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viernes, 25 de febrero de 2022

Anton Erkoreka: “Si la comparamos con pandemias históricas, la actual no es excesivamente grave”


MADRID.- Cuenta Anton Erkoreka, director del Museo Vasco de Historia de la Medicina y de las Ciencias, que fue en 1997, con la primera infección de gripe aviar H5N1 en humanos, cuando los investigadores empezaron a preocuparse realmente por la posibilidad de que se produjera una pandemia por zoonosis, enfermedades que pasan de animales a humanos. Aquel año, en Hong Kong, el virus de la gripe aviar se detectó por primera vez en personas: de 18 infectados, murieron seis. Aunque la cifra es pequeña, “la tasa de mortalidad fue altísima”, señala Erkoreka a www.huffingtonpost.es.

“A partir de este episodio, se nos metió a todos el miedo en el cuerpo de que estas zoonosis pudieran producir pandemias gravísimas”, reconoce este historiador de la medicina. Casi por una carambola, este hecho llevó a los expertos a estudiar en profundidad epidemias similares recientes, y dieron con la llamada gripe española

 Ocurrida entre 1918 y 1920, esta pandemia que mató a 40 millones de personas en el mundo era, pese a su magnitud, bastante desconocida. A principios del siglo XXI, y con el interés ‘renovado’ por estas epidemias, los científicos investigaron el agente que producía el virus, lograron identificarlo en una mujer inuit fallecida en Alaska cuyo cuerpo se había conservado en el permafrost, y el virus fue bautizado como H1N1.

A partir de ahí, se elaboraron muchos y muy detallados estudios sobre la gripe de 1918, entre ellos firmados por Erkoreka, y estos ahora vuelven a cobrar sentido. La crisis de Hong Kong no fue a más, pero el SARS-CoV-2 y su consiguiente pandemia de covid han puesto de nuevo de actualidad estas inquietudes. Anton Erkoreka ha revisado a fondo lo que ocurrió hace un siglo en el mundo con el fin de arrojar luz sobre lo que sucede desde finales de 2019, y lo ha publicado en Una nueva historia de la gripe española. Paralelismos con la covid-19 (Lamiñarra).

El director del Museo Vasco de Historia de la Medicina y de las Ciencias explica que el buen conocimiento de la gripe española “nos ha servido de comparación con lo que está pasando ahora”. Y dice más: “Ahora estamos en la misma situación”. 

¿Cómo nacen las pandemias? 

Cuando, en un momento determinado, un virus que solamente afecta a animales –sea el H1N1 de 1918 o el SARS-CoV-2 de ahora– de repente hace algún salto de especie y afecta a algún humano. Una vez ahí, por medio de mutaciones, ya es muy fácil que el virus pueda transmitirse a otras personas. Entonces estamos ante una potencial pandemia.

Las dos pandemias que comparamos nacieron probablemente en China; a partir de ahí, empieza su fase de expansión. Durante un período de tiempo que suele ser de dos a tres años, ese virus se va extendiendo, va impregnando a la mayoría de personas a través de olas. 

Durante uno o dos meses tenemos una ola, luego el virus desaparece o circula menos, al cabo de los meses vuelve una ola, y así sucesivamente, produciendo más o menos mortalidad en función de la virulencia del virus. El H1N1 era muy, muy transmisible y muy, muy virulento. 

El SARS-CoV-2 es muy, muy transmisible –ómicron podría ser la variante más transmisible de la historia–, pero no es ni mucho menos tan virulento como otros. 

A quienes habíais estudiado bien la gripe española no os chocó tanto la llegada de esta pandemia. ¿De algún modo, lo esperabais?

Desde la pandemia de gripe rusa, es decir, desde 1889, se han ido sucediendo pandemias de aspecto similar, y todas ellas tienen un ritmo, aparecen cada 15 o 20 años, y son muy parecidas. Todas se han producido mediante olas que aparecen y desaparecen, duran entre dos y tres años, y algunas han producido una mortalidad muy importante, como el caso de la gripe española, que mató 40 millones de personas en todo el mundo. 

En 1918 la Tierra tenía 1.800 millones de habitantes, y una cifra de 40 millones de muertos supone una cantidad verdaderamente tremenda. Era de esperar que apareciera otra pandemia similar a esas y siguiendo el mismo ritmo que ellas. 

¿Por qué se producen este tipo de ciclos por los que cada 15 o 20 años surgen nuevas pandemias? 

Los ciclos no son exactos, pero, desde el siglo XX hasta ahora se han producido unas cinco o seis pandemias –algunas, de muy poco interés, como la de la gripe A en 2009–. Hay un ciclo en el que periódicamente aparece una nueva cepa, una nueva variante, un nuevo virus que provoca el desastre que ha provocado ahora el SARS-CoV-2. Eso lo esperábamos todos, igual que a partir de ahora, en algún momento, tendrá que aparecer una nueva pandemia de este tipo.

Teniendo en cuenta esta ‘regularidad’, ¿por qué de repente hay pandemias que sobresalen sobre las demás con mortalidades tan significativas como la actual o la de la gripe del 18? 

La pandemia que estamos viviendo ahora, si la comparamos con las pandemias históricas, no es excesivamente grave, desde un punto de vista de cifras de mortalidad. La pandemia de gripe española mató en todo el mundo a 22 personas por cada mil habitantes; la pandemia de covid ha matado en todo el mundo a una persona por cada mil habitantes. La diferencia es tremenda.

La pandemia de gripe española fue gravísima, gravísima, y esta, bueno, ha sido una pandemia muy importante, pero está a la altura de la pandemia de gripe rusa, que mató a unas dos personas por cada mil habitantes. Es decir, no ha sido tan, tan, tan virulenta, y mucho menos si la comparamos con otras pandemias bacterianas, como pueden ser la peste o el cólera, que tienen cifras altísimas de mortalidad. 

La peste, en sus primeros episodios en 1348 –lo que se llamó la pandemia de peste negra–, mató entre 300 y 500 personas por cada mil habitantes. Y las pandemias de cólera del siglo XIX llegaron a matar, en algunos de sus episodios, a 60 personas por cada mil.

La pandemia que vivimos ahora ha hecho mucho daño, ha hecho mucho ruido, la hemos vivido al día, al momento, pero desde el punto de vista de la mortalidad no ha sido, ni mucho menos, muy grave, ni comparable con otras pandemias de la historia. 

¿Pero sigue sus mismos patrones?

Son iguales, funcionan de la misma manera. Los virus son seres vivos, viven en nuestro mismo planeta y tienen un patrón de funcionamiento. El SARS-CoV-2 ha aparecido, ha empezado a extenderse, llevamos casi dos años y medio con él y sigue extendiéndose, pero, si sigue el mismo patrón que las pandemias del siglo XX, y yo así lo creo, pronto podría pasar de ser pandémico a ser endémico. Creo que estamos ya entrando a esa fase. Espero que para mediados o finales de este año tome otro aspecto distinto y empiece a funcionar como un virus endémico, y ahí ya veremos la forma que toma, porque aún es pronto para decirlo.

jueves, 23 de diciembre de 2021

Las fiestas de nazis en Dénia se alargaron hasta bien entrada la Transición


DENIA.- Las fiestas de exaltos cargos nazis refugiados en Dénia se alargaron "hasta bien entrada la Transición", relata el actual alcalde de la ciudad, el socialista Vicent Grimalt, que entre 1971 y 1981 hizo de trompetero en esas celebraciones como parte de la banda de música local.

"Aquí lo sabía todo el mundo", cuenta Grimalt que enseña la trompeta con la que tocaba en aquellos festejos y en la que lamenta que estas celebraciones servían para festejar el cumpleaños del antiguo oficial de las SS Gerhard Bremmer cada 25 de julio.

Expone que estas fiestas estaban "normalizadas" y "casi institucionalizadas" desde que exmilitares nazis se exiliaron a la comarca de la Marina Alta, en el norte de la provincia de Alicante, para huir de los procesos judiciales alemanes que les hubieran depurado, así como también para ayudar a excompañeros a viajar hasta Sudamérica.

Aunque ficcionada, la película "El Sustituto", estrenada este octubre y que cuenta con los actores Ricardo Gómez y Vicky Luengo como parte del reparto, muestra parte de una realidad contada antes por el periodista Joan Cantarero y por la escritora Clara Sánchez, pero de la que no se sabe demasiado.

Durante la conversación con Grimalt, se citan nombres, pero sobre todo rumores recurrentes cuando alguien menciona la palabra "nazi" en Dénia: desde que la estación radiofónica de Les Rotes -una zona de Dénia próxima al cabo de San Antonio- servía para mandar mensajes a Alemania, hasta que Hitler no había muerto y se escondía en el Montgó, un monte que a pesar de estar a dos kilómetros del mar alcanza los 750 metros de altura.

Entre las pocas certezas, sin embargo, se encuentra la realización de estas fiestas, sobre las que Grimalt, alcalde socialista del municipio, afirma que estaban "normalizadas" y que "por miedo, porque a lo mejor hacían donaciones a la banda o por lo que fuera, nadie se metía con eso".

"Cuando uno lo ve con el paso del tiempo dice 'vaya tela, la que nos metieron'", relata el regidor, que expone que a la primera que acudió fue en 1971, con apenas once años, "aunque bastantes años atrás ya se realizaban", al tiempo que recalca que la banda de música local acudió a estos eventos hasta 1981, cuando el nuevo director de la obra se negó a tocar un año más tras acudir a la última de ellas.

Grimalt relata que estas fiestas se celebraban el día 25 de julio de cada año, en una jornada que "empezaba a las 10.30 horas, cuando venían trabajadores de la casa de Bremmer a la plaza del Convent con coches de la marca Mercedes, algo que en aquella época era espectacular, y nos llevaban a la urbanización hasta que se abrían las puertas, aparecía él -Bremmer- con el uniforme militar de las SS y su mujer con el traje típico bávaro".

La banda "hacía una procesión hasta una plazoleta con césped y empezábamos a tocar pasodobles hasta acabar con el Coro de peregrinos de Tannhäuser, del alemán Richard Wagner, y con el pasodoble de Valencia del maestro Padilla".

El regidor sostiene la importancia en ese sentido de la tolerancia franquista a exiliados nazis, que, según cuenta Grimalt, incluso hacían escala en Dénia para partir hacia Sudamérica: "Aún se pueden ver marcas de un embarcadero desde el que se supone que llegaban pequeñas lanchas para trasladar a estas personas a barcos más grandes que se encontraban mar adentro".

"Por lo que se sabe, había peores que él -en referencia al oficial Bremmer- refugiados en el Montgó y que no salían para nada", incide el alcalde socialista, que asegura que pese a su condición de exaltos cargos nazis y las fiestas realizadas en el interior de sus casas, "nunca hacían ninguna ostentación de haber sido nazis, porque cuanto más desapercibidos pasaran, mejor para ellos".

Preguntado por cuál sería la causa que les llevaría a trasladarse a Dénia, sostiene que el municipio alicantino "nunca se ha caracterizado por ser un pueblo de derechas", por lo que "como en la Costa del Sol, vinieron aquí en busca de un sitio tranquilo, con el mar cerca y con un buen clima, con la excusa de pasar los veranos aquí y luego quedarse".

No obstante, señala que Dénia ha vivido desde el siglo XIX entre extranjeros que "han venido a hacer negocio". 

Así, sostiene que en los inicios del siglo XX, mercantes del Reino Unido realizaban viajes directos a la localidad alicantina en busca de pasas, mientras que más adelante fueron mercaderes alemanes quienes venían por la industria juguetera, por lo que los nazis, en Dénia, "podían pasar desapercibidos".

Grimalt concluye que los alemanes que residen en Dénia actualmente "nada tienen que ver" con los de aquella época.

viernes, 24 de septiembre de 2021

Un naufragio que cambió la historia de Dénia


 VALENCIA.- Un terrible naufragio, el de la fragata «Guadalupe», movilizó a toda la población de Dénia en el año 1799 y terminó por cambiar el curso de su historia como ciudad. A los pies del Montgó, donde tanto se respetan las tradiciones, la historia es razonablemente conocida; pero en el resto de la Comunitat Valenciana, el ejemplo de solidaridad que dieron los vecinos de la zona merece ser divulgado. Y también las consecuencias: porque Dénia, en 1804, dejó de ser una villa de la casa de Medinacelli y pasó a ser de la Corona por orden de Carlos IV, recuerda ahora Las Provincias.

La tragedia que hoy evocamos se inicia en una noche de borrasca, la del 15 de marzo de 1799. La fragata de la Armada Española «Guadalupe», de 34 cañones y fuerte blindaje de cobre en el casco, llevaba unos días de patrulla en aguas de las Columbretes; pero esa noche estaba buscando refugio en la costa porque se veía acosada por el navío británico «Centaur», de 74 cañones, la corbeta «Cormorant», de veinte, y un bergantín. 

España estaba en guerra con Inglaterra y el capitán de fragata José de la Encina, se arrimó a tierra quién sabe si en demanda del abrigo de Dénia. Pero el temporal impidió la maniobra y en lo más negro de la noche el buque español, de 600 toneladas y 164 metros de eslora, quedó encallado en unas rocas de las que ya no pudo zafarse.

Al sur de la Marineta Cassiana, las rocas, Les Rotes, una costa agreste y recortada. El Pegolí, El Trampolí, Casa Sendra, Casa Mena... Hoy es un paraje gastronómico de ensueño, de lo más hermoso de la costa valenciana; pero en el lejano 1799 fue el calvario de los 327 hombres que iban a bordo de la «Guadalupe». 

Cerca de la Punta Negra, en la Punta del Sardo, el buque se quedó clavado, y en medio del oleaje no fue eficaz un desalojo de lastre que empezó por sacrificar los propios cañones. 

Tampoco fue útil que se abatieran los mástiles y el velamen para crear pasos de salvación entre la cubierta y la costa. Al día siguiente, las cosas fueron a peor: el casco del «Guadalupe» se quebró, el segmento de popa empezó a hundirse y los tripulantes se refugiaron en la zona de proa, rezando y temiendo el peor final imaginable.

La investigación de Chabás

En dos números de su revista «El Archivo», en mayo y junio de 1886, el historiador dianense Roque Chabás, buen amigo del fundador de Las Provincias, reunió los testimonios e informes más fieles del naufragio: el relato del cura párroco mosén Carlos Vallés y el de la sociedad de Salvamento de Náufragos. 

Cada cual aporta su visión y los dos configuran una tragedia de la que sobresale la angustia de los marinos y el terror de los vecinos de Dénia, movilizados para ayudar pero paralizados en la costa, a la vista de un barco enorme que hacía agua entre gritos de angustia de los que iban a morir.

La alarma primera la dieron al amanecer dos náufragos que llegaron a tierra con suerte. Dénia movilizó enseguida a toda su marinería, que muy pronto comprobó que la misión de ayudar a los náufragos era imposible desde que las falúas de la fragata fueron destrozadas por el mar. Mientras a lomos de mulos llegaban mantas, ropas y aguardiente para socorrer a la gente en peligro, la jarcia del buque de guerra estaba arrumbada y complicaba cualquier operación.

El valiente marinero Andrés

Varios marinos de la «Guadalupe», desesperados o valientes, se tiraron al mar; pero muchos fueron víctimas del oleaje, que los golpeó contra las rocas o les lastimó con el batir de maderos erizados de clavos o astillados por la furia del naufragio. 

Las apelaciones a los santos y las lágrimas brotaron de los espectadores del drama cuando un marino, Andrés Martínez, no sólo fue capaz de nadar hasta tierra sino que renunció a los socorros, tomó un cabo, se lo ató a la cintura y se las ingenió, sorteando mil peligros, para llegar nadando hasta la parte del buque que se mantenía a flote, cargada de gente.

Gracias a él se pudo establecer un andarivel, un cabo tensado desde tierra que permitió el salvamento de mucha gente en peligro. Para ellos, entre sollozos, Denia llevaba los auxilios más necesarios: agua, aguardiente, pan, vino y «aguanafa», una mezcla, sin duda reconstituyente, compuesta por «agua de azahar y polvos especiales para las narices». 

Con todo, antes incluso de llevar las ayudas al lugar del naufragio, el párroco había dispuesto un elixir: que se cociera un buen caldo de gallina, el remedio resucitador que se reservó para los marinos que estuvieran realmente graves.

Hay que señalar que las fuerzas vivas de mar y tierra estuvieron muy atentas al desastre... y lo contemplaron desde las rocas. Pero poco más hicieron, a la hora de la verdad. Fue el párroco Vallés y los pescadores de la ciudad quienes se ocuparon de los pobres náufragos, que a lomos de mulas hicieron el viaje hasta el pueblo «tapados con las mantas y ropa que se quitaron de encima los de Dénia». 

Mosén Vallés, que fue a por aguardiente, pan y vino mientras otros religiosos echaban bendiciones desde la orilla, es el que se encargó de escribir al arzobispo de Valencia, que enseguida autorizó gastar «cien doblones contra mi tesoro» para el urgente auxilio de los supervivientes.

Balance de víctimas

En las inmediaciones del camping Los Pinos, cerca del barranco de la Raconà, ha habido durante decenios una cruz que nadie sabía ya a qué razones atribuir y fue finalmente quitada o destruida. Pero señalaba el lugar de reposo de los marineros muertos en el naufragio. El balance de la tragedia -Chabás publicó la lista de todos los tripulantes- indica que de los 327 que iban a bordo, 180 salieron vivos y 107 fallecieron, mientras otros cuarenta nutrieron la lista de desaparecidos en el mar. 

Ciento cinco marineros fueron enterrados entre los días 17 y el 27 de marzo de 1799, conforme el mar iba devolviendo cuerpos a la orilla. El párroco Vallés -¿quién si no?- se ocupó de los trabajos de enterrar a 105 marinos, mientras dos oficiales ahogados recibieron sepultura de lujo en la parroquia.

Todo eso se hizo con los recursos del arzobispado, que sirvieron incluso para que el comandante de la «Guadalupe» viajara a Cartagena a dar cuenta de lo sucedido. No hay indicios, al menos en lo publicado por Roque Chabás, de que la autoridad civil o militar echara una mano en el desastre. 

De las conjeturas sobre lo ocurrido han quedado versiones divergentes: José de la Encina, que desde luego escapaba de los perseguidores ingleses, pudo tener voluntad de encallar su nave como maniobra de tiempos de guerra; o pudo buscar la seguridad del puerto de Dénia. Pero lo cierto es que su buque, con tan mala mar, terminó en seco en el paraje de Las Rotas.

El consejo de guerra

Chabás dejó la historia en los entierros pero fue el barón de San Petrillo, en estas mismas páginas, el que se tomó el trabajo de completar años después lo ocurrido. Concretamente lo hizo en la portada de 26 de junio de 1921. 

Gracias a este investigador, también colaborador nuestro, sabemos que don José de la Encima fue sometido al preceptivo consejo de guerra el 17 de agosto, y que quedó libre de todo cargo por sus decisiones. 

José de la Encina, con 29 años de servicios a la Armada, era un veterano de viajes a Cartagena de Indias y de patrullas en el Cantábrico: era un hombre experimentado en los negocios de la mar.

San Petrillo, que corrige el apellido del marino heroico y dice que es Molina, sin duda conoció las actuaciones judiciales de la Armada. Y se inclina, a la hora de explicar lo sucedido, por lo más natural: la «Guadalupe», que había tenido malos vientos, sentía muy de cerca a los cañoneros ingleses, que llegaron a enviarle una andanada. Y quería llegar cuanto antes al cabo de San Antonio en su camino hacia el sur. Pero el mal tiempo impidió una correcta trayectoria y acabó atrapada entre las rocas.

jueves, 26 de agosto de 2021

Alicante busca antiguas cigarreras para recuperar la memoria de su reciente pasado industrial


ALICANTE.- Imaginen una ciudad portuaria de 40.000 habitantes, mediterránea, de suave clima, rodeada de huertas, viñedos, dominada por un castillo y en la que una sola fábrica, la de tabacos, da trabajo a unas 5.500 mujeres. Estamos en la penúltima década del siglo XIX y la ciudad se llama Alicante, según recuerda La Vanguardia.

No hace falta más para deducir la importancia que aquellas mujeres, muchas de ellas niñas, tenían en la economía y la sociedad de la época. Fundada en 1801, ya entonces la fábrica empleaba a 500 féminas, cuya habilidad y paciencia se consideraban adecuadas para el trabajo, en unos tiempos en los que apenas se contemplaba la posibilidad de que la mujer se dedicara a más tareas que las del hogar y el campo.

A mediados del XIX, la fábrica ya empleaba a 3.000 mujeres, que llevaban un sueldo a sus hogares ubicados en los barrios más populares: Raval Roig, San Antón y el Casco Antiguo. Tan importante era la tabacalera para Alicante que cuatro reyes, Isabel II, Amadeo de Saboya, Alfonso XII y Alfonso XIII, la visitaron. Y ese trabajo que a menudo pasaba de madres a hijas prosiguió a lo largo de todo el siglo XX.

Aunque la revolución industrial tuvo su efecto y la automatización de algunos procesos restó personal a la empresa, no sin resistencia, pues en 1908 las trabajadoras llegaron a destrozar unas máquinas nuevas que estaban destinadas a sustituirlas en alguna parte del proceso.Sometidas a salarios y condiciones peores que los varones, las cigarreras lucharon por sus derechos con desigual fortuna.

Celtas, Ducados, Habanos, los míticos puros Farias...se fabricaron en Alicante hasta que en 2009, ya en otra ubicación y con algo más de 300 empleados de los que 170 eran mujeres, se confeccionó el último cigarrillo y se cerraron más de dos siglos de historia.  

Para un joven alicantino de hoy, para un visitante ocasional con inquietudes, Las Cigarreras es el nombre de un centro cultural que programa teatro, exposiciones y actuaciones musicales de vanguardia, tratando de llenar un hueco que la ciudad ha tenido durante mucho tiempo. Tal vez sabrán que el edificio debe su nombre a la fábrica de tabaco que albergó, pero poco más.

Para tratar de avivar esa memoria, para lograr que la vida, el trabajo, la lucha y la herencia de aquellas mujeres permanezca  para siempre en la historia de Alicante, desde el Centro Cultural las Cigarreras se ha puesto en marcha el proyecto “Las Cigarreras de Alicante, una historia viva hacia el presente”.

Se trata, según señalan fuentes municipales, de "redescubrir a través del medio fotográfico la historia de la ciudad en la que se vive, promoviendo la participación comunitaria".

Para ello, "se propone un novedoso proyecto en su proceso creativo. La convivencia y el diálogo de dos miradas y dos trabajos visuales que conviven y se potencian. El trabajo fotográfico de la autora Lucía Morate Benito, y el trabajo colectivo de los vecinos y vecinas de las inmediaciones del Centro, mediante un taller de fotografía participativa, donde se redescubrirá la historia de la zona y el papel desempeñado por la mujer". El resultado se plasmará en un fotolibro y un audiovisual.

Lucía Morate es docente de fotografía y tutora de proyectos en el Título Experto de Fotografía Contemporánea de la Universidad de Alicante, en el Máster de Fotografía de PhotoAlicante, y en la Escuela Mistos.

Y para realizar este trabajo, Las Cigarreras busca antiguas trabajadoras de la Fábrica de Tabacos de Alicante que ayuden a visibilizar y recuperar la memoria histórica de la fábrica.

martes, 10 de marzo de 2020

Posteguillo: "Sería interesante que las autoridades que nos gobiernan conocieran mucho más la historia"


VALENCIA.- El escritor valenciano Santiago Posteguillo ha asegurado que sería "muy interesante que las autoridades que nos gobiernan conocieran mucho más la historia", ya que, de esta forma, podrían "reproducir los aciertos e intentar evitar los errores". Y es que los acontecimientos se repiten a lo largo del tiempo "porque la naturaleza humana no ha cambiado". Sin embargo, "parece que olvidamos leer la historia".
Así lo ha aseverado el autor con motivo de la presentación en València de 'Y Julia retó a los dioses', continuación de la exitosa 'Yo, Julia', que le valió al autor el Premio Planeta 2018.

Este nuevo volumen, publicado también por Planeta, muestra "que mantenerse en el poder es mucho más difícil que llegar a él". Además, en este libro, el personaje de Julia Domna "eclosiona por completo", ya que, deja de aparecer como la esposa del emperador --tras la muerte de Septimio Severo-- para ser la madre de los coemperadores Antonino y Geta con un poder creciente. Ella lucha por sostener el poder real intentando que sus hijos no dividan el Imperio. Por ello, el subtítulo de la novela define bien uno de los dilemas sobre los que pivota la obra: "Cuando el enemigo es tu propio hijo... ¿existe la victoria?".

Una de las cosas que más llama la atención en la lectura de 'Y Julia retó a los dioses' es cómo algunas situaciones se asemejan a la actualidad. Así, uno de los personajes importantes de esta historia es el médico Galeno, quien se enfrenta a una epidemia de viruela que recuerda a la crisis del coronavirus. "Gracias a que la autoridad política se somete a la sanitaria se consigue detener" el proceso, apunta el novelista.

Posteguillo también hace notar la forma en la que el papel de "estadista" de Julia y a favor de una unión y coordinación entre territorios se contrapone al 'Brexit' y el momento difícil que vive la Unión Europea. "Nos vendrían muy bien ahora mismo una Julia y un Galeno", ha apostillado.

El escritor está convencido de que "el siglo XXI es un siglo XX acelerado". "Comparten una entrada con una burbuja financiera, un crack y posterior depresión, la aparición de populismos y fascismos... la pregunta es: ¿lo vamos a reproducir hasta el final o vamos a poner el freno en algún momento? Saber historia debería ayudar a no reproducir estos errores".

En esta línea, Posteguillo ha reivindicado también a la literatura como vía para comprender nuestro pasado y presente. Preguntado por el auge de ventas de 'La peste' de Camus ante el coronavirus, ha comentado que, "sin duda, la literatura explica muchas veces la realidad mejor que los ensayos más sesudos".

El autor valenciano subraya que sigue fascinado por Roma y considerando esta etapa como fuente de inspiración inagotable porque "nos explica a nosotros mismos". "Y seguimos cometiendo tantos errores que me siento en la obligación de seguir incidiendo, a ver si aprendemos algo", añade.

Este trabajo de revisión del pasado hace que enriquezca la perspectiva en cada obra. En este libro, por ejemplo, ha incorporado la mitología, lo que le permite, además, un gesto de "justicia poética" y darle a su protagonista "un gran final".

Interrogado por si él, como docente especialista en enseñanza literaria, tiene alguna explicación para su propio éxito, responde que es "algo difícil". En este sentido, comenta que existe una tesina de máster en la UNED en la que una estudiante justificaba esta popularidad en que el autor "sigue narrando los textos clásicos sin perder el rigor histórico pero teniendo en cuenta el ritmo rápido que le gusta al público del siglo XXI".

domingo, 30 de marzo de 2014

Crónica histórica de una experiencia periodística: De Campoamor a La Moncloa / Francisco Poveda


Coincidiendo con la reciente muerte de Adolfo Suárez ha vuelto a resurgir la figura histórica del primer ex-presidente del Gobierno de la Democracia y se ha hecho pública la razón de fondo por la que tuvo que dimitir a comienzos de 1981, abandonado por la confianza del rey Juan Carlos I y la presión definitiva del sector más inmovilista del Ejército. Con la celebración del funeral de Estado en la catedral de La Almudena se cierra definitivamente un importante capítulo de la actual Historia de España que los investigadores aún tienen que expurgar a fondo para que la verdad resplandezca por encima de una austera lápida de la catedral de Ávila.

En la primavera de 1978, y tras un período de reflexión, Adolfo Suárez accedió  a conceder su primera entrevista solicitada como presidente del Gobierno a un periodista. Hasta un año después, no concedería la segunda ; sería al entonces director de “El País”, Juan Luis Cebrián. De aquel 12 de mayo se esbozan aquí recuerdos y prolegómenos que, vistos con la perspectiva actual, sirven de documentación a la crónica  inconclusa de aquellos años.

En aquel tiempo era la entrevista más codiciada. Pero  el Presidente no estaba por la labor debido a la complejidad del ambiente político. Muchos otros colegas de Madrid y extranjeros lo habían intentado ya, sin suerte, y las posibilidades de una aceptación definitiva eran remotas.

Suárez, Adolfo, el otrora campeón estival de tenis en la Dehesa de Campoamor cuando le conocí por primera vez diez años antes, se sentaba ahora en uno de los sillones más difíciles de este país, sacudido por el terrorismo y la crisis económica. Y enrolado en el proceso de pasar sin violencia de una autocracia a una democracia enmedio de un agrio debate popular de si hacerlo con ruptura o con reforma. Él apostaba y era líder de lo segundo como centrista converso desde las filas del partido único oficial. Pocos meses después conseguiría sacar adelante, con consenso y refrendo popular, una nueva Constitución democrática: la que más ha durado en toda nuestra historia como país aunque ahora se la cuestione.

El Presidente me recibió a las ocho de la tarde del viernes 12 de mayo, después del Consejo de Ministros. Antes, Fernando Ónega, en aquella fecha jefe de Prensa de la Presidencia del Gobierno, me había mostrado la parte oficial de un Palacio de la Moncloa, aún sin reformar para adaptarlo a su nueva función, y tal como estaba para ser residencia de jefes de Estado de visita en España. Suárez surgió, impecable, de la zona provisional de su residencia y, tras recordar nuestros veranos en la finca de los Tárraga-Segura, me invitó a pasar a su despacho de estilo clásico francés.

Mi objetivo profesional se estaba a punto de cumplir. Era yo el primer periodista en lograr un tiempo del Presidente para charlar distendidamente sin más restricciones que no tomar notas o enchufar la grabadora. Estuvimos casi dos horas, sin contar lo que hablamos mientras me acompañó a la puerta para despedirme y recordar que “Campoamor es uno de los sitios donde más me he divertido”. Definitivamente, me pareció más seductor que tahúr.

La labor previa había dado su fruto. Aparte de esgrimir nuestros comunes veraneos, y amigos jerezanos como Federico González de la Peña, el luego librero de Brönte, hube de utilizar conexiones personales de confianza para los dos, entre otros, el ahora muy famoso Antonio Navalón, uno de sus asesores personales, y Pepe Duato, gobernador civil de Alicante, y desterrado por la Dictadura tras haber asistido en su juventud al “contubernio de Munich”, además de ser padre del bailarín Nacho Duato.

El mètodo, mi oferta, y las conexiones profesionales habían convencido al, hasta entonces, desconfiado y hermético Adolfo Suárez. La fórmula de compromiso era hablar como presidente de UCD más que del Gobierno, en un contacto oficioso y amistoso. Las condiciones me recordaron las que Abilio Bernaldo de Quirós me puso un quinquenio atrás para lograr entrevistar a Henry Ford II, el magnate mundial del automóvil, de Detroit.

Años después, alguno de esos mismos intermediarios me procuraron la elaboración de un proyecto periodístico para España de “News Corporation”, la empresa mediática del judío australiano Rupert Murdoch, que, finalmente, no se desarrolló ante argumentos estratégicos nacionalistas de otras empresas periodísticas madrileñas.

La actitud del Presidente se explicaba, más que por estrategia de partido, por prudencia para no poner en peligro la política de Estado que él se proponía, de acuerdo con el Rey Don Juan Carlos, para restablecer la convivencia en un país muy estigmatizado todavía como consecuencia de la secuelas dejadas por la Guerra Civil y el régimen de Franco en una sociedad ya madura para la democracia. A Suárez no le gustaban las entrevistas periodísticas formales y prefería la charla amistosa inteligente porque consideraba prudente no emitir públicamente juicios de valor sobre personas y hechos recientes que pusiesen en riesgo sus propósitos, más o menos confesados genéricamente. Bastante tenía con convencer, calmar o neutralizar a los más ortodoxos franquistas. Su obsesión, consolidar una democracia para todos, incluidos los satanizados comunistas.

Pero nueve años al frente de TVE le hacían comprender la importancia de los medios de comunicación. Además, el periodista era joven, 25 años, y con pocos prejuicios pese a haber asistido desde las agitadas aulas de la Universidad Complutense, a la misma vez que Aznar, Ana Botella, Helena Hedilla o Pérez-Reverte, a los estertores del régimen, magnicidio de Carrero Blanco (uno de los mentores de Suárez desde los tiempos de la Dehesa de Campoamor), y muerte de Franco, residiendo en un colegio mayor donde tenía por vecino de planta al ya entonces inquieto y locuaz Álvarez Cascos.

Suárez no rehuye entrar a todos los temas que le planteo sin cuestionario previo, salpicando la conversación amistosa con pronunciamientos como que “nada me hace decaer ni me desalienta. Mis banderas son las de la libertad y la justicia”. De fondo, en la librería, destacan una foto con el Rey vestido con uniforme militar de campaña; otra de su esposa, Amparo Illana; y una tercera del falangista liberal Fernando Herrero Tejedor, su primer gran mentor, “padrino” político, y padre del periodista Luis Herrero, en medio de muchas otras con jefes de Estado o de Gobierno.

Cordial y accesible, Suárez llenó de colillas el cenicero; contó anécdotas y gastó bromas. Llegó a revelar tácticas pero silenció estrategias. Jugaba mucho con el factor tiempo y calculaba perfectamente toda contestación al cambio político en la duración de su efecto psicológico y el momento de darlo a conocer. Preveía todas las reacciones a sus decisiones, y el paso siguiente. “Mi designación por el Rey causó hasta risa”, me dijo al revelarle mi sorpresa de aquel 4 de julio de 1976 al conocer la noticia de agencia en la mesa de Redacción de “La Verdad”.

Porque Suárez sólo contaba 44 años. A continuación me reveló que su ambición secreta desde siempre era llegar a presidente del Gobierno. Por eso, tiempo atrás y mediante contactos discretos, había presentado sus proyectos de transición y su visión de la reforma desde dentro al entonces Príncipe de España. Lo que más convenció a Don Juan Carlos fueron las mayores posibilidades de Suárez de materializar esos proyectos de evolución frente a las fórmulas que le presentaron también otras figuras políticas del momento.

En tono distendido, entre temas muy serios, volvíamos una y otra vez a cuestiones más triviales. “Cuando no me dedico activamente a la política es cuando me pasa todo lo malo de mi vida”, parece que vaticinó aquel 12 de mayo a tenor de lo que ha sufrido después con la enfermedad y muerte de su mujer y de una de sus hijas. “Soy un chusquero”, recalcó tras enumerar todas las funciones políticas desempeñadas en los diversos niveles de la Administración del Estado, desde gobernador de Segovia a presidente del Gobierno pasando por director general y ministro. ”Tengo colmados todos mis deseos de poder". Precisamente Suárez me confesó que le gustaba ir al Congreso de los Diputados y dirigir personalmente la estrategia de su partido (normalmente eso lo hacía Abril Martorell) cuando había que adoptar decisiones importantes.

Quizá el momento de más interés de las dos horas fuese cuando se mostró seguro de que los empresarios y banqueros apoyaban sus reformas económicas, que, ya entonces, pasaban por la supresión de privilegios e introducir la economía de mercado tras decenios de práctica autárquica “para que ésta funcione correctamente”. Suárez aventaba difícil salida a la crisis económica que sufríamos y me confirmó su gran preocupación internacional por el Estrecho de Ormuz, lugar de paso de la mayoría del crudo mundial y vía estratégica del suministro de petróleo a Occidente. Confiaba en la entrada de divisas gracias al turismo, una reserva monetaria que antes de llegar él ya era importante, pero mostraba cautela al decirme que “no basta con tener una Constitución democrática para lograr la reactivación”.

Quería hacer política de Estado, se mostraba satisfecho conque la Izquierda hubiese aceptado a la Monarquía de Don Juan Carlos tras asumir los intereses supremos de España, y no se arrepentía del cambio de su trayectoria política desde el franquismo porque pensaba que “lo más normal y racional es tender al centro”. No le gustaban, según me dijo, los cambios bruscos y pendulares. Y pasaba bastante de las críticas personales porque “las etiquetas las da el pueblo y las refrenda un determinado comportamiento. Se han dicho de mi cosas falsas en la Prensa”. Aproveché su locuacidad en el trayecto desde su despacho hacia los jardines y la salida del edificio de Presidencia para testar su resistencia a modificar límites territoriales entre las regiones que iban perfilando la España de las Autonomías.

Como colofón, antes de la preceptiva foto de despedida en la puerta a las escaleras exteriores, le recordé la entrevista que muchos meses antes yo le había hecho a su hija Laura en la casa de verano que el director general de Seguridad, Mariano Nicolás y su esposa, Mari Jiménez, fallecidos en accidente hace años, tenían en Denia. Sin reprobar mi logro por accesibilidad a aquellos anfitriones, Suárez me despidió diciéndome:“A mis hijos les tengo prohibido hacer declaraciones por si sueltan algún disparate”.

martes, 21 de abril de 2009

Hallan un arco medieval y restos cerámicos del 1.800 a.C. en unas obras del Castillo Santa Bárbara

ALICANTE.- Los trabajos de restauración y consolidación que se efectúan en murallas del interior del Castillo de Santa Bárbara de Alicante han puesto al descubierto un arco medieval, del siglo XIII ó XIV, de tipo apuntado, que formaba parte de los accesos de esa época a la fortaleza, así como cerámicas fechadas en torno al 1.800 antes de Cristo, según informaron hoy en un comunicado fuentes municipales.

Las obras en el castillo, que afectan además a las torres Santa Catalina y San Jordi, han puesto al descubierto un arco medieval, del siglo XIII ó XIV, de tipo apuntado, que formaba parte de los accesos de esa época a la fortaleza. Este arco, de ladrillos, se ha localizado en la torre San Jordi, mientras que en unas catas excavadas en la torre Santa Catalina también se han hallado cerámicas fechadas en torno al 1.800 antes de Cristo.

El concejal de Cultura de Alicante, Miguel Valor, visitó hoy las obras de rehabilitación, en las que el Ayuntamiento ha invertido 365.090 euros y que terminarán este verano.

Valor señaló que los trabajos, realizados por la mercantil Doalco, afectan a un frente de muralla de 108 metros en la parte alta e interna del castillo, cerca del macho. Con estas labores, se frenarán los procesos de deterioro de las antiguas murallas, "muy afectadas por los elementos a los largo de siglos", y se restaurarán las antiguas formas de las dos torres, lo que habilitará más espacios para uso público y expositivo.

El arquitecto Marius Beviá dirige las obras, que se emplean también para retirar añadidos de otras épocas e investigar sobre el sistema de accesos medievales a la fortaleza, completamente distintos a los actuales. Precisamente, el arco descubierto suponía una puerta intermedia entre la exterior y el área del macho. Este acceso exterior fue tapiado después con un muro de unos dos metros de grosor, que ahora ha sido perforado.

Por su parte, la directora de la intervención arqueológica en la zona de los trabajos ha precisado que se han descubierto, en unas catas en la torre Santa Catalina, restos cerámicos, de cuencos y platos, prehistóricos, romanos y medievales, según explicaron las mismas fuentes.

viernes, 30 de enero de 2009