lunes, 4 de abril de 2011

Islandia enjaula a sus banqueros

 
REYKJAVIK.- Se busca. Hombre, 48 años, 1,80 metros, 114 kilos. Calvo, ojos azules. La Interpol acompaña esa descripción de una foto en la que aparece un tipo bien afeitado embutido en uno de esos trajes oscuros de 2.000 euros y tocado con un impecable nudo de corbata. Se ve a la legua que se trata de un banquero: este no es uno de esos carteles del salvaje Oeste. La delincuencia ha cambiado mucho con la globalización financiera. Y sin embargo, esta historia tiene ribetes de western de Sam Peckinpah ambientado en el Ártico. 

Esto es Islandia, el lugar donde los bancos quiebran y sus directivos pueden ir a la cárcel sin que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas; la isla donde apenas medio millar de personas armadas con peligrosas cacerolas pueden derrocar un Gobierno. Esto es Islandia, el pedazo de hielo y roca volcánica que un día fue el país más feliz del mundo (así, como suena) y donde ahora los taxistas lanzan las mismas miradas furibundas que en todas partes cuando se les pregunta si están más cabreados con los banqueros o con los políticos. En fin, Esto es Islandia: paraíso sobrenatural, reza el cartel que se divisa desde el avión, antes incluso de desembarcar, publica 'El País'.

El tipo de la foto se llama Sigurdur Einarsson. Era el presidente ejecutivo de uno de los grandes bancos de Islandia y el más temerario de todos ellos, Kaupthing (literalmente, "la plaza del mercado"; los islandeses tienen un extraño sentido del humor, además de una lengua milenaria e impenetrable). Einarsson ya no está en la lista de la Interpol. Fue detenido hace unos días en su mansión de Londres. Y es uno de los protagonistas del libro más leído de Islandia: nueve volúmenes y 2.400 páginas para una especie de saga delirante sobre los desmanes que puede llegar a perpetrar la industria financiera cuando está totalmente fuera de control.

Nueve volúmenes: prácticamente unos episodios nacionales en los que se demuestra que nada de eso fue un accidente. Islandia fue saqueada por no más de 20 o 30 personas. Una docena de banqueros, unos pocos empresarios y un puñado de políticos formaron un grupo salvaje que llevó al país entero a la ruina: 10 de los 63 parlamentarios islandeses, incluidos los dos líderes del partido que ha gobernado casi ininterrumpidamente desde 1944, tenían concedidos préstamos personales por un valor de casi 10 millones de euros por cabeza. 

Está por demostrar que eso sea delito (aunque parece que parte de ese dinero servía para comprar acciones de los propios bancos: para hinchar las cotizaciones), pero al menos es un escándalo mayúsculo.

Islandia es una excepción, una singularidad; una rareza. Y no solo por dejar quebrar sus bancos y perseguir a sus banqueros. La isla es un paisaje lunar con apenas 320.000 habitantes a medio camino entre Europa, EE UU y el círculo polar, con un clima y una geografía extremos, con una de las tradiciones democráticas más antiguas de Europa y, fin de los tópicos, con una gente de indomable carácter y una forma de ser y hacer de lo más peculiar. 

Un lugar donde uno de esos taxistas furibundos, tras dejar atrás la capital, Reikiavik, se adentra en una lengua de tierra rodeada de agua y deja al periodista al pie de la distinguida residencia presidencial, con el mismísimo presidente esperando en el quicio de la puerta: cualquiera puede acercarse sin problemas, no hay medidas de seguridad ni un solo policía. 

Solo el detalle exótico de una enorme piel de oso polar en lo alto de una escalera saca del pasmo a quien en su primera entrevista con un presidente de un país se topa con un mandatario, Ólagur Grímsson, que considera "una locura" que sus conciudadanos "tengan que pagar la factura de su banca sin que se les consulte".

Y del presidente al ciudadano de a pie: de la anécdota a la categoría. Arnar Arinbjarnarsson es capaz de resumir el apocalipsis de Islandia con estupefaciente impavidez, frente a un humeante capuchino en el céntrico Café París, a dos pasos del Althing, el Parlamento. Arnar tiene 33 años y estudió ingeniería en la universidad, pero, al acabar, ni siquiera se le pasó por la cabeza diseñar puentes: uno de los bancos le contrató, pese a carecer de formación financiera. "La banca estaba experimentando un crecimiento explosivo, y para un ingeniero es relativamente sencillo aprender matemática financiera, sobre todo si el sueldo es estratosférico", alega.

Islandia venía de ser el país más pobre de Europa a principios del siglo XX. En los años ochenta, el Gobierno privatizó la pesca: la dividió en cuotas e hizo millonarios a unos cuantos pescadores. A partir de ahí, bajo el influjo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, el país se convirtió en la quintaesencia del modelo liberal, con una política económica de bajos impuestos, privatizaciones, desregulaciones y demás: la sombra de Milton Friedman, que viajó durante esa época a Reikiavik, es alargada. Aquello funcionó. La renta per cápita se situó entre las más altas del mundo, el paro se estabilizó en el 1% y el país invirtió en energía verde, plantas de aluminio y tecnología.

El culmen llegó con el nuevo siglo: el Estado privatizó la banca y los banqueros iniciaron una carrera desaforada por la expansión dentro y fuera del país, ayudados por las manos libres que les dejaba la falta de regulación y por unos tipos de interés en torno al 15% que atraían los ahorros de los dentistas austriacos, los jubilados alemanes y los comerciantes holandeses. 

Una economía sana, asentada sobre sólidas bases, se convirtió en una mesa de black jack. Ni siquiera faltó una campaña nacionalista a favor de la supremacía racial de la casta empresarial, lo que tal vez demuestra lo peligroso que es meter en la cabeza de la gente ese tipo de memeces, ya sea "las casas nunca bajan de precio" o "los islandeses controlan mejor el riesgo por su pasado vikingo".

La fiesta se desbocó: los activos de los bancos llegaron a multiplicar por 12 el PIB. Solo Irlanda, otro ejemplo de modelo liberal, se acerca a esas cifras. Hasta que de la noche a la mañana -con el colapso de Lehman Brothers y el petardazo financiero mundial- todo se desmoronó, en lo que ha sido "el shock más brutal y fulminante de la crisis internacional", asegura Jon Danielsson, de la London School of Economics.

Pero volvamos a Arnar y su relato: "La banca empezó a derrochar dinero en juergas con champán y estrellas del rock; se compró o ayudó a comprar medio Oxford Street, varios clubes de fútbol de la liga inglesa, bancos en Dinamarca, empresas en toda Escandinavia: todo lo que estuviera en venta, y todo a crédito". Los ejecutivos se concedían créditos millonarios a sí mismos, a sus familiares, a sus amigos y a los políticos cercanos, a menudo, sin garantías. La Bolsa multiplicó su valor por nueve entre 2003 y 2007. Los precios de los pisos se triplicaron.

"Los bancos levantaron un obsceno castillo de naipes que se lo llevó todo por delante", cuenta Arnar, que conserva su empleo, pero con la mitad de sueldo. Acaba de comprarse un barco a medias con su padre con la intención de cambiar de vida: quiere dedicarse a la pesca.

La fábula de una isla de pescadores que se convirtió en un país de banqueros tiene moraleja: "Tal vez sea hora de volver al comienzo", reflexiona el ingeniero. "Tal vez todo ese dinero y ese talento que absorbe la banca cuando crece demasiado no solo se convierte en un foco de inestabilidad, sino que detrae recursos de otros sectores y puede llegar a ser nocivo, al impedir que una economía desarrolle todo su potencial", dice el presidente Grímsson.

La magnitud de la catástrofe fue espectacular. La inflación se desbocó, la corona se desplomó, el paro creció a toda velocidad, el PIB ha caído el 15%, los bancos perdieron unos 100.000 millones de dólares (pasará mucho tiempo antes de que haya cifras definitivas) y los islandeses siguieron siendo ricos, más o menos: la mita de ricos que antes. ¿De quién fue la culpa? De los bancos y los banqueros, por supuesto. De sus excesos, de aquella barra libre de crédito, de su desmesurada codicia. Los bancos son el monstruo, la culpa es de ellos y, en todo caso, de los políticos, que les permitieron todo eso. OK. No hay duda. ¿Solamente de los bancos?

"El país entero se vio atrapado en una burbuja. La banca experimentó un desarrollo repentino, algo que ahora vemos como algo estúpido e irresponsable. Pero la gente hizo algo parecido. Las reglas normales de las finanzas quedaron suspendidas y entramos en la era del todo vale: dos casas, tres casas por familia, un Range Rover, una moto de nieve. Los salarios subían, la riqueza parecía salir de la nada, las tarjetas de crédito echaban humo", explica Ásgeir Jonsson, ex economista jefe de Kaupthing. 

El también economista Magnus Skulasson asume que esa locura colectiva llevó a un país entero a parecer dominado por los valores de Wall Street, de la banca de inversión más especulativa. "Los islandeses hemos contribuido decisivamente a que pasara lo que pasó, por permitir que el Gobierno y la banca hicieran lo que hicieron, pero también participamos de esa combinación de codicia y estupidez. Los bancos merecen sentarse en el banquillo y nosotros nos merecemos una parte del castigo: pero solo una parte", afirma en el restaurante de un céntrico hotel.

Una cosa salva a los islandeses, de alguna manera les redime de parte de esos pecados. En su incisivo ¡Indignaos!, Stephane Hessel describe cómo en Europa y EE UU los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado el bache y prosiguen su vida como siempre: han vuelto los beneficios, los bonus, esas cosas. En cambio, sus víctimas no han recuperado el nivel de ingresos, ni mucho menos el empleo. "El poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos", acusa, y, sin embargo, "los banqueros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros", añade en el prólogo del libro el escritor José Luis Sampedro.

Así es: salvo tal vez en el Ártico. Islandia ha hecho un valiente intento de pedir responsabilidades. "Dejar quebrar los bancos y decirles a los acreedores que no van a cobrar todo lo que se les debe ha ayudado a mitigar algunas de las consecuencias de las locuras de sus banqueros", asegura por teléfono desde Tejas el economista James K. Galbraith.

Contada así, la versión islandesa de la crisis tiene un toque romántico. Pero la economía es siempre más prosaica de lo que parece. Hay quien relata una historia distinta: "Simplemente, no había dinero para rescatar a los bancos: de lo contrario, el Estado los habría salvado: ¡Llegamos a pedírselo a Rusia!", critica el politólogo Eirikur Bergmann. "Fue un accidente: no queríamos, pero tuvimos que dejarlos quebrar y ahora los políticos tratan de vender esa leyenda de que Islandia ha dado otra respuesta".

Sea como sea, la crisis ha dejado una cicatriz enorme que sigue bien visible: hay controles de capitales, un delicioso eufemismo de lo que en el hemisferio Sur (y más concretamente en Argentina) suele llamarse corralito. El paro sigue por encima del 8%, tasas desconocidas por estos lares. El desplome de la corona ha empobrecido a todo el país, excepto a las empresas exportadoras.

Cuatro de cada diez hogares se endeudaron en divisas o con créditos vinculados a la inflación (parece que, por lo general, para comprar segundas residencias y coches de lujo), lo que ha dejado un agujero considerable en el bolsillo de la gente. Tras dejar quebrar el sistema bancario, el Estado lo nacionalizó y acabó inyectando montones de dinero -el equivalente a una cuarta parte del PIB- para que la banca no dejara de funcionar, y ahora empieza a reprivatizarlo: la vida, de algún modo, sigue igual.

Todo eso ha elevado la deuda pública por encima del 100% del PIB, y para controlar el déficit tampoco los islandeses se han librado de la oleada de austeridad que recorre Europa desde el Estrecho de Gibraltar hasta la costa de Groenlandia: más impuestos y menos gasto público. Al cabo, Islandia tuvo que pedir un rescate al FMI, y el Fondo ha aplicado las recetas habituales: se han elevado el IRPF y el IVA islandeses y se han creado nuevos impuestos, y por el lado del gasto se han bajado salarios y beneficios sociales y se están cerrando escuelas; se ha reducido el Estado del bienestar. Que es lo que suele suceder cuando de repente un país es menos rico de lo que creía.

"Hemos recorrido una década hacia atrás", cierra Bergman. Y aun así, el Gobierno y el FMI aseguran que Islandia crecerá este año un 3%: el desplome de la corona ha permitido un despegue de las exportaciones, hay sectores punteros -como el aluminio- que están teniendo una crisis muy provechosa, y, al fin y al cabo, Islandia es un país joven con un nivel educativo sobresaliente. Entre la docena de fuentes consultadas para este reportaje, sin embargo, no abunda el optimismo.

Uno de los economistas más brillantes de Islandia, Gylfi Zoega, dibuja un panorama preocupante: "Los bancos aún no son operativos, los balances de las empresas están dañados, el acceso al mercado de capitales está cerrado, el Gobierno muestra una debilidad alarmante. No hay consenso sobre qué lugar deben ocupar Islandia y su economía en el mundo. Vamos a la deriva... No se engañe: ni siquiera el colapso de los bancos fue una elección; no había alternativa. Islandia no puede ser un modelo de nada".

Hay quien duda incluso de que los banqueros den finalmente con sus huesos en la cárcel: "Los ejecutivos han sido detenidos varias veces, y después, puestos en libertad: como tantas otras veces, eso es más un jugueteo con la opinión pública que otra cosa", asegura Jon Danielsson. Hannes Guissurasson, asesor del anterior Gobierno y conocido por su férrea defensa de postulados neoliberales, incluso traza una fina línea entre el delito y algunas de las prácticas bancarias de los últimos años. "Muy pocos banqueros van a ir a la prisión, si es que va alguno: ¿qué ley vulnera la excesiva toma de riesgos?", se pregunta.

Pero los mitos son los mitos (y un periodista debe defender su reportaje hasta el último párrafo) e Islandia deja varias lecciones fundamentales. Una: no está claro si dejar caer un banco es un acto reaccionario o libertario, pero el coste, al menos para Islandia, es sorprendentemente bajo; el PIB de Irlanda (cuyo Gobierno garantizó toda la deuda bancaria) ha caído lo mismo y sus perspectivas de recuperación son peores. Dos: tener moneda propia no es un mal negocio. En caso de apuro se devalúa y santas Pascuas; eso permite salir de la crisis con exportaciones, algo que ni Grecia ni Irlanda (ni España) pueden hacer.

La última y definitiva enseñanza viene de la mano del grupo salvaje, a quien nadie vio venir: ni las agencias de calificación ni los auditores anticiparon los problemas (aunque lo que no descubre una buena auditoría lo destapa una buena crisis: Pricewaterhousecoopers está acusada de negligencia). Pero los problemas estaban ahí: la prueba es que la inmensa mayoría de los ejecutivos de banca están de patitas en la calle y algunos esperan juicio. 

Nuestro Sigurdur Einarsson, el banquero más buscado, se compró una mansión en Chelsea, uno de los barrios más exclusivos de Londres, por 12 millones de euros. La mayoría de los banqueros que tienen problemas con la justicia hicieron lo mismo durante los años del boom, y menos mal que lo hicieron: la gente les abucheaba en el teatro, les tiraba bolas de nieve en plena calle, les lanzaba piropos en los restaurantes o les dejaba ocurrentes pintadas en sus domicilios. Salieron pitando de Islandia.

El caso es que Einarsson no tuvo que marcharse: vivía en su estupenda mansión londinense desde 2005. La hipoteca no era problema: Einarsson decidió alquilársela al banco mientras vivía en la casa; al fin y al cabo, un presidente es un presidente, y ese es el tipo de demostraciones de talento financiero que solo traen sorpresas en el improbable caso de que la justicia se meta por medio. Islandia parece el lugar adecuado para que sucedan cosas improbables: según las estadísticas, más de la mitad de los islandeses cree en los elfos. En el avión de vuelta se entiende mejor la publicidad del aeropuerto, sobre todo porque las fuentes consultadas descartan que, si finalmente hay condena a los banqueros, el Gobierno islandés vaya a conceder un solo indulto. Esto es Islandia: paraíso sobrenatural. ¡Vaya si lo es!

El 'caso Icesave' (y otras rarezas)

El tiburón putrefacto es uno de los platos típicos de Islandia, que tiene una noche inacabable (no solo por las horas de oscuridad), una de las pocas primeras ministras del mundo (Johana Sigurdardottir, abiertamente lesbiana) y un museo de penes (y esto no es una errata). La lista de rarezas es inacabable: es más fácil entrevistar al presidente de Islandia que al alcalde de Reikiavik, Jon Gnarr, célebre por pactar solo con quienes hayan visto las cuatro temporadas de The Wire. Con la crisis, las singularidades han alcanzado incluso al siempre aburrido sector financiero: en Londres han llegado a aplicarle métodos antiterroristas.

Landsbanki, uno de los tres grandes bancos islandeses, abrió una filial por Internet con una cuenta de ahorro a altos tipos de interés, Icesave, que hizo furor entre británicos y holandeses. Cuando las cosas empezaron a torcerse y el Gobierno británico detectó que el banco estaba repatriando capitales, le aplicó la ley antiterrorista para congelar sus fondos. Ese fue el detonante de toda la crisis: provocó la quiebra en cadena de toda la banca. Y sigue dando tremendos dolores de cabeza a Islandia.

Holanda y Reino Unido devolvieron a sus ciudadanos el 100% de los depósitos y ahora exigen ese dinero: 4.000 millones de euros, un tercio del PIB islandés, nada menos. El Gobierno llegó a un acuerdo para que los ciudadanos pagaran en 15 años y al 5,5% de interés: la gente se organizó para echarlo abajo en un referéndum, tras el veto del presidente. 

Así llegó un segundo pacto, más ventajoso (tipos del 3%, a pagar en 37 años), y de nuevo la gente decidirá en abril en referéndum si paga o no por los desmanes de sus bancos. Agni Asgeirsson, ex ejecutivo que fue despedido de Kaupthing y ahora trabaja como ingeniero en Río Tinto, es tajante al respecto: "El primer acuerdo era claramente un fraude. Este es más discutible. No queremos pagar, pero eso añadiría incertidumbre legal sobre el futuro del país. Pero lo interesante es cómo ha reaccionado la gente".

Ese es quizá el mayor atractivo de la respuesta islandesa: la parlamentaria y ex magistrada francesa Eva Joly (a quien se encargó el inicio de la investigación sobre la banca) asegura que lo más llamativo de Islandia es que en un país "que se consideraba a sí mismo un milagro neoliberal, y donde se había perdido gradualmente todo interés por la política, ahora la gente quiere tener su destino en sus propias manos".

"Eso sí: la fe en los políticos y los banqueros tardará en volver, pero que mucho, mucho, tiempo", cierra el cónsul de España, Fridrik S. Kristjánsson.
 

Libia, lo justo y lo injusto / Ignacio Ramonet

"Todos los pueblos del mundo
que han lidiado por la libertad
han exterminado al fin a sus tiranos."
Simón Bolívar



Los insurgentes libios merecen la ayuda de todos los demócratas. El coronel Gadafi es indefendible. La coalición internacional que lo ataca carece de credibilidad. No se construye una democracia con bombas extranjeras. Por ser en parte contradictorias, estas cuatro evidencias nutren cierto malestar, en particular en el seno de las izquierdas, con respecto a la operación Amanecer de la Odisea comenzada el pasado 19 de marzo.

La insurrección de las sociedades árabes constituye el mayor acontecimiento político internacional desde el derrumbe, en Europa, del socialismo autoritario de Estado en 1989. La caída del muro del Miedo en las autocracias árabes es el equivalente contemporáneo de la caída del muro de Berlín. Un auténtico terremoto mundial. Por producirse en el área de mayores reservas de hidrocarburos del planeta, y en el epicentro del "foco perturbador" del mundo (ese "arco de todas las crisis" que va de Pakistán al Sahara Occidental, pasando por Irán, Afganistán, Irak, Líbano, Palestina, Somalia, Sudán, Darfur y Sahel), su onda de expansión modifica toda la geopolítica internacional.

Algo se rompió para siempre en el mundo árabe el pasado 14 de enero. Ese día, manifestantes tunecinos que desde hacía semanas reclamaban en las plazas libertad y democracia, consiguieron derrocar al déspota Ben Alí. Comenzaba el deshielo de las viejas tiranías árabes. Un mes después, en Egipto, corazón de la vida política árabe, un poderoso movimiento de protesta social expulsaba a su vez del poder al general Mubarak. Entonces, como si de repente descubriesen que los regímenes autoritarios, desde Marruecos hasta Bahréin, fuesen colosos con pies de arena, decenas de miles de ciudadanos árabes se lanzaron a las plazas gritando su hartazgo infinito de los ajustes sociales y de las dictaduras (1).

La fuerza espóntanea de estos vientos de libertad sorprendió a todas las cancillerías del mundo. Cuando comenzaron a soplar sobre las dictaduras aliadas de Occidente (en Túnez, Egipto, Marruecos, Jordania, Arabia Saudí, Bahréin, Irak, Yemen), las grandes capitales occidentales, empezando por Washington, Londres y París, se sumieron en un prudente mutismo, o alternaron declaraciones que revelaban su profundo malestar ante el riesgo de ver desaparecer a sus "amigos dictadores" (2).

Mucho más sorprendente fue, durante esta primera fase (de mediados de diciembre a mediados de febrero), el silencio de los gobiernos progresistas de América Latina, considerados por toda una parte de la izquierda internacional como su principal referente contemporáneo. Sorpresa tanto más grande puesto que estos Gobiernos tienen mucho en común con el movimiento insurreccional árabe: habían llegado al poder mediante las urnas, aupados por poderosos movimientos sociales (en Venezuela, Brasil, Uruguay y Paraguay) que, en varios países (Ecuador, Bolivia, Argentina), después de haber resistido a dictaduras militares, también habían derrocado pacíficamente a gobernantes corruptos.

Inmediata debía de haber sido allí la solidaridad con las insurrecciones árabes, réplicas de sus propios alzamientos cívicos. No lo fue. Y eso que el carácter izquierdista del movimiento no ofrecía dudas. El conocido intelectual egipcio Samir Amin lo describe así: "Las fuerzas principales en movimiento durante los meses de enero y de febrero eran de izquierdas. Demostraron que tenían una resonancia popular gigantesca pues llegaron a movilizar a ¡más de quince millones de manifestantes en todo Egipto! Los jóvenes, los comunistas, fragmentos de las clases medias democráticas constituyeron la columna vertebral de ese movimiento" (3).

A pesar de ello, hubo que esperar al 14 de febrero -o sea tres días después de la caída del odiado Mubarak y un día antes del comienzo de la insurrección popular en Libia- para que, por fin, un líder latinoamericano calificase la rebelión árabe de "revolucionaria" en una declaración que explicaba con lucidez: "Los pueblos no desafían la represión y la muerte, ni permanecen noches enteras protestando con energía, por cuestiones simplemente formales. Lo hacen cuando sus derechos legales y materiales son sacrificados sin piedad a las exigencias insaciables de políticos corruptos y de los círculos nacionales e internacionales que saquean el país" (4).

Pero cuando, naturalmente, esa rebelión se extendió a los Estados autoritarios del mal llamado "socialismo árabe" (Argelia, Libia, Siria), cayó de nuevo un pesado mutismo en las capitales del progresismo latinoamericano. Políticamente podía aún interpretarse de dos maneras: simple prolongación del prudente silencio que hasta entonces, globalmente, habían observado esas cancillerías con respecto a acontecimientos muy alejados de sus principales centros de interés; o expresión de un malestar político frente al riesgo de perder, en su pulso con el imperialismo, a aliados estratégicos...

Ante el peligro de que triunfase esta segunda opción, varios intelectuales relevantes (5) avisaron de inmediato que ello significaría algo impensable para Gobiernos seguidores del mensaje universal del bolivarianismo. Porque sería afirmar que una relación estratégica entre Estados es más importante que la solidaridad con los pueblos en lucha. Lo cual conduciría, más tarde o más temprano, a cerrar los ojos ante cualquier eventual atrocidad contra los derechos humanos (6). Y en este caso el ideal solidario de la revolución latinoamericana naufragaría en el helado océano de la Realpolitik.

En el tablero de la política internacional, la Realpolitik (definida por Bismarck, el "canciller de hierro" prusiano, en 1862) considera que los países se reducen a sus Estados. Jamás toma en cuenta a sus sociedades. Según ella, los Estados se mueven sólo en función de sus fríos intereses y de sus alianzas estratégicas (cuya finalidad esencial es la preservación del Estado, no la protección de la sociedad). Desde la paz de Westfalia en 1648, la doctrina geopolítica establece que la soberanía de los Estados es intangible en virtud del principio de no-injerencia, y que un Gobierno, sea cual sea el modo en que llegó al poder, tiene total libertad de hacer lo que quiera en sus asuntos internos.

Semejante idea de la soberanía -que sigue siendo dominante- ha visto erosionada su legitimidad desde el final de la Guerra Fría en 1989. Y ello en nombre de los derechos de los ciudadanos, y de una concepción más ética de las relaciones internacionales. Las dictaduras, cuyo número se reduce de año en año, van resultando cada vez más ilegítimas en criterios del derecho internacional. Y moralmente inaceptables porque, entre otros graves abusos, desposeen a las personas de sus atributos de ciudadano.

Basado en este razonamiento, se desarrolló en los años 1990, el concepto de derecho de injerencia o deber de asistencia que condujo, pese a aceptables pretextos de fachada, a desastres político-humanitarios de gran envergadura en Kosovo, Somalia, Bosnia... Y finalmente, bajo la conducción de los neoconservadores estadounidenes, al desastre total de la guerra de Irak (7).

Pero tan trágicos fracasos no han interrumpido la idea de que un mundo más civilizado debe ir abandonando una concepción de la soberanía interna establecida hace casi cuatro siglos en nombre de la cual poderes no elegidos democráticamente han cometido (y cometen) incontables atrocidades contra sus propios pueblos.

En 2006, las Naciones Unidas, en su Resolución 1674, han hecho de la protección de los civiles, incluso contra su propio Gobierno cuando éste usa armas de guerra para reprimir manifestaciones pacíficas, una cuestión fundamental. Que modifica, por primera vez desde el Tratado de Westfalia, -en materia de derecho internacional- la concepción misma de la soberanía interna y del principio de no-injerencia. La Corte Penal Internacional (CPI), creada en 2002, va en idéntico sentido.

Y en ese mismo espíritu, muchos líderes latinoamericanos denunciaron con justa razón la pasividad o la complicidad de grandes potencias democráticas ante los graves crímenes cometidos contra la población civil, entre 1970 y 1990, por las dictaduras militares en Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y tantos otros países mártires de Centro y Suramérica.

Por eso sorprendió que, cuando en Libia, a partir del 15 de febrero, empezaron las protestas sociales pacíficas, inmediatamente reprimidas por las fuerzas del coronel Gadafi con desmedida violencia (233 muertos en los primeros días) (8), ningún mensaje de solidaridad con los civiles reprimidos llegase de América Latina. Ni tampoco al estallar, el 20 de febrero, el "Tripolitazo": cuando unos 40.000 manifestantes denunciaron la carestía de la vida, la degradación de los servicios públicos, las privatizaciones impuestas por el FMI, y la ausencia de libertades.

Igual que durante el "Caracazo" del 27 de febrero de 1989 en Venezuela, esa insurrección tripolitana, retransmitida por decenas de testigos oculares, se extendió como reguero de pólvora por toda la capital, se multiplicaron las barricadas, ardió la sede del Gobierno, las comisarías fueron incendiadas, los locales de la televisión oficial saqueados, el aeropuerto ocupado y el palacio presidencial asediado. El régimen libio empezó a tambalearse.

En semejantes circunstancias, cualquier otro dirigente razonable hubiese entendido que la hora de negociar y de abandonar el poder había llegado (9). No así el coronel Gadafi. A riesgo de sumir a su país en una guerra civil, el "Guía", en el poder desde hace 42 años, explicó que los manifestantes eran "jóvenes a los que Al Qaeda había drogado echándoles píldoras alucinógenas en el Nescafé"... (10). Y ordenó a las Fuerzas Armadas reprimir las protestas a cañonazos y con fuerza extrema. El canal Al Jazeera mostró los aviones militares ametrallando a los manifestantes civiles (11).

En Bengasi, para defenderse contra la brutalidad de la represión, un grupo de protestatarios asaltó un arsenal de la guarnición local y se apoderó de miles de armas ligeras. Varios destacamentos militares, enviados por Gadafi para sofocar en sangre la protesta, se sumaron, con tanques y pertrechos, a la rebelión. En condiciones muy desfavorables para los insurrectos, empezaba la guerra civil. Un conflicto impuesto por Gadafi contra un pueblo que estaba pidiendo pacíficamente el cambio.

Hasta ese momento, las capitales de la América Latina progresista siguen silenciosas. Ni una palabra de solidaridad, ni tan siquiera de compasión con los rebeldes civiles que luchan y mueren por la libertad.

Hasta que, el 21 de febrero, en un intento de alejar cualquier acusación contra ella, la diplomacia británica -cuya responsabilidad es central en la rehabilitación del coronel Gadafi a partir de 2004 en la escena internacional- por la voz del ministro de Exteriores William Hague, anuncia que el líder libio "podría haber huido de su país y estar dirigiéndose a Venezuela" (12).

Es falso. Y Caracas lo desmiente rotundamente. Pero los medios de comunicación internacionales muerden el cebo, y ponen de inmediato los focos sobre la conexión que el Foreign Office ha sugerido. Minimizando los ostentosos recibimientos del dictador libio en Roma, Londres, París o Madrid, la prensa mundial insiste en las relaciones del "Guía" con Caracas. El propio Gadafi cae en la celada y también menciona a Venezuela en su primer discurso desde el comienzo de las protestas. Lo hace para negar su huida a ese país, pero ello da pie a nuevas especulaciones sobre el "eje Trípoli-Caracas". Gadafi añade: "Los manifestantes son ratas, drogados, un complot de extranjeros, de norteamericanos, de Al Qaeda y de locos" (13).

Esta perezosa jácara del "complot norteamericano" es retomada como argumento por varios dirigentes progresistas suramericanos –Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, entre otros–, para expresar ahora, cada uno a su modo, una clara solidaridad con el dictador libio (14) bajo los sufridos pretextos de que la "situación es confusa", que los "medios de comunicación mienten" y que "nadie sabe quiénes son los rebeldes".

Ni una frase de compunción hacia un pueblo sublevado contra un tirano militar que manda disparar contra sus propios ciudadanos. Ninguna alusión tampoco a la famosa sentencia del Libertador Simón Bolívar: "Maldito sea el soldado que vuelve las armas contra su pueblo", doctrina fundamental del bolivarianismo.

La inmensidad del error político sobrecoge. Una vez más, unos gobiernos progresistas conceden prioridad, en materia de relaciones internacionales, a cínicas consideraciones estratégicas que se hallan en perfecta contradicción con su propia naturaleza política. ¿Les conducirá ese razonamiento a expresar también su apoyo a otro infrecuentable tiranillo local, Bachar El Asad, presidente de Siria, un país que vive bajo estado de alarma desde 1962 y cuyas fuerzas de represión tampoco han dudado en disparar con fuego real contra pacíficos manifestantes desarmados?

En lo que respecta a Libia, la única iniciativa latinoamericana positiva, fue la del presidente de Venezuela Hugo Chávez quien propuso, el 1 de marzo, el envío a Trípoli de una Comisión internacional de mediación constituida por representantes de países del Sur y del Norte para tratar de poner fin a las hostilidades y negociar un acuerdo político entre las partes. Rechazada por Seif el Islam, el hijo del "Guía", pero aceptada por Gadafi, esta importante tentativa de mediación será torpemente descartada por Washington, París, Londres y los propios insurgentes libios.

A partir de ahí, las cancillerías progresistas suramericanas van a insistir en su apoyo a un perfecto iluminado. Hace, en efecto, decenios que Muamar el Gadafi dejó de ser aquel capitán revolucionario que, en 1969, derrocó a la monarquía, expulsó de su país las bases militares estadounidenses y proclamó una singular "República árabe y socialista".

Desde el final de los años 1970, su errática trayectoria y sus delirios ideológicos (véase su disparatado Libro Verde) lo han convertido en un dictador imprevisible, tornadizo y jactancioso. Semejante a aquellos tiranos locos que América Latina conoció en el siglo XIX con el nombre de "caudillos bárbaros" (15). Ejemplos de sus trastornos: la expedición militar de 3.000 hombres que lanzó, en 1978, en auxilio del sanguinario Idi Amín Dadá, otro demente presidente de Uganda... O su afición a un juego erótico con chicas menores llamado "bunga bunga" que le enseñó a su socio italiano Silvio Berlusconi... (16).

Gadafi jamás se ha sometido a ninguna elección. En torno a su imagen ha establecido un culto de la personalidad que linda con el endiosamiento. En la "masocracia" (Jamahiriya) libia no existe ningún partido político, sólo hay "comités revolucionarios". Habiéndose autoproclamado "Guía" vitalicio de su país, el dictador se considera por encima de las leyes. En cambio, el vínculo familiar es, según él, fuente de Derecho. Basado en ello, por antojo, nombró a sus hijos para los puestos de mayor responsabilidad del Estado y los de mayor rentabilidad en los negocios.

Tras la (ilegal) invasión de Irak en 2003, temiendo ser el siguiente de la lista, Gadafi se arrodilló ante Washington, firmó acuerdos con la Administración de Bush, erradicó sus armas de destrucción masiva e indemnizó a las víctimas de sus atentados terroristas. Para complacer a los "neocons" estadounidenses se erigió en un perseguidor de Osama Ben Laden y de la red Al Qaeda. Estableció también acuerdos con la Unión Europea para convertirse en cancerbero retribuido de los emigrantes africanos. Pidió ingresar en el FMI (17), creó zonas especiales de libre comercio, cedió los yacimientos de hidrocarburos a las grandes transnacionales occidentales y eliminó los subsidios a los productos alimenticios de primera necesidad. Inició el proceso de privatización de la economía, lo que provocó un importante aumento del desempleo y agravó las desigualdades.

El "Guía" protestó contra el derrocamiento del dictador tunecino Ben Alí a quien consideraba como "el mejor gobernante de la historia de Túnez". En materia de inhumanidad, sus fechorías son incontables. Desde su apoyo a conocidas organizaciones terroristas hasta su demostrada participación en atentados contra aviones civiles, pasando por su encarnizamiento contra cinco inocentes enfermeras búlgaras torturadas durante años en prisión, o el fusilamiento sin juicio, en la siniestra cárcel Abú Salim de Trípoli, en 1996, de un millar de prisioneros originarios de Bengasi (18).

La actual revuelta empezó precisamente en esa ciudad cuando, el 15 de febrero, las familias de estos fusilados, animadas por las protestas en los países árabes, se echaron a la calle para exigir pacíficamente la liberación del abogado Fathy Terbil quien, desde hace quince años, defiende el derecho a recuperar los cuerpos de sus parientes ejecutados (19). Las imágenes mostrando la brutalidad de la represión de esta manifestación –difundidas por las redes sociales y el canal Al Jazeera– escandalizaron a la población. Al día siguiente, las protestas se habían ampliado masivamente y extendido a otras ciudades. Sólo en Bengasi, 35 personas fueron asesinadas por la policía y las milicias gadafistas (20).

Tan alto grado de ensañamiento contra la población civil (21) hizo legítimamente temer, a mediados de marzo, cuando las huestes gadafistas empezaron a cercar Bengasi, que se cometiese un baño de sangre. En un discurso dirigido a "las ratas" de esa ciudad, el "Guía" dejó muy claras sus intenciones: "Llegamos esta noche. Empezad a prepararos. Os iremos a sacar del fondo de vuestros armarios. No habrá piedad" (22).

En ayuda de los asediados libios, que reclamaban a gritos ayuda internacional (23), deberían haber acudido en primer lugar los pueblos recientemente liberados de Túnez y Egipto. Era su responsabilidad principal. Pero lamentablemente los Gobiernos de estos dos países no supieron estar a la altura de las circunstancias históricas.

En ese contexto de urgencia, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó, el 17 de marzo, la resolución 1973 que establece un régimen de exclusión aérea en Libia con el fin de proteger a la población civil y hacer cesar las hostilidades (24). La Liga Árabe había dado su acuerdo preliminar. Y, cosa excepcional, la resolución fue presentada por un Estado árabe: el Líbano (además de Francia y Reino Unido). Ni China, ni Rusia, que disponen de derecho de veto, se opusieron. Brasil y la India tampoco votaron en contra. Varios países africanos se pronunciaron a favor: Sudáfrica (la patria de Mandela), Nigeria y Gabón. Ningún Estado se opuso.

Se puede estar en contra de la estructura actual de Naciones Unidas, o estimar que su funcionamiento deja mucho que desear. O que las potencias occidentales dominan esa organización. Son críticas aceptables. Pero, por ahora, la ONU constituye la única fuente de derecho internacional. En ese sentido, y contrariamente a las guerras de Kosovo o de Irak que nunca tuvieron el aval de la ONU, la intervención actual en Libia es legal, según el derecho internacional; legítima, según los principios de la solidaridad entre demócratas; y deseable, para la fraternidad internacionalista que une a los pueblos en lucha por su libertad.

Se podría añadir que potencias musulmanas reticentes en un primer momento como Turquía han acabado por participar en la operación.

Se podría recordar también que si Gadafi, como era su intención, hubiese anegado en sangre la insurrección popular, habría enviado una señal de vía libre a los demás tiranos de la región. Alentándolos de ese modo a aplastar ellos también, sin miramientos, las protestas locales. Basta con observar que, en cuanto las tropas de Gadafi se aproximaron a sangre y fuego en medio de la pasividad internacional a Bengasi, los regímenes de Bahréin y de Yemen no dudaron ya en disparar con fuego real contra los manifestantes pacíficos. No lo habían hecho hasta entonces. Pero apostaron a su vez por el inmovilismo internacional.

La Unión Europea, en particular, tiene una responsabilidad específica en este asunto. No sólo militar. Es menester pensar en la próxima etapa de consolidación de las nuevas democracias que van a ir surgiendo en esta región tan vecina. Apoyar la "primavera árabe" supone asimismo el lanzamiento de un verdadero "Plan Marshall", o sea, una ayuda económica masiva "semejante a la que se ofreció a Europa del Este después de la caída del muro de Berlín" (25).

¿Significa todo esto que la operación Amanecer de la Odisea no plantea problemas? En absoluto. En primer lugar, porque los Estados u Organizaciones que la capitanean (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, OTAN) son los "sospechosos habituales" implicados en múltiples aventuras guerreras sin la mínima cobertura legal, legítima o humanitaria. Aunque esta vez los objetivos de solidaridad democrática parecen más evidentes que los nexos con la seguridad nacional de Estados Unidos, cabe preguntarse ¿desde cuándo les ha importado a estas potencias la democracia en Libia? Por ello carecen de credibilidad.

Segundo: existen otras injusticias en esta misma región -el sufrimiento palestino, la intervención militar saudí en Bahréin contra la indefensa mayoría chií, la desproporcionada brutalidad de los Gobiernos de Yemen y de Siria...- ante las cuales las mismas potencias que atacan a Gadafi hacen la vista gorda dando prueba de una doble moral.

Tercero: el objetivo debe ser el que fija la resolución 1973, y sólo ése: ni invasión terrestre, ni víctimas civiles. La ONU no ha dado licencia para derrocar a Gadafi, aunque bien parece que ese sea el objetivo final (e ilegal) de la operación. En ningún caso esta intervención debe servir de precedente para otras aventuras guerreras contra Estados situados en el punto de mira de las potencias occidentales dominantes.

Cuarto: la historia enseña (y el caso de Afganistán lo demuestra) que es más fácil entrar en una guerra que salir de ella. Y quinto: el olor a petróleo de toda esta operación apesta.

Los pueblos árabes están sin duda sopesando lo justo y lo injusto de la actual intervención militar en Libia. En su gran mayoría apoyan a los insurgentes (aunque se siga sin saber bien quiénes son y aunque se sospeche que varios elementos indeseables figuran en el actual Consejo Nacional de Transición). Por el momento, hasta finales de marzo, en ninguna capital árabe se han producido manifestaciones de rechazo a la operación. Al contrario, como estimuladas por ella, nuevas protestas contra las autocracias se intensificaron en Marruecos, Yemen, Bahréin... Y sobre todo en Siria.

Obtenida la zona de exclusión aérea y a salvo ya la población civil de Bengasi, las dos principales exigencias de la Resolución 1973 estaban cumplidas a finales de marzo. Aunque otras demandas no lo estaban aún (el cese el fuego por parte de las fuerzas gadafistas, y la garantía por éstas de acceso seguro a la ayuda humanitaria internacional), a partir de ese momento los bombardeos debieron cesar. Tanto más cuanto la OTAN, que no ha recibido mandato internacional para ello, ha asumido el 31 de marzo el liderazgo militar de la ofensiva. La Resolución tampoco autoriza a armar, entrenar y dirigir militarmente a los rebeldes. Porque ello supone un mínimo de fuerzas extranjeras ("comandos especiales") presentes en el suelo libio, lo cual está explícitamente excluido por la resolución 1973 del Consejo de Seguridad.

Es urgente que los miembros de ese Consejo de la ONU vuelvan ahora a consultarse; que se tenga en cuenta la posición de China, Rusia, la India y Brasil para imponer un alto el fuego inmediato y buscar una salida no militar al drama libio.

Una solución que tome en cuenta también la iniciativa de la Unión Africana, garantice la integridad territorial de Libia, impida toda invasión terrestre de fuerzas extranjeras, preserve las riquezas del subsuelo contra la rapacidad de algunas potencias foráneas, ponga fin a la tiranía, y reafirme la aspiración a la libertad y a la democracia de los ciudadanos.

En Libia, sólo una salida política negociada por todas las partes será justa.


(1) Léase Ignacio Ramonet, “Cinco causas de la insurrección árabe”, Le Monde diplomatique en español, marzo de 2011.
(2) Léase Ignacio Ramonet, "Túnez, Egipto, Marruecos, esas dictaduras amigas", www.monde-diplomatique.es/
(3) Christophe Ventura, "Entrevista con Samir Amin", Mémoire des luttes, París, 29 de marzo de 2011.
(4) Fidel Castro, "La Rebelión Revolucionaria en Egipto", Granma, La Habana, 14 de febrero de 2011.
(5) Léase, por ejemplo, Santiago Alba y Alma Allende, "Del mundo árabe a América Latina", Rebelión, 24 de febrero de 2011; y Atilio Borón, "No abandonar a los pueblos árabes", Página 12, Buenos Aires, 7 de marzo de 2011.
(6) Error que ya cometió dos veces la revolución cubana cuando apoyó la intervención militar del Pacto de Varsovia en Praga para aplastar la insurrección popular checoslovaca en agosto de 1968, y cuando aprobó la invasión de Afganistán por la Unión Soviética en diciembre de 1979.
(7) Léase Ignacio Ramonet, Irak, historia de un desastre, Debate, Madrid, 2005.
(8) Agencia Reuters, 21 de febrero de 2011.(9) En América Latina, ante protestas populares de gran envergadura, varios presidentes (elegidos democráticamente) se resignaron a renunciar a su cargo. Tres de ellos en Ecuador: Abdalá Bucarán, "por incapacidad mental", en 1997; Jamil Mahuad, en 2000; y Lucio Gutiérrez, en 2002. Dos en Bolivia: Gonzalo Sánchez de Lozada, en 2003; y Carlos Mesa, en 2005. Uno en Perú, Alberto Fujimori, en 2000. Y otro en Argentina, Fernando de la Rúa, en 2001.
(10) El País, Madrid, 24 de marzo de 2011.(11) The Guardian, Londres, 21 de febrero de 2011.
(12) Agencia AFP, 21 de febrero de 2011.(13) www.rue89.com/2011/02/22/kadhafi-je-suis-a-tripoli-pas-au-venezuela-191416
(14) El más antiimperialista de los líderes árabes, Hassan Nasrallah, secretario general del Hezbolá libanés, ha declarado que es "irracional" decir que las revoluciones árabes, y singularmente la libia (que cuenta también con el apoyo de Irán), fueron preparadas en cocinas estadounidenses. Discurso del Hassan Nasrallah, 19 de marzo de 2011. http://www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=5&id=&inicio=0
(15) Alcides Arguedas, Los Caudillos bárbaros, editorial Vda L. Tasso, Barcelona, 1929. Léase también Max Daireaux, Melgarejo, Editorial Andina, Buenos Aires, 1966.
(16) Cf. Quentin Girard, "Toi vouloir faire bunga-bunga?", Slate, París, 12 de noviembre de 2010. http://www.slate.fr/story/30061/bunga-bunga-berlusconi
(17) Léase "Le Rapport du FMI qui félicite la Libye", in Mémoire des luttes, París, 11 de marzo de 2011. http://www.medelu.org/spip.php?article761
(18) Léase, Brian May, "Informe sobre Libia", Amnistía Internacional, Londres, 27 de mayo de 2010. http://www.amnesty.be/doc/communiques-et-publications/Les-rapports-annuels/Le-rapport-annuel-2010/Moyen-Orient-et-Afrique-du-nord,2038/article/libye-16281
(19) Cf. Evan Hill, "The day the Katiba fell", Al Jazeera English, 2 de marzo de 2011. http://english.aljazeera.net/indepth/spotlight/libya/2011/03/20113175840189620.html
(20) Ibid.
(21) Estos y otros crímenes han conducido al fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, el argentino Luis Moreno Ocampo, a abrir una investigación contra Muamar el Gadafi, acusado de "crímenes contra la humanidad" por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
(22) Agencia AFP, 17 de marzo de 2011.
(23) Léase Khaled Al-Dakhil, "Pourquoi tant d'hésitations?", Al-Hayat, Londres (reproducido por Courrier Internacional, París, 17 de marzo de 2011).
(24) http://www.un.org/spanish/docs/sc/
(25) Nouriel Roubini, "Un plan Marshall pour le printemps arabe", Les Échos, París, 21 de marzo de 2011.

La crisis financiera sistémica actual / Ángel Tomás Martín *

Por ignorar la historia de las crisis
del siglo pasado sobrevino la más
grave, iniciada en el último trimestre
de 2007.


IDEAS PREVIAS

Nos encontramos ante la crisis sufrida más dura incluso que la padecida en los años 30 del siglo pasado. Era lógico que la inestabilidad creciente del sistema financiero arrastrara a la economía real.

La estrategia que ha asumido el sector financiero, ha devenido en inestabilidad y asunción de un riesgo creciente, forzado por la ambición desmedida de los mercados especulativos internacionales que arrebataron el protagonismo internacional a la “practica comercial bancaria”, lo que nos ha conducido irremediablemente a la mayor burbuja financiera conocida. La inestabilidad y la crisis generalizada han repercutido en la sociedad y en el mercado de trabajo.

Esta situación está llevando a una nueva ordenación del sistema financiero internacional, que ha de ser muy inteligente y rápido, pues nuevos errores podían no ser asumibles por la estructura de la economía globalizada actual.

Si lo países anglosajones percibieron los beneficios de una economía creciente, también han sido los responsables de la burbuja que aún nos envuelve. Ahora la nueva ordenación y su imprescindible control futuro han de nacer de ellos y secundarla el resto de los mercados.

El reconocimiento de la crisis fue tardío, y la adopción de medidas correctoras lenta y con grave perjuicio para la urgente salida de la recesión que padecemos.

Han trascurrido más de tres años desde que se declaró y la consecuente fragilidad de las instituciones siempre proporciona recesión, empujada por la existencia de activos supervalorados en las entidades financieras.

Por otro lado, a los hechos expuestos, se suman los exagerados endeudamientos externos, a los que hemos de sumar el interno de las corporaciones y empresas.

No olvidemos que en el segundo y tercer trimestre de 2008, ocho grandes instituciones americanas quebraron, y 20 bancos europeos, (en 10 países), tuvieron que ser refinanciados. Sin estas medidas no se hubieran podido evitar nuevos desequilibrios
con peores consecuencias.

BREVE HISTORIA

La primera noticia que se conoce públicamente procedió de H.M. Paulson, Secretario del Tesoro de EE.UU., quien a mediados del 2006 manifestó la inseguridad del sistema bancario empujado por el crecimiento de los “productos derivados”, los cuales eran objeto de una especulación desmedida.

Sin embargo, otros agentes agravaron en extremo la situación: las hipotecas inmobiliarias indiscriminadas llamadas “Subprime” y la alta morosidad procedente de las mismas. Fue a mediados de 2007 cuando comenzaron las primeras insolvencias bancarias, que incomprensiblemente aplicaban demasiada tesorería fuera de balance en inversiones hipotecarias.

El mercado empezó a perder la confianza depositada ante una debilidad imposible de ocultar, y es en el 2008 cuando se produce la alarmante quiebra de Lehman Brothers, cuyo principal ejecutivo Fuld llevó a cabo la peor gestión bancaria de todos los tiempos. La alarma estaba servida y los bancos centrales se ven obligados a aportar cuantiosa tesorería al sistema financiero, y en determinados casos se nacionalizaron algunas entidades en EE.UU. y Reino Unido. Esto afectó en cascada a empresas de seguros, bancos comerciales, fondos de inversión y agencias públicas de adquisición de viviendas. Desde entonces las intervenciones en el sistema financiero se vienen sucediendo, sin que hasta la fecha el sistema crediticio haya vuelto a la normalidad.

Todo lo anterior se agrava por los déficits contraídos por los Estados y corporaciones públicas, que actuaron alegremente en un medio creciente de falsa bonanza basada en la construcción.  LA DEPRESIÓN DE 1930 SE REPETÍA.

Resulta curioso que China, con su fondo soberano, reconociera la evidente crisis y no aceptó ayudar a Lehman Brothers.

Como es sabido la crisis del sector financiero se extendió rápidamente, primero en EE.UU. y luego se generalizó con rapidez insospechada. En algunos países no se vió o no se quiso ver, y la falta de reconocimiento y el retardo de las medidas correctoras presentó a una situación aún delicada.

DIAGNÓSTICO

No existen acuerdos colectivos ni una calificación o diagnóstico consensuado, y aunque en determinados Estados se va superando el riesgo gravísimo que ofreció la crisis, hay otros que permanecen sumidos en ella. Hay obsesión porque crezca la economía, alarma por el ascenso desbocado de la deuda pública, inquietud por la necesaria recapitalización del sistema financiero, y temor a una nueva crisis financiera.

Lo que resulta incuestionable es que sin empresas saneadas, innovadoras y competitivas, no se resolverá nuestra maltrecha macroeconomía, ni se reducirá la tasa de paro. Por otro lado, el esfuerzo necesario para reducir el endeudamiento familiar restringe el consumo e impide el crecimiento.

Observamos como se estimula la urgente concentración de las entidades de crédito, ya que los poderes políticos consideran que aumentar el tamaño de las mismas las consolida y las aleja de posibles quiebras. Esto en determinados casos es necesario, pero generalizar resulta altamente peligroso. Consolidar balances sanos con otros de mala situación económico-financiera es rechazable, y acumular poder en grandes grupos financieros puede ir en contra de un sistema de mercados libres y competitivos, que en la mayoría de los casos abre el acceso, no deseable, al poder político.

Ya en el 2009 Greenspan sentenció: “Si son demasiado grandes para caer es porque son demasiado grandes”. En algunos casos se dividieron entidades financieras por especialidades, que resultaron más rentables y colaboradoras al mejor desarrollo del colectivo empresarial.

Lo que si podemos afirmar es que la crisis actual es esencialmente financiera e internacional, iniciada en EE.UU. y extendida rápidamente a Europa. Su nacimiento fue consecuencia de las hipotecas de mala calidad y de la afluencia de la moneda hacia “productos estructurales especulativos engañosos en un mercado interrelacionado”. Observemos que los países emergentes casi no han sufrido nuestra crisis al no seguir nuestros criterios equivocados. En la actualidad acumulan tesorería sobrante tras la que andamos los países en crisis.

Un buen diagnóstico sólo se lograría llevando a cabo tests de resistencia individuales y colectivos en los componentes del sistema financiero, pero no habiéndose llevado a cabo todavía debemos atrevernos a exponerlo de manera sintética, a sabiendas de que no puede ser exhaustivo:

1.- El crédito a empresas y familias es muy escaso, ocasionando un impacto negativo en el consumo y en la actividad empresarial.

La integración de activos tóxicos en los balances financieros, no solo absorbe tesorería, sino que falsea los activos en el balance e incrementa de forma alarmante la morosidad (actualmente supera el 6%). La tesorería disponible huye hacia otras inversiones consideradas más seguras y con garantía de los estados.

La historia nos enseña que no se normaliza el crédito hasta pasados entre 3 y 5 años una vez conseguida la estabilización. Lógicamente el crédito no acude a la economía real al comienzo de la recuperación, pues tiene que desinvertir y aplicarlo al sistema tradicional de donde no debió salir.

2.- Un menor crecimiento es otra de las consecuencias de la restricción crediticia, con clara disminución del dinamismo empresarial.

3.- Crecimiento de la inflación ocasionada por una inversión crediticia inferior al consumo.

4.- Una productividad anticuada y lenta que perjudica a la exportación, a la balanza comercial, que retarda el crecimiento productivo y fomenta el paro.

5.- Necesidad de abrir nuevos sectores de desarrollo económico. La paralización de la construcción y su nefasta repercusión en la economía real, no ha sido sustituida por otras fuentes de riqueza (sobre todo en España). Su retraso puede resultar letal.

6.- Una fiscalidad de espaldas a la crisis, que solo acude al déficit presupuestario y a las obligaciones de pago por endeudamiento exterior e interior.

7.- Una reglamentación laboral, no concordante con la crisis y la necesidad imperiosa de estabilizarla y promover el crecimiento.

8.- Un sistema de pensiones desfasado e inadaptado a la realidad actual.

El fondo debe constituirse mediante un estudio actuarial profundo, actualizado y real, fondo que debe ser intocable.

Otros puntos podían añadirse, pero los expuestos son preferentes y urgentísimos.

Tengamos en cuenta que, de acuerdo con Hayek premio nobel de Economía, la gran “planificación económica” no debe construirse de espaldas a una libertad de mercado, pues de lo contrario podíamos caer en una pérdida de las libertades.

(*) Doctor en Economía y empresario

Normalidad hoy en las oficinas de Caja Mediterráneo

ALICANTE.- La normalidad ha sido absoluta esta mañana de lunes en todas las oficinas de Caja Mediterráneo, según fuentes de la representación sindical de los 6.000 trabajadores. Todas las oficinas de la red han operado como cualquier otro día y los clientes no han hecho más preguntas a los empleados de las habituales pese al fín de semana de fuerte impacto mediático sobre la entidad.

Los cajeros tampoco han tenido mayores incidencias durante el fin de semana y el flujo de efectivo se ha mantenido constante dentro de lo que viene siendo habitual para estas fechas de mayores salidas y gasto. El volumen manejado no ha variado sustancialmente, siempre según las mismas fuentes.

El fuerte rumor de una eventual fusión entre Caja Mediterráneo e Ibercaja, sin perjuicio de las peticiones de capital al FROB, ha venido como un bálsamo para suavizar la lógica inquietud de algunos empleados más jóvenes aunque la reciente intervención en Radio Nacional de España de un catedrático de Derecho Financiero de la Universidad de Madrid, en el sentido de que los impositores y clientes de la entidad murciano-alicantina no corren ningún riesgo, tranquilizó fundamentalmente a los directores de sucúrsal de cara a un hipotético abandono por parte de determinados sectores de la clientela.

Los expertos vaticinan que Caja Mediterráneo no caerá aunque un ERE preceptivo reduzca su plantilla en unas 1.000 personas y tenga que cerrar una sexta parte de su actual red de oficinas. 

"Sabe que lo peor que le podrá pasar es caer, quizá temporalmente, en manos del FROB, que más que mecanismo de último recurso es un comodín en la negociación. Entre acabar en manos de un banco, de otra caja o del FROB, el gestor de la entidad elige. Y decide. Y, cuando las cosas están realmente mal, el contribuyente acude al rescate", se escribe hoy en el prestigioso diario económico 'Cinco Días'.

La Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) se desplomó un 5,69% al cierre de la sesión, en la Bolsa de Madrid, la mayor caída desde el 22 de marzo (-7,66%), lo que situó el precio de sus acciones en 5,80 euros, el nivel más bajo en un año.


   La entidad moderó su descenso minutos antes del cierre, ya que durante algunos momentos llegó a ceder un 10%. En concreto, las cuotas participativas de la Caja cayeron un 9,27% a mediodía y se situaron en 5,58 euros. A pesar de que la entidad logró recuperar posiciones ha cerrado por debajo del precio de su salida a Bolsa en julio de 2008 (5,84 euros).

   La caja anunció el viernes su conversión en banco y la solicitud de 2.800 millones de euros al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). El mercado ha acogido de forma negativa el plan de la entidad y ha castigado duramente a sus títulos, que acumulan un descenso del 8,37% en cuatro días.

   El pasado miércoles, todas las entidades que integraban el SIP Banco Base, a excepción de la CAM, votaron en contra de esta integración y el Banco de España urgió a las cajas a comunicar "inmediatamente" sus estrategias.

   La caja murciano-alicantina, que contemplaba varias alternativas, se decantó finalmente por su bancarización con ayuda pública. No obstante, dejó abierta la posibilidad de sumar nuevos socios.

Rajoy mantendrá a Camps como candidato aunque se le abra juicio oral

MADRID.- El líder del PP, Mariano Rajoy, ha asegurado que mantendrá a Francisco Camps como candidato del PP a la presidencia de la Generalitat valenciana en las elecciones del 22 de mayo aunque se abra juicio oral contra él por el llamado caso de los trajes presuntamente regalados por la trama Gürtel.

   "Camps es candidato porque la gente allí en Valencia quiere y, en lo que toca a mi capacidad de decidir, porque creo profundamente que es un hombre honrado que no se ha vendido por tres trajes como algunos malidicentemente han llegado a decir", ha declarado en una entrevista en la Cadena Ser. Cuando se le ha dicho que el caso Gürtel no son tres trajes, Rajoy ha recalcado: "El señor Camps está acusado de tres trajes".
   En estas semanas, fuentes de la dirección nacional auguraban que a principios de mayo se sabrá si se abre juicio oral contra el presidente de la Generalitat valenciana, coincidiendo así con el pistoletazo de salida de la campaña electoral para las autonómicas y municipales.
   Al ser preguntado qué hará si en campaña se abre juicio oral contra Camps, el presidente del PP ha respondido lacónico: "Nada. Camps es el candidato". Y a renglón seguido ha apostillado: "Lo mantengo como candidato". 
A su entender, con esta forma de actuar se defiende la "honradez" del presidente de la Generalitat. "Y no creo que porque se abra juicio oral, eso ya significa que una persona ya esté condenada", ha apostillado.
   Rajoy ha justificado esta decisión en que "todos los casos no son iguales" y ha recordado que el presidente del PP de Canarias, José Manuel Soria, estuvo "imputado" y "perseguido durante seis meses". 
Según ha señalado, "todos" le pedían su cese "inmediato" y, sin embargo, "fue desimputado absolutamente" y el juez "dio carpetazo" a aquel caso.

domingo, 3 de abril de 2011

Los electores elegirán 40 diputados autonómicos por Valencia, 35 por Alicante y 24 por Castellón

VALENCIA.- Los electores de la Comunitat Valenciana, en los próximos comicios autonómicos del 22 de mayo, elegirán 40 diputados por Valencia, 35 por Alicante y 24 por Castellón, que ocuparán los 99 escaños de las Corts Valencianes.

   Así se recoge en la página web puesta en marcha por la Generalitat de cara a los próximos comicios -- www.eleccions2011.gva.es--, consultada por Europa Press, que indica que Valencia cuenta con 2.581.147 habitantes, lo que supone el 50,49 por ciento de los de la Comunitat, y estará representada por 40 diputados, es decir, el 40,4 por ciento del total de las Corts.
   Por su parte, la provincia de Alicante, con 1.926.285 vecinos, es decir, con el 37,68 por ciento de los de la comunidad autónoma, contará con el 35,35 por ciento de la representación del parlamento valenciano, al tener 35 diputados.
   Asimismo, Castellón, que tiene 604.274 personas, el 11,82 por ciento del total de la Comunitat, estará presente en las Corts con 24 diputados, cifra que representa el 24,24 por ciento de todos los parlamentarios.
   En las últimas elecciones autonómicas, celebras en 2007, el PPCV obtuvo el 54,4 por ciento de los votos emitidos en la Comunitat, el PSPV contó con el 35 por ciento, y la coalición Compromís --en la que concurrieron el Bloc y EUPV, junto a otras formaciones políticas-- logró el 8,9 por ciento de los apoyos.
   La Junta Electoral de la Comunitat Valenciana ya se ha constituido y está encabezada por la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV), Pilar de la Oliva. Francisco Visiedo es el secretario y Javier Muñoz el delegado de la Oficina del Censo.
   Por su parte, el magistrado del TSJCV Juan Climent ha sido elegido vicepresidente de la Junta. El resto de vocales que integran este órgano electoral son Tomás Sala, Francisco Javier Orduña, Remedios Sánchez, Antonio Vicente Cots y María Montés.
   Por otro lado, esta misma semana se ha abierto el plazo para solicitar el voto por correo y el de los residentes en el extranjero, así como para pedir el voto accesible. Además, aquellas personas que se encuentren temporalmente fuera del territorio nacional y prevean permanecer en esta situación hasta el día de la votación, ya pueden pedir el certificado de inscripción en el Censo Electoral a la Delegación Provincial de la Oficina de Censo Electoral

Chacón dice a Camps que "debe dar la talla en el Parlamento, no en los probadores"


ELCHE.- La ministra de Defensa, Carme Chacón, ha lamentado este domingo la "falta de escrúpulos democráticos con los que se conducen los dirigentes del PP en la Comunitat Valenciana", y ha recordado al presidente de la Generalitat, Francisco Camps, que "los políticos en democracia tienen que dar la talla en el Parlamento, no en los probadores".

   En su intervención en el acto de presentación de candidaturas municipales de la provincia de Alicante celebrado en la Institución Ferial Alicantina (IFA), la ministra ha considerado que "lo peor" de los dirigentes del PP valencianos es "cómo se manejan con el tema Gürtel y el desprecio y cómo tratan a quienes quieren saber", en alusión al proceso judicial abierto contra el portavoz socialista en las Corts, Ángel Luna, también presente en el acto.
   Así, ha recordado a Francisco Camps que los dirigentes están obligados a "dar cuentas a sus ciudadanos de lo que hacen", aunque en su lugar, el PP valenciano los somete a "los tres males" que Chacón ha enumerado como "la falta de escrúpulos democráticos, el derroche obsceno de dinero público, que se ha convertido en marca de esta Comunidad, y el abandono de los servicios públicos".
   Así, ha condenado el "desprecio al discrepante" del PP y el modo en que "tratan a quien quiere denunciar y a quien quiere aclarar sobre qué ha sucedido", que según ha dicho, se ha puesto de manifiesto "no sólo con Gürtel, sino con la manipulación de Canal 9, el trato que le dieron a Leire Pajín" cuando fue propuesta como senadora de la Comunitat Valenciana.
   "Además, hablo de las chanzas que se traen con nuestro brillante y magnífico portavoz, cada vez que trata de denunciar toda esa corrupción, y pedir que se aclaren los movimientos oscuros de los dirigentes de esta Comunidad", ha añadido.
   En cuanto al gasto en las cuentas públicas, la ministra ha lamentado que "de capricho en capricho y de fasto en fasto, la Fórmula 1 se ha dejado ya 200 millones de euros que vienen del trabajo de los ciudadanos", y que la Ciudad de las Artes y las Ciencias "tiene un desvío de 625 millones de euros".
   "Entiendo también el derroche, porque alguien que está acostumbrado a no pagar sus cosas el dinero de los demás lo maneja como lo maneja", ha apuntado al respecto en tono irónico.
   Chacón ha animado a los presentes a cambiar este escenario de "derroche, corrupción, y obscenidad democrática" el próximo día 22 de mayo. "Se puede cambiar, y tiene que empezar por Alicante, porque sois la provincia más castigada por el PP, porque entre sus peleas los que han perdido son los ciudadanos", ha añadido.
   En esta línea, el candidato socialista a la Presidencia de la Generalitat valenciana y secretario general del PSPV, Jorge Alarte, se ha mostrado "orgulloso de militar en el PSOE" y ha considerado que" cuando la historia escriba el nombre de Rodríguez Zapatero, al lado de su nombre aparecerán las palabras igualdad, derechos para todos y libertad".
   Por el contrario, "al lado del nombre del presidente Francisco Camps se escribirán las palabras corrupción, moroso y mentiroso", ha asegurado, al tiempo que ha augurado que éste "pagará en las urnas los errores de los últimos 15 años, y la situación de debilidad en la que ha dejado a Caja Mediterráneo".
   Alarte también se ha referido a la manera de hacer política del presidente del PP, Mariano Rajoy, que "trata de aprovecharse de las desgracias y de los problemas de los ciudadanos", en una actitud que ha calificado como de "miseria política".
   El candidato autonómico y portavoz del PSPV en las Corts Valencianes, Ángel Luna, también ha tomado parte en el acto, para mostrar su disposición de continuar su "pelea" contra la corrupción, que en la Comunitat Valenciana está "generalizada" y se encuentra en el "corazón mismo del sistema".
   Frente a la denuncia de las irregularidades por parte del PSPV, Luna ha lamentado que el PP utiliza "todas las armas a su alcance, las legales y sobre todo las ilegales para perseguir a aquellos que denuncian la corrupción".
   Luna ha animado a "cambiar las cosas y a ofrecer un futuro para la gente", y ha indicado que "lo primero que hay que cambiar en la Comunidad Valenciana es la manera de hacer política".
   En el acto, que ha contado con la presencia de unos 90 candidatos a las alcaldías de la provincia de Alicante, también han participado los alcaldes de Elche, Alejandro Soler, y de Sax, Ana Barceló, así como la candidata socialista a la alcaldía de Alicante, Elena Martín, quienes han trasladado su ilusión por trabajar al servicios de los ciudadanos.

Unas 1.600 personas asisten a la proclamación de Sonia Castedo como candidata a la Alcaldía


ALICANTE.- Unas 1.600 personas han asistido este domingo a la proclamación de Sonia Castedo como candidata a la alcaldía de Alicante, en un acto en el que estuvo arropada por el presidente del PPCV, Francisco Camps, y el vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons.

   El acto se ha celebrado a partir de las 12.00 horas en el Teatro Principal de Alicante, donde se han congregado alrededor de 1.200 personas que completaron el aforo, y otras, unas 400, --según datos de la organización--, que han tenido que asistir al mitin en la calle, donde se habían habilitado sillas y unas pantallas para aquellos que no han podido entrar.
   Sonia Castedo ha entrado en el teatro acompañada por Francisco Camps y Esteban González Pons. Dentro le esperaban varios miembros del Consell, como Juan Cotino, Mario Flores, Rafael Blasco y Paula Sánchez de León; así como todos los ediles del PP en el Ayuntamiento; su antecesor en el cargo, Luis Díaz Alperi; el secretario general del PPCV, Antonio Clemente; y el presidente provincial del partido, José Joaquín Ripoll, entre otros.
   Durante el acto, Francisco Camps ha asegurado a la alcaldesa y candidata que tiene a todo el Gobierno valenciano a su "disposición" para "seguir trabajando por esta ciudad y para seguir haciendo de Alicante esa gran ciudad de la Comunitat Valenciana, de España y de Europa". 
"Tienes todo mi compromiso", le ha dicho.
   Camps, quien ha sido el encargado de cerrar el acto, ha tenido unas palabras para Díaz Alperi, a quien ha elogiado por sus "muchos aciertos" como gobernante y, también, al "elegir a la mejor persona" para que lo sucediese al frente del Ayuntamiento".
  "Acertaste con tantos proyectos y también con la persona que hoy encarna esta gran ciudad, que es Alicante, ha dicho.
   Por su parte, González Pons ha considerado que Castedo encarna "la nueva generación de políticos", que sabe "escuchar, decir la verdad, los que dicen lo que piensan, hacen lo que dicen y piensan lo que hacen".
   Según ha dicho, Castedo es "la mejor alcaldesa de Alicante y va seguir siéndolo" porque es "valiente y contemporánea" y porque está "hecha de la misma madera que las alcaldesas del PP: Rita, Mónica, Mercedes Alonso".
   En la proclamación se ha emitido un vídeo con las diferentes actuaciones municipales en la ciudad y el ex-alcalde, Luis Díaz Alperi, ha tenido una intervención en la que, visiblemente emocionado, ha alabado "el coraje y la madurez" que ha demostrado en su vida personal y pública.
   Según ha dicho, "ha conseguido en cuatro meses" lo que él no pudo hacer en trece años de gobierno municipal y, por eso, le ha augurado la victoria.
   Por su parte, Sonia Castedo, "emocionada", ha apostado por "trabajo, trabajo, trabajo" para continuar al frente de la alcaldía y también para los ciudadanos de Alicante.
   "Hace dos años y medio que soy alcaldesa de nuestra ciudad, de nuestro Alicante. Dos años y medio intensos, en los que me he dejado el alma trabajando por todos. Sin ningún tipo de distinción, sino, muy al contrario, intentando unir e intentando convencer con mi trabajo, ¡que es como tenemos que convencer!", ha dicho.
   Ha resaltado las actuaciones que se han llevado a cabo durante estos dos años y medio, pero ha destacado enumerarlas porque " solo hay que pisar la calle para poder verlas".
   Castedo ha reafirmado su voluntad de "seguir siendo alcaldesa de esta ciudad" y ha asegurado que lo será por su "ilusión" y "compromiso" con su ciudadanía. Finalmente, ha augurado que el PP ganará en la Comunitat Valenciana y en Alicante y, también, en España.

El triste final de la CAM / Jordi Palafox *

Que conozca, no hay evidencia alguna de que los pirómanos no puedan ser excelentes bomberos. Sin embargo, las normas de la mínima prudencia aconsejarían evitar encargarles apagar incendios. Y más todavía los que han provocado. A pesar de ello, esto no se ha tenido en cuenta al afrontar la crisis de las cajas de ahorro en España. Para satisfacción de la banca privada, los errores de gestión, de las entidades primero y de sus dificultades después, han llevado a su desaparición como elemento determinante del sector financiero español.

Dentro de este contexto, la CAM ha decidido protagonizar un papel estelar con registros de diverso tipo. Unos, nada excepcionales en el sector aunque ahora se pretendan únicos, como su ritmo de expansión. Otros, por el contrario, específicos de su forma de gestión plagada de administradores impuestos por la Generalitat de Eduardo Zaplana, primero, y de Francisco Camps, después. Es esta combinación la que ha acabado convirtiéndola en principal protagonista de la crónica del desastre anunciado de las cajas de ahorro. En la Comunidad Valenciana, junto a la rendición de Bancaja a un claro partidario de la privatización de estas entidades como demostró ser Rodrigo Rato durante su etapa de ministro, el fracaso de CAM conforma una de las caras del más lamentable inicio del siglo XXI que se hubiera podido imaginar.

En los últimos años la entidad alicantina ha trazado una trayectoria incomprensible sin hacer intervenir elementos ajenos a la economía. La situación que cabe inferir de las cifras conocidas de su balance actual es el fruto de decisiones estratégicas inseparables del tipo de presencia política que ha tenido y del objetivo de evitar que se le pudiera imponer la fusión con Bancaja.

Para explicar su hoy, hay que mencionar, al menos, tres dimensiones de su ayer. Por un lado, el uso dado a la abundancia de liquidez durante el boom, causa del espejismo abrazado por la CAM con fervor, de que era factible expandir la inversión sin necesidad de sustentar el core capital, única forma conocida de mantener la solvencia. En segundo lugar, la inoperancia del Banco de España. Primero, con Jaime Caruana como gobernador, cuando fue ciego y mudo ante una concentración de riesgos inmobiliarios, que se ha demostrado letal. Y después, por la parsimonia con que abordó la situación hasta antes del verano de 2010, cuando entró como caballo de Atila a fusionar entidades. Y en tercer lugar, por la voluntaria ineptitud de las administraciones de Eduardo Zaplana y Francisco Camps para cumplir con sus competencias exigiéndole un mínimo de prudencia financiera a cambio, probablemente, de permitirles "orientar" su gestión.

Porque para explicar el final de la CAM, como el de Bancaja, no es posible ignorar las tan trascendentes como poco investigadas injerencias políticas durante los últimos quince años, excepto en el caso de Terra Mítica que no ha sido la más relevante. De sus nefastas consecuencias está todo por descubrir. En el caso de la CAM, su combinación con la estrategia de resistencia frente a Valencia tuvo una dura contrapartida: pasar a depender todavía más que con Zaplana del lobby alicantino cuya capacidad sólo ha brillado bajo el mando de la protección pública. Y así, una vez acabada la etapa de bonanza, el enroque de la entidad con lo más próximo la ha llevado a adoptar decisiones que sólo se explican desde la progresiva desconexión de la realidad que se produce en las organizaciones inmersas en una espiral de dificultades.

Esto ya era evidente antes de los casi simultáneos comunicados reconociendo mantener negociaciones con BBK, Caja Madrid y Caja Murcia, para acto seguido incorporarse al SIP con CajaAstur. Pero se consolidó con su actuación tras la firma del mismo, en las antípodas del axioma básico según el cual la banca se hace con un poco de dinero y mucha confianza. La publicidad dada a los desencuentros y las proclamas para reforzar las lealtades primordiales habrán reforzado los vínculos del lobby. Pero han deteriorado gravemente su reputación financiera. Hasta el PP, vía Cristóbal Montoro, se ha desmarcado de tanto disparate. Al margen, quedan los 3.144 millones de activos adjudicados a 31 de diciembre de 2009 (el 83% de su patrimonio neto) y los 2.800 solicitados al FROB para asegurar un 8% de core capital.

Cabe esperar que el final de tan atípico comportamiento haya sido el esperpento del acuerdo de la Asamblea General del pasado miércoles. Ésta, aún sabiendo que sus tres socios iban a expulsarla del SIP, entró en el ridículo regate corto de votar a favor del mismo. A buen seguro para poder así exigir responsabilidades -y compensaciones- a sus ex socios por incumplir lo pactado. ¡A modo de los pasajeros de un barco que se hunde cuya principal preocupación es el seguro de vida que acabará en el fondo del mar como ellos! Triste final para la iniciativa tomada en 1988 cuando se creó aquella ambiciosa CAM que ahora desaparece.

(*) Jordi Palafox es Catedrático de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad de Valencia.