jueves, 23 de abril de 2020

La Santa Faz bendice Alicante en una ceremonia a puerta cerrada


ALICANTE.- El obispo de la Diócesis Orihuela-Alicante, Jesús Murgui, ha oficiado este jueves la ceremonia de bendición de Alicante en una misa celebrada a puerta cerrada en el Monasterio de Santa Faz, presidida por la imagen de la reliquia, en el día en el que debería haberse celebrado la tradicional romería desde la Concatedral de San Nicolás hasta el caserío.

La ceremonia se ha desarrollado desde las 9:30 horas y se ha retransmitido a través de las televisiones de ámbito local, sin presencia de público, en cumplimiento de las medidas preventivas frente a la propagación del coronavirus. En el acto han participado una delegación institucional compuesta por solo 13 personas. Al término de la ceremonia, a las 12:00 horas del mediodía, se ha producido el volteo general de campanas desde toda la ciudad, mientras miles de alicantinos han salido a sus balcones para conmemorar el momento.
El concejal síndico del Ayuntamiento de Alicante, Manuel Villar, ha afirmado al término de la misa que "la bendición de la Santa Faz a la ciudad de Alicante desde la plaza del monasterio ha reconfortado a quienes esperaban que este acto se pudiera celebrar desde el macho del castillo de Santa Bárbara. No ha podido ser desde el castillo y lo lamentamos, pero hemos podido entrar a través de los medios de comunicación en las casas de los alicantinos para reconfortarlos en estos momentos tan difíciles".
Villar ha sido el encargado de portar las dos llaves, que posee el Ayuntamiento, y que junto con las otras dos, custodiadas por las Monjitas de la Sangre, han permitido abrir la hornacina donde se guarda la Santa Faz, siguiendo el protocolo establecido. En ese acto, posterior a la Eucaristía, han estado presentes también el secretario del Ayuntamiento de Alicante, Gonzalo Canet, el canónigo custodio, el rector, y el Caballero Custodio. Antes de abandonar el Monasterio, el concejal síndico ha entregado un donativo en nombre del Ayuntamiento, como ya viene siendo costumbre, a las monjas de clausura.
El obispo de Orihuela-Alicante, Jesús Murgui, ha presidido la eucaristía, que ha sido cantada por las Monjitas de la Sangre, y retransmitida por televisión. En la homilía, ha resumido la tradición hacia la Santa Faz y al glosar tres de los elementos que "relatan una historia de amor a la Santa Faz, la sequía, la lágrima y la Verónica". 
Así, ha tenido palabras de elogio hacia el personal sanitario en conjunto "por su esforzada y sacrificada tarea en estos meses de pandemia" y ha expresado su "profundo dolor" por aquellas personas que "han muerto en soledad y sin ninguna oración que les reconfortara". Por último, ha finalizado señalando que "son éstos, tiempos recios para creyentes. Que tenemos que superar con sabiduría y compromiso, recuperando la fe en Dios y teniendo más amor y bondad que nunca. La Santa Faz será la transmisora de todos esos valores".
Después de las bendiciones hacia los cuatro puntos cardinales de la ciudad y comarca, desde la puerta del templo en la Plaza de Luis Foglietti, la Reliquia de la Santa Faz ha vuelto a entrar en el templo. 
La ha hecho en silencio como homenaje póstumo a las personas fallecidas a consecuencia del coronavirus. Poco antes del mediodía, cuando han volteado las campanas del monasterio, la Santa Faz ha regresado a su hornacina siguiendo el mismo protocolo que para su extracción.
  
La pandemia se suma a las súplicas a la Santa Faz

La lucha contra el coronavirus (Covid-19) se ha sumado hoy a las súplicas que desde el siglo XV los alicantinos han trasladado a la venerada reliquia de la Santa Faz, especialmente durante desastres como sequías, plagas o epidemias. Como cada segundo jueves después del Domingo de Resurrección, Alicante ha celebrado el día de la Santa Faz, según la tradición Cristiana uno de los pliegues con que la Verónica secó el rostro de Jesús en su camino al monte Calvario y cuya reliquia se venera desde hace 531 años (1489) en el monasterio del mismo nombre, a 8 kilómetros del centro de la ciudad.
Ha sido de puertas hacia dentro por la suspensión de todos los actos que normalmente son multitudinarios, y ha sido a causa de un nuevo “desastre universal” como es la pandemia del coronavirus, en palabras del obispo, Jesús Murgui, quien ha lanzado el mensaje de que, “entre todos”, “vamos a salir de ésta”.
Suspendida esta romería que es la segunda más concurrida de España tras el Rocío porque habitualmente la recorren a pie más de 200.000 alicantinos, los actos se han limitado a una misa a puerta cerrada y a una bendición pública en la plaza aledaña, sin fieles aunque transmitida por televisión.
En la bendición, el párroco de Santa Faz, José Luis Casanova, ha subrayado que la reliquia ha sido objeto de súplica durante “sequías, plagas y epidemias” y ha explicado que hoy se pide “una vez más la bendición” para “poner fin y el cese de una situación dolorosa” por el altísimo número de víctimas.
El sacerdote también ha rogado con intensidad a la Santa Faz para que “ilumine para afrontar juntos los efectos económicos y sociales” de la pandemia cuando llegue el día después. A la bendición a las puertas del viejo caserón que ahora ocupan las Agustinas solo se ha ‘colado’ una fiel, Dolores de 77 años y que fue 37 años conserje del monasterio.
Ha explicado a los periodistas que se ha presentado porque creía que don José Luis (el cura) la había citado, y sin darse cuenta ha sorteado un fuerte dispositivo policial desde su casa, en la cercana calle Verónica. Ha sido una ceremonia de 15 minutos en la que el obispo ha recordado a aquellos que han perdido la vida por el virus, a sus allegados y también “a los que ayudan a los enfermos, a los ancianos y en cualquier servicio, y a los que hacen labores para la sociedad”.
Antes se ha celebrado una misa con solo doce personas además del obispo, del párroco y de las Agustinas, que han cantado: el deán del cabildo (Ramón Egío), los curas de Sant Joan d’Alacant y Mutxamel, el canónigo custodio, el síndico (el concejal Manuel Villar), el caballero custodio (Salvador Laci) y el secretario del ayuntamiento (Gonzalo Canet), además de dos operarios de TV, un fotógrafo y dos miembros del gabinete de prensa y protocolo municipal.
En una jornada atípica por la ausencia de fieles y con la anécdota de que ha saltado brevemente la alarma a la salida de la reliquia del camarín, el fuerte dispositivo de seguridad de las policías Nacional y local ha disuadido a los alicantinos de acercarse al monasterio.
El obispo ha agradecido a las autoridades civiles que a última hora hayan permitido la restringida bendición desde la plaza y ha deseado que, por segunda vez en la historia (solo se suspendió entre 1937 y 1941), “aunque la reliquia no ha entrado a la ciudad, sí en las casas”, a través de los medios de comunicación.

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