ALICANTE.- En noviembre de 1968, cuando las repercusiones del Mayo
francés ya se habían notado en las principales universidades españolas,
Madrid y Barcelona, y tres años después de las revueltas estudiantiles
que se habían iniciado una década antes por una juventud aglutinadora
del descontento contra la dictadura, el franquismo inauguró el primer
curso académico del Centro de Estudios Universitarios (CEU) de Alicante, recuerda www.eldiario.es/cv/alicante.
50
años después, la Universidad de Alicante (UA), heredera de su
estructura desde 1979, conmemora la efeméride con un ciclo de
conferencias que traerá este lunes 7 de octubre a Javier Padilla, joven
autor del galardonado libro ‘A finales de enero’, un retrato de las movilizaciones universitarias contra el régimen en general y de la lucha de tres jóvenes en particular.
En concreto, las protagonizadas por Enrique Ruano, joven
estudiante de Derecho muerto en 1969 en Madrid durante un interrogatorio
policial, y Dolores González y Francisco Javier Sauquillo, abogados
laboralistas y ambos víctimas de la matanza de Atocha de enero de 1977,
en la que ella resultó gravemente herida y él murió a causa de los
disparos recibidos, tratando de protegerla con su cuerpo.
Para
el siguiente lunes se espera la participación del expolítico, abogado y
militante antifranquista Nicolás Sartorius que impartirá una
conferencia con el título ‘La dictadura pierde el futuro: el hervidero
universitario’, acompañado del exconseller de Transparencia y profesor
titular de la UA, Manuel Alcaraz.
"El ministro Villar
Palasí inauguró en el 68 el primer colegio universitario de España en
Alicante para descentralizar las universidades españolas que estaban
masificadas, lo cual traía bastantes revueltas estudiantiles", explica
el historiador Elías Alonso, coordinador de la actividad.
El
ministro valenciano se decantó por los terrenos del aeródromo de
Rabasa, en la pequeña localidad vecina de Sant Vicent del Raspeig,
donde Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito, había tomado
tierra varias veces en 1926.
"Montando la universidad fuera de Alicante
obligaban a los alumnos a trasladarse allí, como después también
hicieron con la Autónoma de Madrid y Barcelona", señala, levantadas
-bajo el mismo Decreto-ley de Palasí- fuera de las ciudades para reducir
las protestas de los estudiantes.
Cuenta este miembro
del Archivo de la Democracia de la UA y profesor jubilado que Alicante
se convirtió en un banco de pruebas del franquismo por tratarse de una
provincia dinámica, la cuarta en población entonces, cuya instalación
del CEU "permitió a miles de familias con escasos recursos formarse para
mejorar la situación de penuria económica que arrastraban sus padres".
Aunque
también añade, como se explica en el documental ’50 años del CEU:
historia y memoria’ realizado por la UA, "siempre se ha rumoreado que el
ministro Villar eligió Alicante porque veraneaba en la playa de San
Juan y conocía la zona".
Represión en Alicante
El intento del franquismo
de aplacar cualquier revuelta estudiantil en el colegio universitario
alicantino surtió efecto en los primeros años. "El CEU de Alicante era
mucho más tranquilo de lo que yo viví en Madrid, aquí no entraban
grises", rememora en el documental la profesora Carmen Herrero.
"El
ambiente del CEU de aquellos tiempos no tenía demasiado que ver con las
cargas de la policía", cuenta el por entonces alumno Evaristo Colomina
quien añade que "con un poco de ingenuidad yo decía donde diablos están
los policías y los grises a caballo".
Sin embargo,
todo cambió en 1973 cuando se produjeron una serie de detenciones
después de conformar un comité de alumnos. En concreto, señala Maite
Catalá, habían creado los comités de curso "con la intención de vincular
a todas las facultades en orden a conseguir una libertad de expresión
política".
"Empezamos a reunirnos y un buen día llega
la policía al campus y se llevaron a la gente", rememora la exdiputada
de Podemos en les Corts Llum Quiñonero. "A mí, nuestro conserje Luis,
que era un exguardia civil, me dijo que me fuera de allí y me fui a
casa" -recoge el documental- y comiendo con mi familia les estaba
contando lo que había pasado en la universidad cuando tocaron el timbre y
entró la policía. Registraron todo y se llevaron como prueba la
declaración de los Derechos Humanos de la UNESCO que tenía".
Por su
parte, Colomina sufrió una agresión en uno de los interrogatorios
propinada por "un señor muy mayor que me soltó un par de puñetazos en el
estómago".
Al final los cuatro detenidos fueron
procesados por asociación ilícita por el Tribunal del Orden Público,
cuyo fiscal, recuerda Catalá, "era mi profesor de Derecho Natural".
Otra
de las alumnas, Margarita Gallar, explica que la sentencia "tuvo un
impacto tremendo" en sus vidas.
"Se nos prohibía seguir cursando
estudios universitarios de por vida en cualquier universidad de España y
me quitaron el pasaporte y solo lo pude recuperarlo tiempo después".
Por
último, a Quiñero le citó el director del CEU, Mariano Aguilar, "para
decirle a mi padre que yo era comunista y que había que tomar medidas
porque no podía aceptar estos comportamientos en el CEU y quedé
expulsada".

No hay comentarios:
Publicar un comentario