ÁMSTERDAM.- “Hace ocho años, los políticos holandeses dijeron que no podían apoyar la integración de Ucrania en la UE
porque la opinión pública estaba en contra. Pero ahora los holandeses
apoyan a Ucrania. ¿Deberían los políticos seguir a la gente o debería el
pueblo seguir a los políticos?”, se pregunta el digital español El Confidencial. Dmytro Kuleba,
el titular de Exteriores ucraniano, ve un cambio no demostrado en la
posición de los holandeses, pero el Gobierno de Mark Rutte no lo cree
así.
Su postura es clara: no habrá adhesión exprés para Kiev en la UE, ni
tampoco cree que sea lo que necesiten ahora los ucranianos en plena
guerra contra Rusia. Zelenski envió a Bruselas la solicitud de ingreso
en marzo, y este junio la UE debe “procesarla” con sus miembros.
En 2014 estalló un intenso debate en Holanda sobre la apertura de puertas a la eventual adhesión de Ucrania a la Unión Europea
como resultado de un acuerdo de asociación alcanzado entonces entre
Kiev y Bruselas. Holanda retrasó hasta 2017 la entrada en vigor de ese
tratado,
el único país que tardó años en ratificarlo porque necesitaba el
aprobado del Congreso.
La
UE y Ucrania habían acordado intensificar su
cooperación política y económica en ese documento, pero los opositores
lo veían más como un presagio o una tentativa de adhesión de Kiev a la
UE. Como reacción, los holandeses recogieron firmas y pidieron un
referéndum que, sin ser vinculante, sacaría los colores al equipo de
Rutte.
El plebiscito se celebró en 2016, con un resultado aplastante. El 64% de los holandeses rechazó el tratado.
A pesar de que el Congreso había respaldado ya el acuerdo, tuvo que
reconsiderar su opinión como resultado del referéndum consultivo. Al
final, y después de días de debates, los diputados votaron por mayoría a
favor de obligar a Bruselas a agregar una declaración al tratado que
pudiera dejar tranquilos a los ciudadanos.
Ese 'papel' adicional
establecía, entre varias cosas, que el tratado no era ni de lejos un trampolín para la adhesión a la UE
y que tampoco podía derivarse del mismo algún tipo de derecho con
respecto a la cooperación o asistencia militar a Ucrania en un futuro.
Es decir, la UE no tiene que aportar garantías colectivas de seguridad a
este país europeo si se ve en pleno conflicto con Rusia.
Eso dijeron los holandeses en 2016, aunque hoy estén haciendo (casi) lo contrario.
Y Kuleba ve un cambio de posición. "Hace ocho años estuve en los Países
Bajos y seguí el referéndum. Si comparo la actitud de los holandeses
entonces con la de ahora, veo que ha cambiado por completo. Los
holandeses ahora entienden mejor a Ucrania".
Y eso no se limita a
Holanda, sino a toda Europa, dice. "Hace tres meses, nos hubiéramos
reído si alguien nos hubiera dicho que Suecia y Finlandia
iban a ingresar en la OTAN. Europa debe reunir a todos los que
comparten los valores europeos y así hacerse más fuerte en la lucha
global.
Y Ucrania es el único lugar de Europa donde la gente muere defendiendo
esos valores, unos valores que Holanda también comparte". Y eso exige un
cambio de actitud, dice Kuleba.
Le ha trasladado todo esto a su colega holandés Wopke Hoekstra, un hueso duro de roer.
Le ha dicho entender que Ucrania no puede convertirse directamente en
miembro de la UE de la noche a la mañana, pero sí es importante que
tenga el estatus de 'candidato a miembro'.
Esta
etiqueta supone que la
solicitud ucraniana a adherirse a la UE ha sido aprobada por todos los
países europeos, pero que no se hará efectiva hasta que Kiev haga
cambios en diferentes materias para unirse de forma definitiva al bloque
de la UE. Este estatus es similar al que tienen ahora Turquía,
Macedonia del Norte, Albania, Serbia o Montenegro. “Yo creo que en la
democracia los políticos deben seguir al pueblo”, dice Kuleba.
De momento, estas son palabras bonitas que no convencen al liberal Rutte. Fue el segundo jefe de un Gobierno extranjero
que se dirigió al Congreso ucraniano desde que empezó la guerra y,
aunque el discurso terminó con una ovación de pie de los diputados
ucranianos, algunos parlamentarios están más bien decepcionados porque
Rutte ignoró completamente el debate que involucra a Holanda sobre esa
candidatura a adhesión.
"Es
importante que aprovechemos todas las
oportunidades para avanzar en la cooperación. Necesitamos trabajar en la
recuperación y reconstrucción para que acerque Ucrania a la UE", les
explicó Rutte.
La diputada ucraniana Yevhenya Kravchuk ha sido de las más duras en sus críticas. "Es crucial que nuestro país se convierta en miembro de pleno derecho de la UE.
Estamos defendiendo los valores europeos, hemos escrito nuestra
solicitud con nuestra propia sangre. Si estos valores significan algo
para los holandeses, entonces esperamos su apoyo", reaccionó en el canal
público holandés.
Pero
Rutte insiste en que lo importante ahora es
centrarse en el apoyo militar y humanitario a los soldados y los civiles
ucranianos que están en medio de esta guerra contra Rusia, y que no es
el momento de hablar de adhesiones. Francia tampoco está por la labor de
admitir nuevos Estados miembros en la UE con un sistema exprés.
A Rutte le respaldan partidos de centro derecha en Holanda, como el
CDA, que cree que “hay que manejar este tema con cuidado” y señala con
el dedo a Polonia y Hungría,
que “comienzan a causar estragos” y “dificultades en la UE” por su
visión del Estado de derecho. El partido del primer ministro, VVD,
recuerda que “Ucrania es parte de la familia… Pero necesitamos buscar
formas de ayudarla a reformarse y avanzar hacia la UE”.
Pero más a la
izquierda, el progresista D66 y el socialdemócrata PvdA creen que
Ucrania sí debería tener ese estatus de candidato a miembro, incluso si luego pasan décadas antes
de que se pueda convertir en miembro. Serbia ha sido candidato a
miembro durante 10 años, y Turquía logró ese estatus en 1999. “Es un
paso simbólico. Si alguna vez se implementan esas reformas, estaremos
listos para darle a Ucrania la bienvenida a la familia europea”, dicen
en PvdA.
A pesar de esta postura tan engorrosa por parte de Holanda, lo cierto es que Rutte y su gente se han movilizado desde el primer día para enviar la ayuda militar,
económica y humanitaria que haga falta hacia Ucrania. Desde armas
ligeras a pesadas, pasando por camiones de bomberos con materiales y
equipos de extinción de incendios o camiones cargados de alimentos,
ropa, medicamentos, productos de higiene y mantas. Algunos financiados
con impuestos de los holandeses, otros con donaciones ciudadanas. Los artículos militares enviados a Ucrania superan los 100 millones de euros
y el Ministerio de Defensa ya no tiene equipos que mandar, así que se
está planteando comprar más recursos militares para enviar a los
ucranianos, porque Kiev ya lo ha pedido.
Pero de momento no se prevén cambios de opinión sobre su adhesión al bloque europeo.
Los resultados del referéndum de 2016 se siguen viendo como vigentes y
ese plebiscito ya causó suficientes estragos a Mark Rutte como para
volver a pasar por lo mismo. Además, ese referéndum se celebró en medio
del luto y el dolor por el desastre humanitario del MH17, el avión que
se estrelló en Ucrania en el marco de la guerra en el Dombás.
Pero
Zelenski se pregunta ahora si es que Holanda cree que no hay sitio para
Ucrania en la UE. O si es que da la razón al ex primer ministro de Rusia
Dmitri Medvédev, que opinó en 2016 que los resultados del referéndum
eran “un indicio de las actitudes europeas hacia el sistema político ucraniano”.
¿Se percibe a Ucrania más cerca de Rusia que de la UE, o es que la UE
no está ahora para más miembros polémicos? Quizás Holanda lo aclare este
mes en Bruselas.