Esta jornada, celebrada en el municipio de Aldaia --una de las
localidades de la zona cero de la dana--, ha reunido a diferentes
expertos de referencia meteorológica, planificación territorial y
comunicación científica --como José Ángel Núñez (Aemet), Victòria
Rosselló (À Punt), Enrique Moltó (UA), Carlos Sanchis (UV) y Ana
Camarasa (UV) con el objetivo de «analizar en profundidad lo ocurrido
durante el devastador episodio de lluvias del pasado otoño, sus
consecuencias y las posibles mejoras en la gestión del territorio y
prevención de riesgos».
Armengot ha recalcado que la dana, el fenómeno meteorológico que
produce estas situaciones, es «un hecho extraordinario pero no insólito»
porque se repiten en el tiempo. De este modo, ha advertido que «la
planificación urbanística no puede despistarse» porque «que no pase
durante unos años, no puede decir que no vuelva a pasar en el futuro».
Es así cómo ha incidido, en su ponencia, en el concepto de «periodo
de retorno», aspecto que se tiene en cuenta en función de los cálculos
de la ingeniería y al que se ha referido como «un brindis al sol».
«Se
habla de que se protege del mayor episodio que puede producirse cada 500
años, pero, realmente, los cálculos están sesgados por el vicio del
procedimiento y pueden dejar de constar la evidencia histórica».
También ha considerado que es «importante» tener en cuenta el ritmo
natural de evolución, que tiene dos componentes: el fenómeno
meteorológico en sí, junto a sus «enormes daños», y la vulnerabilidad
del territorio y de cara a la población.
«Un enorme episodio en una zona
desierta, como Cuba, el Sahara o la Antártida, tendrá un efecto de
catástrofe humana relativamente reducida, pero si poblamos y habitamos y
urbanizamos un territorio de una manera saturada, probablemente estos
efectos se multipliquen», ha incidido.
De esta forma, ha destacado que «de alguna manera, es lo que ha
pasado en los últimos años» y ha lamentado la desaparición de la huerta
de Valencia: «Las huertas y los campos hacían de gran efecto disipador».
Preguntado por los medios sobre un estudio de la Universitat de
València (UV) y de la Aemet que apunta que otros dos barrancos más al
sur que la rambla del Poyo son los responsables de las inundaciones,
Armengot ha explicado que «el Poyo, en su conjunto, fue el causante de
la avenida de agua» pero que «fueron los barrancos a su derecha,
l'Horteta y el Gallego, zonas que no están vigiladas por la
Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), los que volcaron primero el
agua».
«Hay que prestar mayor atención a estos barrancos que no tenían
ningún tipo de monitorización cuando se produjo la inundación», ha
reclamado.
Sobre los avisos de Aemet, el doctor en Geografía ha defendido que
«no se pueden frivolizar» porque «hace un trabajo muy riguroso».
«Tenemos la suerte de que la predicción meteorológica ha avanzado
extraordinariamente en los últimos años y lo que no podemos hacer es
ignorar toda la buena información y todas las alertas que nos
proporciona», ha reivindicado.
«Por tanto, la vigilancia inmediata y la
alerta inmediata a las autoridades son clave», ha resumido.
Por su lado, el alcalde de Aldaia, Guillermo Luján, ha coincidido en
«la importancia de escuchar a la ciencia y, fundamentalmente, a las
voces expertas en gestiones de catástrofes» y ha agradecido que la
jornada de reflexión se haya celebrado en esta localidad porque en esta
catástrofe «se habla muy poquito de Aldaia, que fue damnificada por un
gran barranco que siempre es invisible, el barranco de la Saleta».
En este sentido, el alcalde del municipio ha reclamado las obras de
encauzamiento del barranco de Saleta y de todas las ramblas «con una
mirada metropolitana», aspecto que ha trasladado al vicepresidente de la
Comisión Europea, Raffaele Fitto.
«Porque este episodio, evidentemente, fue transversal, fue muy
global. Para eso necesitamos medidas globales desde aguas abajo a aguas
arriba. Por tanto, la mirada debe ser no de cada uno de nosotros, de
cada municipio, sino conjunta», ha sostenido. «Evidentemente, la
Generalitat tiene que impulsarlo», ha pedido.
Por otra parte, el jefe de Climatología de la Aemet en la Comunitat
Valenciana, José Ángel Núñez, ha señalado que «es clave lanzar alertas
tempranas a la población».
«Se trata no solamente de gestionar la
emergencia, es decir, ir a rescatar gente o ir a cortar carreteras, sino
emitir alertas para que la población esté informada», ha apostillado.
Así, ha ejemplificado que este mismo hecho ocurrió en la riada
ocurrida en Valencia en 1957, cuando se emitió una alerta temprana con
cinco horas de antelación. «Se alertó a las siete de la tarde y la
primera riada llegó a las 12 de la noche», ha expuesto.
Sobre cómo se puede mejorar la gestión de la incertidumbre ante un
aviso meteorológico, Núñez ha apuntado que «quien gestiona la emergencia
se tiene que focalizar en tomar medidas amplias preventivas», acciones
que pasan por «no olvidar lo importante que es el factor humano en las
situaciones extremas».
«Tenemos unas herramientas estadísticas, pero al final está el
hombre, que es el que tiene que interpretar los datos y si esos datos
son coherentes o no. Puede ser que en este episodio hayamos confiado
demasiado en la tecnología», ha apuntado.
Por ello, aboga por desplegar a agentes por el territorio «para que
estén vigilando lo que está pasando 'in situ' y así disponer de
información 'in situ'», medida que ha defendido que se habría de activar
en los barrancos de l'Horteta y Gallego, donde no hay medidores de la
CHJ.
«Pero, primero, se ha de dar un primer mensaje informativo para que
todo el mundo sepa lo que puede pasar y cuál es la previsión», ha
agregado. En esta línea, ha incidido en que si se hubiera lanzado una
alerta temprana a toda la población de Valencia el 29 de octubre, «mucha
gente de La Safor, del Camp de Morvedre, comarcas donde no llovió y
donde no hubo inundaciones, que hubiera estado informada».
«A esa gente no le ha valido de nada, pero sí que es un mensaje que
hubieran recibido personas de zonas muy afectadas por las lluvias y por
las riadas y podrían haber tomado medidas de autoprotección», ha
expresado.
En cuanto a la información disponible que se trasladó a las
autoridades el día de la barrancada, el jefe de Aemet ha sentenciado que
«había más que suficiente, tanto meteorológica como hidrográfica» y que
también fue difundida a los medios de comunicación.
«Toda esa información debe ser sintetizada por quien tiene la
responsabilidad de gestionar la emergencia, que en este caso es la
Generalitat, y, en base a todos los datos recibidos, tomar medidas, como
se han hecho en otras ocasiones con los mismos umbrales, con los mismos
medios y con los mismos profesionales que estaban trabajando», ha
concluido.