Desde allí, el poeta recurre a «los amigos de verdad», y uno de ellos es José María de Cossío, que le ha tenido empleado en la Enciclopedia de los toros redactando biografías de matadores. «Durante la guerra en Madrid se vieron, Miguel se va a Orhuela, intenta escapar por Portugal, le devuelven e ingresa en la cárcel -explica Santonja-. Cossío está en Valladolid y se pone a disposición del poeta. Luego Hernández regresa al pueblo, le vuelven a detener e ingresa definitivamente en prisión. José María de Cossío consigue que no fusilen a Miguel. Y va a verle en dos ocasiones, acompañado por escritores falangistas (posiblemente Alfaro y Sánchez Mazas). A Miguel se le sugiere que «haga algún gesto», que se arrepienta o incluso que se afilie a Falange. Muy airadamente el poeta los echa del locutorio».
Visita de Cosío a la cárcel
¿Por qué sabemos que los echa? Prosigue Santonja: «Porque en una de las cartas Hernández le comenta a Cossío que lo que pasó el otro día fue lamentable, que los dos estuvieron apasionados, pero «debemos sotener nuestra amistad, que está por encima de estas cosas». Estas cuatro cartas son muy interesantes porque en esa situación de máxima incertidumbre y de absoluta angustia en la que Hernández sabe que se está jugando la vida, consciente de lo que están pasando su mujer e hijos, él por dignidad se niega a atravesar esa puerta que le han abierto. Pero una vez que ha regresado a las galerías, pasa una semana y sigue sumido en el mismo ambiente sórdido, viendo más cercano el paredón que nunca, entonces ahí toma la pluma y le escribe a Cossío: «Somos amigos, tenemos que recuperar la amistad, pero yo voy a seguir siendo fiel a mis ideas, siendo quien soy»». Sólo se podía escribir por una cara y a la familia directa, desde la cárcel: «Por eso a Cossío le llama «primo» y para que la carta se tramitara en el remite pone Miguel Hernández ¡Arriba España! ¡Viva Franco! Eran presos sin ningún derecho y entregaban las cartas al carcelero, que las tramitaba o no según le diera la gana», concluye Santonja.
Tensión amorosa
Por otra parte, el prestigioso hispanista Gabriele Morelli, uno de los más grandes estudiosos de la literatura española, aporta a ABC la correspondencia de Josefina Manresa, esposa de Miguel Hernández, con el hispanista romano Dario Puccini (parte de la cual presentará en el congreso de Burgos), hallada en el archivo de la casa de Puccini, donde el pasado año, como ya publicó ABC, descubrió otro epitolario inédito de Rafael Alberti. En el caso de Josefina Manresa, se trata de 27 cartas, cuyo argumento gira alrededor de la publicación de la obra de Hernández Introducción y antología bilingüe, que Puccini estaba preparando en Italia y que se publica en 1962 con el título Miguel Hernández. Poesie. (Milan, Feltrinelli,).
Gran parte de la correspondencia discurre sobre los derechos de autor, la protesta por los pocos ejemplares enviados por parte de Feltrinelli, la queja por los escasos ejemplares vendidos, el retraso del pago, el envío de algunos sonetos inéditos (lo que, sucesivamente crea la reacción de Puccini en cuanto descubre que se anticipan en una revista suramericana), la protesta de ella sobre algunos datos del libro de Puccini, en que el hispanista (de fe marxista) explica la poesía de Miguel como reflejo de su biografía.
Explica el profesor Morelli que Josefina Manresa protesta enérgicamente ante Puccini por presentar a Miguel Hernández como «poeta empeñado políticamente». E invita a eliminar de un libro de María de Gracia Ifach la historia del romance que tuvo Hernández con Maruja Mallo («la pintora») y otros datos equivocados sobre su familia. En otra carta, Josefina pide a Puccini que elimine la alusión al beso que aparece en el soneto de El rayo que no cesa. «Un beso furtivo debió de pasar entre los dos enamorados durante estos encuentros, como documenta el conocido soneto, que Manresa niega, y del que se siente ofendida («Para mí, un beso del novio era perder el honor y en esa actitud siempre fui dura, además que yo quería demasiado y procuré tenerlo siempre con la misma ilusión para nuestra felicidad») aludiendo al episodio que suaviza hablando de un «beso que le dio al aire»», desvela Gabrielle Morelli.
El poema, además de la extraordinaria belleza de sus versos y su capacidad narrativa, traduce el momento de efusión amorosa que el ardoroso poeta literalmente robó a la mejilla de la amada forzando su dura resistencia. Reza así el soneto:
«Te me mueres de casta y de sencilla: / Estoy convicto, amor, estoy confeso / De que, raptor, intrépido de un beso, / Yo te libé la flor de la mejilla. / Yo te libé la flor de la mejilla, / Y desde aquella gloria, aquel suceso, / Tu mejilla, de escrúpulo y de peso, / Se te cae deshojada y amarilla. / El fantasma del beso delincuente / El pómulo te tiene perseguido, / Cada vez más patente, negro y grande. / Y sin dormir estás, celosamente, / Vigilando mi boca ¡con qué cuido! / Para que no se vicie y se desmande.»
Sobre el carácter reservado y la fuerte educación virtuosa y religiosa de esta costurera de provincia mucho se ha insistido y además el propio poeta, en su periodo de trasformación ideológica y consiguiente distanciamiento de Josefina ocurrido durante su estancia en Madrid en 1935, lo ha hecho notar directamente a la amada, como escribe en su carta de comienzos de julio, subrayando la diversidad de su vida ligada al pueblo con la de Madrid en que él vive y piensa realizar su aspiraciones de poeta. Escribe Miguel Hernández: «No es que me haya engañado contigo, Josefina; la que tal vez se haya engañado eres tú; esto te lo digo no como reproche a ti, sino a mí mismo; me parece que no soy el hombre que necesitas yo tengo mi vida aquí en Madrid, me sería imposible vivir en Orihuela ya; tengo amistades que me comprenden perfectamente, ahí ni me comprende nadie ni a nadie le importa nada lo que hago».
Contra la vida provinciana
Y en carta posterior, insiste sobre los distintos modelos de vida provinciana dedicada a la murmuración y al ocio característico de la pequeña Orihuela y el libre, divertido y dedicado a varias oportunidades del trabajo que ofrece la capital: «Es la vida de Madrid, Josefina; la vida de Madrid que le hace a uno olvidarse de todo con sus ruidos y sus mujeres y sus diversiones y sus trabajos. Es tan diferente de esa vida callada de ahí, donde no se hace hacer otra cosa que murmurar del vecino o hablar mal de los amigos y dar vueltas por los puentes».
Comenta el profesor Morelli que es este uno de los momentos más tensos de la relación entre los dos enamorados, y abarca un periodo de seis meses de separación que llega a crear una situación de verdadera ruptura, «durante la cual, es sabido, Miguel vive una intensa experiencia amorosa con la pintora gallega Maruja Mallo».
En otra carta se recuerda la muerte del padre de Josefina, que era guardia civil, asesinado por los republicanos. En ella, Manresa se distancia de la interpretación de Puccini y niega que Miguel Hernández fuera comunista. Dos cartas de Josefina Manresa a Darío Puccini
Elche, 27 de enero de 1966