llaman libertad a las garantías concedidas por las instituciones de estos mismos goces"

Benjamin Constant

Hace poco tiempo, un gran filósofo y amigo de mis tierras, compartió conmigo un de Jean-Claude Michéa, titulado "El imperio del mal menor" (2007), en el cual se desarrolla una interpretación bastante interesante del "mal menor" como criterio político y ético dominante en la mayoría de las democracias occidentales contemporáneas. 

En una primera aproximación, se propone como una estrategia para evitar grandes calamidades, pero este enfoque prioriza decisiones que, aunque imperfectas, son consideradas menos perjudiciales que las alternativas disponibles. 

La obra precitada ofrece una profunda crítica a este principio, destacando cómo se ha convertido en el pilar de un liberalismo que ha decidido renunciar a los valores trascendentes en favor de una racionalidad meramente utilitarista y pragmática, motivo por el cual consideramos que es valioso realizar, sobre todo en estos días, el análisis pertinente del "mal menor", contrastándolo con las implicaciones para la política real y la ética devastada.

Antes de desarrollar en profundidad la crítica que se propone, debemos tener en cuenta que para Michéa, el "mal menor" es la expresión de un liberalismo político y económico que busca mantener la estabilidad social mediante la renuncia a grandes ideales colectivos. 

Nuestro autor argumenta que este principio es un reflejo de la lógica de una modernidad que privilegia el progreso técnico y el consumo individual sobre la construcción de un bien común. 

En este contexto, entonces, el "mal menor" actúa como una coartada moral para justificar políticas que apuntan directamente a perpetuar desigualdades estructurales y un vacío ético en la esfera pública.

Complementariamente, desde la perspectiva del autor de referencia, se sostiene que el enfoque individualista y moralmente simplista del "mal menor" erosiona los lazos comunitarios, al sustituir valores compartidos por una ética minimalista basada en la tolerancia y un contrato social cada vez más atomizado.

 Ahora bien, cabe preguntarse hasta dónde nos ha llevado esta forma de existir, en tanto que esta obsesión por evitar "mayores males" conduce a toda velocidad a sociedades en las que las decisiones se toman en función de cálculos utilitarios, sacrificando así cualquier aspiración de justicias verdadera o transformación social radical.

Procedamos ahora a intentar comprender lo precedentemente enunciado mediante algunos ejemplos puntuales. En primer lugar, tengamos en cuenta las llamadas "políticas de austeridad económica" en cuanto cómo los gobiernos, en nombre del "mal menor", implementan dichas directrices que perjudican directamente a las clases trabajadoras para evitar supuestas crisis económicas mayores, como la hiperinflación o el colapso financiero. 

Estas decisiones, aunque presentadas como inevitables para "salvarnos", consolidan un sistema económico que prioriza los intereses del capital financiero sobre las necesidades de las personas, perpetuando desigualdades estructurales que, paradójicamente, son aplaudidas incluso por quienes las sufren.

Otro ejemplo que puede servirnos para comprender este asunto es el desarrollo de las intervenciones militares. 

En este caso, el "mal menor" también se utiliza para justificar la invasión militar en nombre de una supuesta estabilidad global: lo que vimos en Irak o Afganistán fueron presentadas como acciones "necesarias" para evitar amenazas mayores, como el terrorismo o la proliferación de armas de destrucción masiva (que por cierto, nunca aparecieron). 

Pues bien, amigos míos, Michéa en este sentido sostendría que estas acciones no sólo fallan en resolver las causas subyacentes de los conflictos, sino que generan nuevas formas de violencia y desestabilización.

También, podríamos considerar brevemente la tolerancia minimalista que se desarrolla en la esfera de "lo público". 

Michéa señala que el énfasis en un ética basada en la tolerancia mínima, como evitar la discriminación explícita, ha reemplazado la construcción de valores compartidos más profundos. 

Por ejemplo, en el ámbito educativo, los programas de inclusión se limitan a medidas superficiales, como la representación simbólica, en lugar de abordar con seriedad las desigualdades estructurales que perpetúan la exclusión social.

Hay más, créame querido amigo lector, mucho más. Otro ejemplo, tan cruel como evidente, es el que podemos apreciar en la desrregulación total de los mercados laborales. En este aspecto puntual, nuestro autor critica cómo los gobiernos optan por flexibilizar las regulaciones laborales en nombre de evitar el desempleo masivo: estas políticas, vistas como el "mal menor", a menudo precarizan el trabajo y aumentan la inseguridad económica, perpetuando un sistema que prioriza las ganancias empresariales sobre el bienestar de los trabajadores.

Finalizando con los ejemplos prácticos, no podemos olvidar lo que sucede con las elecciones políticas. En este contexto, "el mal menor" se manifiesta claramente en los sistemas democráticos, donde los votantes se ven obligados a elegir entre candidatos que representan opciones insatisfactorias. 

Tal es el caso de las elecciones en países occidentales en los que a menudo enfrentan a partidos políticos tradicionales que, aunque diferentes en sus enfoques, comparten una adhesión común a las políticas neoliberales por las cuales ambos se derriten en su deseo. 

Ésto, según Michéa, no hace otra cosa que perpetuar una política que evita rupturas reales con el status quo sobre el cual tantos pregonan querer cambiarlo mientras que, por detrás, no hacen más que profundizarlo.

Procedamos ahora a plantear las críticas al principio del "mal menor" de Michéa, que encuentra ecos en pensadores como Christopher Lasch, quien, en su obra "La rebelión de las élites", denuncia cómo las élites liberales han reducido la política a una gestión técnica, desvinculada de las necesidades reales de los pueblos. 

Ambos autores coinciden en que esta lógica tecnocrática desactiva cualquier atisbo de impulso democrático genuino, al reducir el horizonte político a la elección entre alternativas igualmente insatisfactorias.

Sobre ésto último también tenemos que considerar lo ocurrido con el manejo de la crisis financiera del año 2008, en la que los gobiernos de las principales economías mundiales optaron por rescatar a los bancos y corporaciones con fondos públicos, justificando así estas medidas como un "mal menor" para evitar el colapso del sistema financiero global. 

Sin embargo, esta decisión ignoró por completo, y de manera intencional, las necesidades reales de las comunidades afectadas por las ejecuciones hipotecarias, el desempleo masivo y las políticas de austeridad, reforzando la desconexión entre las élites económicas y la ciudadanía.

Otro claro ejemplo de desconexión lo podemos ver en el ámbito de la discusión por el cambio climático, ante el cual las élites globales han adoptado compromisos mínimos, como los Acuerdos de París, presentándose como el "mal menor" frente a la inacción total. 

No obstante, estas políticas suelen carecer de medidas concretas y efectivas para abordar las causas profundas de la crisis, dejando a las comunidades más pobres en situaciones de mayor riesgo mientras se protege el status quo de las grandes industrias contaminantes.

Ni hablar de lo ocurrido con la gestión de la pandemia de COVID-19. Durante la pandemia, muchos gobiernos optaron por priorizar la reapertura económica frente a la protección de la salud pública, argumentando que un colapso económico sería un "mal mayor". 

Este enfoque tecnocrático y asesino, que desactivó debates democráticos sobre las alternativas posibles, ignoró las necesidades específicas de los sectores más vulnerables, como los trabajadores considerados esenciales o las personas sin el acceso adecuado a una atención médica digna y de calidad.

También, y por último en este aspecto particular, debemos tener en cuenta que la lógica del "mal menor" se observa en la creciente privatización de los servicios esenciales como la educación y la salud, presentada como una solución pragmática frente a la ineficiencia estatal. 

Sin embargo, estas decisiones han logrado la exclusión explícita de las comunidades más carenciadas, consolidando así una gestión técnica de la política que prioriza la eficiencia económica sobre el bienestar común.

Por su parte, el filósofo Slavoj Žižek, desde obras como "En defensa de las causas perdidas" (2008) acompaña a este enfoque, puesto que señala que el principio del "mal menor" puede convertirse en una trampa ideológica: en lugar de cuestionar las raíces de los problemas sociales, esta perspectiva liberal perpetúa el sistema de desprotección social al legitimar decisiones que nunca desafían las estructuras de poder existente. 

Tengamos en cuenta que para este autor, aceptar el "mal menor" equivale a renunciar a la posibilidad de un cambio real, puesto que así se neutraliza la capacidad crítica de los ciudadanos, los cuales, bastante flojos de papeles en cuanto a la formación reflexiva, terminan aplaudiendo las estructuras que los aplastan.

En la obra precitada de Žižek, argumenta que aceptar soluciones de compromiso, como las decisiones basadas en el "mal menor", impide la posibilidad de la gestación de cambios reales en las estructuras de poder. 

Al enfocarse únicamente en lo que es políticamente factible dentro del marco existente, se perpetúa una especie de cinismo colectivo donde las opciones transformadoras se descartan como utópicas, delirantes o inviables.

Previamente, en su obra titulada "El sublime objeto de la ideología" (1989) , Žižek explica cómo el discurso político tecnocrático opera al naturalizar las desigualdades y presentar las condiciones existentes como las únicas posibles. 

Desde esa perspectiva, el "mal menor" sería una herramienta ideológica que se encarga de impedir a los ciudadanos imaginar o luchar por un orden alternativo. En definitiva, Žižek nos sugiere que este enfoque es una estrategia que sirve a las élites para mantener intacto el statu quo, ya que canaliza el descontento hacia elecciones superficiales en lugar de cuestionar las bases estructurales del sistema. Y así nos va...

Frente a las críticas al "mal menor" recién expresadas, tenemos también autores como John Rawls y Jürgen Habermas, que defienden la viabilidad de un liberalismo basado en principios normativos sólidos. Rawls, con su teoría de la justicia como equidad, propuso un modelo en el que las instituciones deben garantizar derechos fundamentales y un mínimo de igualdad, evitando la necesidad de recurrir al cálculo utilitario. 

Por su parte, Habermas abogó por un liberalismo deliberativo, donde el diálogo racional permitiría construir consensos éticos que trasciendan la lógica del "mal menor".

Si bien estos enfoques ofrecen una perspectiva alternativa, en la que el liberalismo no se limita a gestionar crisis, sino que busca fortalecer las bases normativas de la convivencia democrática. Sin embargo, Michéa cuestiona si éstas teorías pueden aplicarse en un contexto dominado por la lógica mercantil, la devastación ética y moral y la fragmentación social actual.  

En fin, queridos amigos, el principio del "mal menor" refleja las tensiones inherentes a las democracias posmodernas, atrapadas en la necesidad de evitar el caos (para las élites) y el anhelo de una justicia transformadora.

La crítica de Michéa nos invita a reflexionar sobre los límites de un enfoque político que renuncia a grandes ideales en nombre de una estabilidad ficticia en la cual participamos muy pocos ciudadanos. 

Rechazar la lógica del "mal menor" no implica optar por el caos, sino recuperar la capacidad de pensar e imaginar alternativas que sean realmente más justas y solidarias puesto que sólo así será posible reconstruir una política que, en lugar de resignarse a lo menos malo, se atreva a perseguir lo verdaderamente bueno.

 

(*) Filósofo y profesor

Regreso de la Ética / Guillermo Herrera *

"Cuando un gobierno es opresivo, el pueblo se vuelve astuto y rebelde" escribió Lao Tse.

Ser rebelde contra el sistema era antes ser de izquierdas, porque la derecha era el sistema. Ahora ser rebelde contra el sistema es ser de derechas, porque la izquierda es el sistema, cuando algunos líderes políticos europeos están tratando de imitar el sistema de control social totalitario de China

El objetivo es siempre mantenernos divididos y enfrentados, porque unidos somos muy peligrosos para el sistema de la Matrix. Hay que trascender la dualidad izquierda-derecha y unirse en el sentido común.

Por mucho que se programe a la juventud, al final los jóvenes siempre llevarán la contraria al sistema establecido porque son rebeldes por instinto. Históricamente, la izquierda se ha asociado con la lucha contra estructuras de poder establecidas, mientras que la derecha ha representado la conservación del orden tradicional. 

Sin embargo, en las últimas décadas, se han invertido estos papeles, donde se han integrado en las instituciones ciertas doctrinas supuestamente ‘progresistas’.

La estructura de poder cambia con el tiempo, y lo que antes era contracultural o antisistema puede volverse parte del establishment o de la clase dirigente.

 Sin embargo, más allá de etiquetas ideológicas, lo esencial es analizar críticamente cada postura y actuar en base a principios sólidos, como la libertad, la justicia y la verdad, en lugar de seguir dogmas o banderas políticas como si fuera un equipo de fútbol.

 Quizás lo más sensato sea buscar soluciones prácticas basadas en la realidad, en lugar de aferrarse a etiquetas políticas.

La realidad suele ser más compleja que una simple dualidad izquierda-derecha. Tanto la izquierda como la derecha pueden tener elementos del sistema y antisistema simultáneamente. 

Trascender las etiquetas ideológicas puede ser positivo para fomentar un debate más constructivo. Lo importante es analizar las propuestas concretas de cada opción, más allá de las etiquetas y mantener una mirada crítica sobre los temas políticos y sociales.

TAOÍSMO

La doctrina política implícita en el Tao Te King se basa en principios como la no interferencia, la humildad y la armonía con el Tao. Lao Tse advierte que cuantas más leyes y regulaciones se impongan, tanto más desorden habrá. 

La confianza en el pueblo y la simplicidad son clave para mantener la armonía social. "Cuando el gobierno es opresivo, el pueblo se vuelve astuto y rebelde."

Lao Tse propone que el mejor gobernante es aquel que interviene lo menos posible en la vida de los seres humanos. La "no acción" no significa inactividad, sino actuar de manera natural, sin forzar ni imponer.

 Un líder sabio guía sin dominar, permitiendo que fluyan las cosas según su propia naturaleza. "Cuando el gobernante hace poco, el pueblo se contenta. Cuando el gobernante actúa mucho, el pueblo se rebela."

El gobernante ideal no busca destacar ni acumular poder, sino que actúa con modestia y sencillez. Lao Tse critica la ostentación y el afán de control, sugiriendo que un líder debe ser como el agua, que beneficia a todos sin competir. "El mejor gobernante es aquel cuya existencia apenas es notada por el pueblo."

El Tao es el principio universal que rige todo. Un buen gobierno debe alinearse con este principio, respetando el flujo natural de la vida y evitando la imposición de normas rígidas o artificiales. La virtud no se impone, sino que surge de manera natural cuando el gobernante actúa con integridad y compasión. 

Un líder virtuoso inspira al pueblo sin necesidad de coerción. "El que es bueno no discute; el que discute no es bueno."

En resumen, la doctrina política de Lao Tse en el Tao Te King aboga por un gobierno minimalista, basado en la humildad, la no interferencia y la alineación con el Tao. Es una filosofía que prioriza la armonía natural y la confianza en la sabiduría intrínseca de los seres humanos, en contraste con el control autoritario o la acumulación de poder.

EEUU

ECONOMÍA

UCRANIA

ASIA

EUROPA

ESPAÑA

AMÉRICAS