MADRID.- Estamos ante una situación complicada y a la vez difícil de gestionar
para las personas que han visto como su negocio ha ido decayendo con el
paso de los años. Los quiosqueros han pasado de ver estanterías
repletas de periódicos a estar llenas de paraguas, mochilas, carteras y
baterías portátiles para los móviles. Al parecer solo las revistas de
moda y decoración resisten ante la situación, pero sin llegar a cifras
de años anteriores: “Estamos sobreviviendo gracias al producto que no es
editorial, prensa y revistas dejan ya muy pocos beneficios; es gracias a
todo lo demás: vendemos bolsos, mochilas y hasta productos de
tecnología. Hace una década la prensa era el 95% de nuestra oferta,
ahora se queda en un 50%”, asegura Teresa Araujo, presidenta de la Asociación de Vendedores de Prensa de Madrid (AVPPM), para El Independiente.
Con una caída en la facturación de más del 45%, los quioscos se han
visto en la obligación, de un tiempo hacia aquí, de reinventarse. Se ha
llegado a una situación tan insostenible que vender prensa escrita ha
pasado a un segundo o tercer plano. Porque cuando un quiosco ofrece más
productos propios de un bazar se hace visible que el momento que sufre
el sector es realmente crítico. La diversificación llega de la mano de
la nueva ordenanza que permite a los quiosqueros la venta de comida y bebida, medida para paliar la bajada en las ventas pero que a priori no resulta suficiente.
Cuando se decretó el confinamiento en todo el país, una serie de
oficios se consideraron desde el Gobierno como actividades esenciales.
Dentro de esta lista figuraban los medios de comunicación, por lo que el
sector de la prensa escrita se veía “beneficiada” al poder seguir
trabajando. Pero la crisis del coronavirus se ha convertido en la gota
que ha colmado el vaso.
El confinamiento propició que las personas no
pudiesen acercarse al quiosco de la esquina y aunque muchos
establecimientos han podido volver a abrir, han sido otros tantos los
que han tenido que cerrar para siempre: “Nos ha afectado muchísimo, han
cerrado un montón de compañeros y los que seguimos sobrevivimos como
podemos. Con unas pérdidas que ascienden hasta el 70-80%”, señala Teresa Araujo.
En la última década se han visto obligados a cerrar más de 6.000 quioscos
en toda España, según el último Informe sobre la Industria de las
Publicaciones Periódicas, elaborado por la Universidad de Santiago de
Compostela y la Universidade da Coruña.
Desde la asociación ya se advirtió a la presidenta Isabel Díaz Ayuso,
que desde la pandemia las personas mayores, público mayoritario que
compra la prensa escrita, han reducido sus salidas a la calle y los
contactos con otras personas:
“Sí que salen revistas y fascículos pero
no tiene nada que ver con la cantidad de ejemplares que vendíamos antes.
Recuerdo que hace años, los lunes, los niños y niñas salían del colegio
corriendo e iban a por el periódico para leer; ahora no hay nada de
eso, no vendemos ni cromos de fútbol«, asegura José Santamaría, propietario del Quiosco Alvarado.
Y es que una de las razones principales por la que el sector está en
números rojos es el bajón que ha sufrido la inversión publicitaria y la
difusión de la prensa en papel. A día de hoy se estima que de media un
quiosquero vende solamente de 15 a 20 ejemplares,
cantidad ridícula si la comparamos con hace 12 años. “Antes el quiosco
era más pequeño pero vendíamos más. A la gente le gustaba leer, hoy en
día le gusta que se lo den todo hecho”, señala José.
Con la llegada del COVID-19
y con la imposibilidad de adquirir la prensa de forma presencial, los
quiosqueros vieron en la entrega a domicilio una vía para subsanar parte
de las pérdidas. Quiosqueros aseguran que gracias a esta acción un gran
número de establecimientos han sobrevivido pero que todavía es
insuficiente.
Porque la “vida” de un quiosco no pasa por su mejor
momento desde hace bastante tiempo. Primero fue la crisis del papel en
el sector, seguido de la crisis financiera de 2008 y ahora la provocado
por el coronavirus. Un cúmulo de situaciones que no han ayudado a que
uno de los oficios con más historia de nuestro país, sobreviva ante este
estado.
“Un quiosco no es un sitio donde vienes a comprar algo, es un
punto de encuentro donde la gente te viene a comentar sus problemas y
les ayudas; punto de información, te preguntan por las calles,
comercios. Estamos aquí para intentar ayudar a las personas”, explica
José Santamaría.
Que la diversificación ha llegado a los quioscos es ya una realidad y
más si nos acogemos a la nueva Ordenanza Reguladora de Quioscos de
Prensa aprobada por el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida. Desde
hace más de una década que los quiosqueros de la capital reclaman a los
distintos gobiernos incrementar la variedad de productos que
comercializan sin éxito alguno hasta ahora.
“La nueva ordenanza era lo
que llevábamos años pidiendo, y en eso no hay problema, pero por otro
lado nos han denegado un punto muy importante que es la publicidad. No
nos dan la genérica ni las pantallas y eso lo notamos mucho”, asegura
Teresa. La nueva ordenanza permite vender entradas de
actividades culturales y espectáculos, títulos de transporte o tarjetas
de memoria, además de pilas, baterías y tarjetas de teléfono.
Como ya sucediera en el ejercicio anterior, el Ayuntamiento de Madrid
conserva la ayuda de no pagar el canon a los quioscos de prensa (un ahorro estimado de 400.000 €
según el área de economía), sumado a la bonificación del 100% en la
tasa de ocupación de la vía pública y la posibilidad de adquirir una
subvención del 25 del IBI si tu negocio se encuentra en un inmueble. Son
ayudas que se mantienen para intentar que no desaparezcan más quioscos.
Estamos ante una situación que entristece y que parece que se está
bloqueando. El objetivo es evitar que estos establecimientos se
conviertan en estructuras de hierro abandonadas portadoras de polvo
callejero. Los quioscos necesitan una solución urgente que les ayude a
salvar el sector de la prensa escrita.