domingo, 28 de junio de 2026

Carta abierta a Monseñor Munilla / Cartas de los Lectores

 Muy estimado don José Ignacio, obispo de Orihuela-Alicante: Como en el Vaticano han ignorado olímpicamente mi argumentación sobre el carácter herético del magisterio de Francisco y de León XIV, supongo que sería una solemne pérdida de tiempo dirigir allí cualquier protesta; por eso se la dirijo a Su Excelencia Reverendisima, que siempre me ha atendido cordialmente, y, ya que no he tenido el elemental derecho a la defensa, me tomo el incontenible derecho a la pataleta. 

Hasta ahora consideraba, como públicamente he manifestado, herejes y también antipapas a Francisco y a León; pero bien sabe Su Excelencia Reverendisima que tal consideración la expresé ante el cuestionario enviado desde el  Dicasterio para Doctrina de la Fe, de manera expresamente condicional, haciendo constar la desconfianza hacia mi falible parecer; es más: llegué a suplicar incluso que se me hiciera la caridad de explicarme dónde podía estar mi equivocación. 

Entonces ¿por qué se me ha negado toda explicación, exigiéndome la fe ciega del carbonero y la rígida sumisión del militar, como si el catolicismo fuera ahora una comunidad de borregos, que no de ovejas, que han de seguir fanáticamente a un líder que subyuga con desaforada prepotencia por el hecho de vestir de blanco? 

Acuso pues sin condicionalidad ya ninguna, sino basado precisamente en la misma arbitraria absolutez con que he sido tratado, de injusto y déspota a León XIV, y también de calumniador, porque fundamenta todo el decreto punitivo contra mí en una presunta contumacia mía, que no sólo no ha sido dilucidada en ningún momento, lo que me ha privado de toda capacidad de defenderme, sino que resulta evidentemente contradicha por el indicado tenor de mis respuestas. 

 Si en lo de herejes y antipapas cabría la remota posibilidad de que yo, que obviamente no tengo ninguna autoridad magisterial, estuviera equivocado, en lo de calumniador no, porque se trata de la mera contrastación objetiva de hechos fehacientes y no interpretables. 

Sólo veo dos posibilidades lógicas: que León sea un irresponsable y negligente, no habiéndose informado mínimamente, antes de emitir un decreto supremo y definitivo, para cerrar precipitadamente mi caso, o que sea un descarado mentiroso, ocultando la condicionalidad de mis respuestas, para atribuirme una falsa contumacia. 

Queda así patente la nueva justicia sinodal como sinónimo de la antaño justicia revolucionaria, donde se sentenciaba y ejecutaba sumaria y expeditivamente, y como resultado de la buenista fe sinodal, que no sólo es una reminiscencia del más furibundo modernismo, sino que encima se impone, contradiciendo el pretendido carácter de tolerancia, misericorditis e inclusividad con que se presenta revestida, por cuanto nada de eso se me ha aplicado a mí: excluido y sancionado del modo más contundente y atropellado. 

Por último, tenga por cierto Su Excelencia Reverendisima que sigo esperando con la gracia de Dios morir como hijo fiel de la iglesia, pero de la verdadera: la que, a su vez, sigue fiel hasta el final a la integridad de la doctrina católica dogmática, pues, fuera de la verdad, sólo caben el error y todo su cortejo de males, incluido el de la condenación. 

 

 Francisco José Vegara Cerezo, sacerdote cancelado

Orihuela 

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