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viernes, 17 de mayo de 2024

La Comunitat Valenciana cae en 2024 por debajo de la media europea en el índice de calidad de gobierno


VALENCIA.- La Comunitat Valenciana ha caído de nuevo por debajo de la media en el Índice Europeo de Calidad de Gobierno (EQI), tras la «espectacular» y «enorme» mejora y recuperación protagonizada entre 2017 y 2021, una situación que hace sobrevolar una «cierta amenaza» de consolidar el «camino esperanzador» iniciado por la autonomía en los últimos años.

Así lo sostiene el informe de investigación 'Percepciones comparadas de la corrupción en España y Portugal', financiado por la Fundación para la Ciencia y la Tecnología, el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa y la Agencia Valenciana Antifraude, presentado este viernes en la sede de la AVAF por los expertos Gustavo Gouvea de la Universidad de Lisboa y Fernando Jiménez de la Universidad de Murcia, además del director de la AVAF, Joan Llinares.

La investigación, que ofrece una radiografía de la percepción de la ciudadanía sobre la corrupción y la ética y la integridad pública en España y Portugal, analiza también el caso «especialmente interesante» de la Comunitat. Por un lado, por el hecho de que la valenciana ha sido «una de las más golpeadas» por esta lacra, concretamente la segunda en número de casos por detrás de Andalucía --más grande en población y en complejidad institucional--.

Esta «alta incidencia» queda patente tanto en la «larga lista» de escándalos de corrupción de los que buena parte de la sociedad valenciana es «plenamente consciente», sino también en la evolución de la posición de la Comunitat Valenciana en el único índice existente con valores regionales a nivel europeo de la calidad de gobierno, el Índice Europeo de Calidad de Gobierno (EQI) que lleva a cabo el Instituto de Calidad de Gobierno de la Universidad de Gotemburgo con apoyo financiero de la Comisión Europea.

Tras veinte años de gobiernos autonómicos de mayoría conservadora (1995-2015), la posición de la Comunitat Valenciana entre las 17 CCAA pasó de una posición superior a la media entre todas las regiones europeas en el EQI de 2010 a posiciones por debajo de tal media en las ediciones de 2013 y 2017, llegando a ocupar incluso el antepenúltimo lugar, recoge el informe.

Desde entonces, la región ha experimentado una recuperación «espectacular», reflejada en el índice de 2021, cuando no solo superó nuevamente la media europea, sino que escaló hasta la sexta posición en mejor calidad de gobierno entre las CCAA, siendo un caso de «éxito» a nivel europeo. 

Sin embargo, en la última edición del EQI correspondiente a 2024, la Comunitat ha caído de nuevo por debajo de la media europea, aunque quedándose «muy cerca» de esa posición.

Los investigadores han explicado que no pueden saber con detalle las causas --«no hay manera de saberlo»-- que hay detrás de esta caída, pero han alertado de que la percepción de la ciudadanía sobre la calidad de gobierno o el funcionamiento de los servicios públicos, en cualquier caso, «se está resquebrajando».

El informe también analiza las similitudes y diferencias en las percepciones y actitudes hacia la corrupción en España y Portugal, a partir de encuestas realizadas en ambos países --en España entre septiembre y octubre de 2022--. 

Así, la corrupción se considera un problema «grave» en ambos países: el 89 por ciento en España y el 93% en Portugal, por encima de la media de la UE, aunque son los portugueses más pesimistas sobre el alcance y sus implicaciones.

En ambos países, la corrupción es «ampliamente condenada» por la mayoría de los ciudadanos y se considera un comportamiento que «se desvía de la norma pública aceptable». Sin embargo, las opiniones «difieren» sobre la definición exacta de corrupción y la gravedad de los distintos tipos de comportamiento corrupto.

Los resultados indican que, aunque existe un alto grado de acuerdo conceptual sobre lo que constituye corrupción, los datos permiten identificar «pequeñas gradaciones» en la «condena social» del fenómeno. 

La condena de la corrupción es, por regla general, «más severa» cuando implica a políticos y actos tipificados en los códigos penales de ambos países como delitos (soborno, abuso de poder o malversación). Sin embargo, la corrupción «parroquial» (hospitalidad, regalos indebidos o aceleración de procesos) es «menos susceptible» de ser entendida como corrupción.

En cualquier caso, son especialmente las formas de corrupción legal/institucional, la influencia indebida en los procesos de toma de decisiones y la connivencia entre élites políticas y económicas, en relación con las cuales existe «ambigüedad legal», las que generan «cierta discrepancia» en las evaluaciones.

De hecho, las personas encuestadas consideran que la corrupción es más frecuente en la política y los negocios: españoles y portugueses piensan que alrededor del 50% de los empresarios y entre el 60-70% de los políticos son corruptos. Cuando se pregunta por los funcionarios, la apreciación de que son corruptos baja al 40%. 

Frente a ello, el 70% de las personas entrevistadas en España y el 80% en Portugal cree que la corrupción no es una «circunstancia», sino que forma parte de la cultura empresarial.

Sobre las principales razones por las que los ciudadanos no denuncian la corrupción, en España son la relación coste-beneficio (35,6%), la inconsecuencia de que las acusaciones «nunca resultan en nada» (35%) o el miedo a represalias (31%). Mientras, un 17,7% de los encuestados manifiesta que «siempre» denunciaría un caso de corrupción.

Por su lado, el análisis de las variables socio-demográficas revela que el sexo, la edad, la ideología política, el nivel educativo y la situación económica influyen de distinta manera. Así, las mujeres tienden a ser «más críticas» que los hombres con la incidencia de la corrupción, especialmente entre los políticos, mientras que los más jóvenes tienden a ser «más tolerantes» con la corrupción.

También existen diferencias «significativas» por edad en el patrón de respuestas de los más jóvenes ante posibles escenarios de corrupción. Además, la ideología política influye en cómo perciben la corrupción los ciudadanos, dado que los encuestados más de izquierdas tienden a ser «más críticos» con su incidencia y alcance.

Respecto a la evolución de la corrupción, la mayoría de los encuestados en ambos países cree que la situación ha empeorado o se ha mantenido igual en el último año, con diferencias entre grupos socio-demográficos.

Asimismo, la investigación refleja que durante la pandemia se ha producido una «mayor aceptación» del fenómeno, especialmente entre los hombres, posicionados más a la derecha y con menores niveles de alfabetización, como una forma de «relajar» las normas y los procedimientos para resolver «rápidamente los problemas emergentes».

Un resultado que, según han alertado los expertos, sugiere una «mayor tolerancia» de la corrupción en contextos de crisis, que advierte de la necesidad de que las instituciones «sopesen los riesgos para la integridad» y «refuercen los mecanismos de control».

El análisis de las razones para no denunciar la corrupción también revela «preocupación» por la eficacia de los mecanismos institucionales de denuncia y «reticencia» a perjudicar a terceros o a afrontar consecuencias negativas al denunciar casos de corrupción.

En definitiva, aunque existen «notables diferencias» entre España y Portugal en relación con la percepción y evolución de la corrupción, las tendencias generales indican que la corrupción se mantiene como un problema «preocupante» para ambos países, con «importantes implicaciones» para la confianza en las instituciones y el funcionamiento de la democracia y que urge una «respuesta política adecuada» basada en una «comprensión multifacética» del fenómeno.

sábado, 4 de junio de 2011

Por un Sistema Público de Cajas de Ahorro, hay que nacionalizar Caja Madrid-Bankia

MADRID.- Este es el resumen de un informe más extenso, que puedes consultar en esta misma página web, en el que se explica la necesidad de nacionalizar Caja Madrid-Bankia y del conjunto de Cajas de Ahorros, para convertirlos en un Sistema Público de Cajas de Ahorros, concretando toda una serie de medidas básicas, para las que te pedimos tu firma y tu apoyo activo a fin de crear una Plataforma que realice una labor de difusión y movilización en su apoyo.

La crisis económica se ha convertido en la excusa de los gobiernos estatal y autonómicos, alentados por el Banco de España, para convertir definitivamente a las Cajas de ahorros en bancos privados. La transformación de Caja Madrid en BANKIA, junto con otras seis Cajas (de Castilla León, La Rioja, Cataluña, Canarias y la Comunidad Valenciana), pondrá en manos de grandes inversores los casi 150.000 millones de euros de los ahorros de los madrileños. Las peores consecuencias de estas medidas las sufrirán las familias trabajadoras.
Estas medidas no aseguran un buen uso de nuestros ahorros. Por el contrario, al convertirse en entidades plenamente privadas y desligadas del objetivo social, susceptibles de ser vendidas al mejor postor en cualquier parte del planeta, su volatilidad se incrementa y el riesgo de que nuestros ahorros desaparezcan por una mala gestión, se multiplica. Importantes bancos han quebrado en el mundo, y muchos más lo habrían hecho si no se los hubiera sostenido con dinero público. Los gobiernos se han endeudado para salvarlos y, ahora, nos exprimen a todos a través de la deuda pública, forzando el recorte de salarios, del empleo público y de los gastos sociales. Los grandes bancos españoles han sido las entidades financieras europeas que más dinero han recibido del Banco Central Europeo (BCE). El BCE les presta el dinero a tipos en torno al 1% y, a su vez, ellos lo prestan a otro mucho más alto, por ejemplo al Gobierno español. Si no hacemos nada, también se adueñarán de las Cajas y de nuestros ahorros para utilizarlos en su beneficio.

Quién se beneficia

De la misma forma que quieren privatizar el Canal de Isabel II, y aquellos servicios públicos, como la Sanidad y la Educación, que puedan resultar rentables para las empresas privadas, las Cajas son un bocado muy apetitoso para los grandes inversores, empezando por el Banco Santander y el BBVA. Las Cajas suponen cerca del 50% del sistema financiero español. Y dieron beneficios, 3.403 millones de euros en 2010. En plena batalla entre todas las entidades financieras por obtener liquidez, la privatización de las Cajas les vendría a los bancos como anillo al dedo.
Su bancarización conllevará la destrucción de cerca de 30.000 puestos de trabajo y de uno de sus principales efectos positivos y seña de identidad, la Obra Social. Sólo en Bankia se destruirán unos 4.000 empleos, la mayoría de Caja Madrid, cuya Obra Social se verá reducida a la mitad.
No es cierto que las Cajas estén peor que los bancos. Mientras ellas están más expuestas al crédito inmobiliario, los otros tienen muchos más problemas con los créditos al consumo y a las empresas. Sin embargo, a las Cajas se les exige unos requisitos mayores, obligándolas a buscar recursos en el mercado de capitales. Para ello, se les permite emitir acciones y se abre la puerta de los consejos de administración al capital privado.
Esta operación emplea grandes cantidades de recursos públicos. Ese dinero permitiría dar los primeros pasos para su nacionalización. El Sistema Institucional de Protección (SIP), que lidera Caja Madrid, ha establecido su valor contable en 10.240 millones de euros para su futura salida a Bolsa, y ha recibido 4.465 millones de ayuda del FROB. Estas ayudas se otorgan en forma de “participaciones preferentes” que no comportan derechos políticos. Si se hubieran dado a cambio de acciones, el Estado sería propietario del 43,6% de la entidad. Sin embargo, estos recursos se están empleando para sanearlas y entregarlas, posteriormente, a manos privadas.
¿Por qué los ahorros de la sociedad deben ser gestionados por entidades privadas cuyo único objetivo es el beneficio de una minoría de multimillonarios? ¿Es que no hemos aprendido nada de la crisis? La administración de nuestros ahorros adquiere tanta importancia que debería ser considerado un servicio público, a salvo de los especuladores. Por eso necesitamos una banca pública, y el primer paso para crearla es la conversión de las Cajas en entidades públicas.

Nuestras reivindicaciones

  1. Derogación de todas las medidas legislativas que abren la puerta a la conversión de las Cajas en bancos privados. Hay que promover todas las medidas jurídicas posibles para frenar su aplicación.
  2. Realización de auditorías por los organismos públicos competentes, de todas las entidades financieras que nos permita saber cuál es su situación real. Sus resultados se expondría públicamente y de forma comprensible para toda la población. Queremos conocer qué se ha hecho con las decenas de miles de millones de euros que han ganado los años pasados, exigiendo responsabilidades a sus gestores y a los encargados de su supervisión. Cese inmediato de todos aquéllos responsables que hayan contravenido la finalidad social de las Cajas, sus estatutos o que han promovido prácticas lesivas para dichas entidades.
  3. Conversión de las Cajas en entidades públicas mediante su nacionalización. El dinero público que se ha empleado en su apoyo no debe retirarse en el plazo de cinco años, como está previsto, sino convertirse en participaciones públicas en el capital social de la Cajas, y que se tomen las medidas necesarias para nacionalizar el resto. En la Comunidad de Madrid exigimos la nacionalización de Caja Madrid-Bankia, y promoveremos que, en todas las comunidades autónomas con entidades implicadas en la formación de Bankia, se desarrolle esta misma iniciativa.
  4. Creación de un Sistema Público de Cajas de Ahorro, en sustitución de la CECA, mediante la mutualización de las diferentes Cajas, conservando la autonomía en la gestión y la operativa de las mismas, manteniendo cada una de ellas su vinculación con la actividad económica de su territorio, evitando duplicidades y solapamientos, y con una coordinación estatal fundada en el principio de la solidaridad. Instamos a los partidos de la izquierda a presentar las propuestas legislativas necesarias.
  5. Fin de los sueldos millonarios de los altos directivos, estableciéndose un régimen salarial equivalente al que tienen los trabajadores de las administraciones públicas. Basta de “milloneuristas”. Revisión de los privilegios corporativos y establecimiento de condiciones dignas para todos los trabajadores de las Cajas, sus fundaciones y su Obra social, eliminando cualquier discriminación, suprimiendo la precariedad laboral y estableciendo un sistema de contratación por oposición, que sea transparente y objetivo.
  6. Revisión de la actuación en los consejos de administración de empresas participadas por las Cajas, para asegurar que la actuación es correcta financiera y socialmente, sin tratos de privilegio ni respaldo a políticas regresivas en el terreno social, laboral o ecológico.
  7. Garantías de un mejor trato a los impositores favoreciendo financieramente las cuentas nómina, que afectan a trabajadores y pensionistas, garantizando que sean ellos los beneficiados y no las empresas. Además, hay que asegurar una información transparente y comprensible para todos los clientes sobre la situación de sus entidades. Fin a la política de deshaucios de las familias que acrediten la imposibilidad de pagar su primera vivienda, y puesta a disposición de las administraciones públicas del stock de casas de las Cajas para contribuir a crear un parque público de vivienda en régimen de alquiler, a precios asequibles, a fin de que se cumpla el derecho constitucional a una vivienda. Las administraciones públicas utilizarán para todas sus actividades financieras a las Cajas públicas.
  8. La gestión de las Cajas será democrática, pública y conocida por toda la sociedad, rindiendo cuentas de la misma periódicamente en los respectivos parlamentos autónomos.
  9. Ninguna destrucción de puestos de trabajo en las Cajas, las fundaciones y la Obra Social. Ésta última será revisada en su totalidad, para garantizar que los recursos de las Cajas se empleen de la manera más útil socialmente.
  10. La actuación de las Cajas formará parte integral de la política económica y social de las administraciones públicas, en particular de las comunidades autónomas, cuya prioridad será la consecución del pleno empleo y el desarrollo de unos servicios públicos acordes con las necesidades reales. Se prohibirá específicamente la actividad especulativa o la apertura de cuentas y delegaciones en paraísos fiscales, de forma directa o a través de su participación en otras empresas.